<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506</id><updated>2011-11-02T21:50:31.797+01:00</updated><category term='De santos sangre y almidon'/><category term='En las nubes'/><category term='silencios'/><category term='Relatos'/><category term='Poesía'/><category term='Al oeste de todo'/><category term='Intermedios'/><category term='No time for philosophy'/><category term='Relatos largos'/><title type='text'>¿Es a mí?</title><subtitle type='html'>Siempre hay algo que contar.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>67</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-2837497323513708246</id><published>2010-12-06T00:01:00.002+01:00</published><updated>2010-12-06T00:38:29.436+01:00</updated><title type='text'>...</title><content type='html'>Tenía la intención de terminar esta historia hace mucho tiempo. Hace uno, dos años. Ya ni lo recuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que empezó como un divertidísimo ejercicio de memoria y un viaje nostálgico a un pasado algo inefable, acabó convirtiéndose en un ejercicio de procrastinación continua. Lo que me hace sentir mal, por otra parte, porque realmente había unos cuantos buenos momentos en esta delirante historia casi épica y Odiseica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pesa mucho admitir que en mi vida he dejado a medias muchísimas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sin embargo lo único que no se puede dejar a medias es la propia vida, se quiera o no. Hay que aprender a retirarse de la fiesta cuando no quedan energías para seguir bebiendo ni más tonterías que decir al primero que se ponga por delante. A mí, por muchos motivos, se me acabó el fuelle y voy a necesitar un nuevo proyecto con el que pueda comprometerme de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sea esta mi disculpa para todos. La historia terminará, antes o después. Pero no se cuándo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un par de semanas clausuraré este blog y también el &lt;a href="http://yonotengoperdon.blogspot.com/"&gt;otro&lt;/a&gt;. A los que me habéis acompañado en estos numerosos viajes, muchas gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-2837497323513708246?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/2837497323513708246/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=2837497323513708246&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/2837497323513708246'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/2837497323513708246'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2010/12/blog-post.html' title='...'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-6265241087538517634</id><published>2009-04-25T18:14:00.015+02:00</published><updated>2009-04-25T21:26:51.536+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En las nubes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>En las Nubes XII</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/SfM4xd2yjpI/AAAAAAAAAUA/96sjRCd-Uo4/s1600-h/DiscoBall.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 213px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/SfM4xd2yjpI/AAAAAAAAAUA/96sjRCd-Uo4/s320/DiscoBall.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5328665206588608146" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;12. La Jungla de hormigón&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El mini amarillo avanzó alegremente por la ciudad iluminada con los colores de la noche. A esas alturas, ya no me asustaba nada; ni siquiera la conducción temeraria del gigante heleno. Al fin y al cabo, era policía. ¿No? No podíamos estar en mejores manos Yiannis y yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche tampoco iba a morir, pensé, mientras recorríamos temerosamente calles y calles atestadas de coches en igual estado de ansiedad festiva, atajando por callejones oscuros de dirección única y subiendo la cuneta al girar las esquinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aún había cosas a las que no me había enfrentado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin deceleramos. Estábamos al noroeste de Atenas, en una zona semi industrial. El mini refiló la última acera para girar hacia un enorme aparcamiento que escondía en las sombras una algarabía de luces de neón parpadeantes. Con un chirrido, llegamos a nuestro destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras unas vallas de rejilla metálica se encontraba la mayor discoteca que había visto en mi vida. Olvídense de Ibiza o de Costa Polvoranca, o de los centros lúdicos más inmensos de Amsterdam. Esta era la madre de todas las discotecas: una gigantesca nave industrial que se extendía en un área de varios miles de metros cuadrados palpitantes al ritmo de una selección de house ferozmente cruel con los tímpanos incluso antes de entrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El calor de la noche de verano griega intensificaba los sentidos. Emparedada entre Stavros y Yiannis, me dejé empujar por la cola de gente hasta la entrada, donde un par de gorilas nos indicaron hacia dentro con cara de póker.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez dentro, lo único que pude ver era el flash rítmico de los cuerpos bajo los fogonazos de la luz parpadeante, la mayoría desnudos de cintura para arriba, y la inmensa mayoría masculinos. Debía haber al menos dos mil personas, en una pista de baile inmensa bordeada por larguísimas barras de bebida cubiertas de gente. Nos detuvimos un momento a la entrada de la bacanal; me agarré los bordes de la camiseta de tirantes como si fuera un paracaídas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Stavros le gritó algo al oído a Yiannis, que se volvió hacia mí y me gritó al oído:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si te pierdes, nos vemos donde el coche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento la cabeza de Stavros se alzó por encima de los dos metros como saludando a alguien. Un tipo pálido de pelo castaño y rizado y aspecto algo desaliñado se acercó a nosotros con una media sonrisa. Se saludaron rápidamente y Stavros le gritó algo apuntándome a mí, lo que consideré que sería una presentación. El tipo nuevo me miró y me extendió la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hello, I am name Genesis!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tuve tiempo ni de contestar. Stravros se deshizo de su camiseta blanca para anudársela a la cintura. Con un hercúleo brazo me agarró a mí y con el otro a Yiannis, y nos introdujo en la pista de baile.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El suelo vibraba. Las paredes vibraban. Diríase que hasta el techo vibraba. Era evidentemente una discoteca de ambiente, y no muy bien ambientada a todo esto, pues el aire acondicionado brillaba por su ausencia. En unos pocos minutos, Yiannis también se había despojado de su camiseta y estaba restregándose como una anguila contra el inmenso pectoral de Stavros. Estaba claro que no iban a bailar conmigo, al menos de momento. Y bueno, yo tampoco podía realizar una gran variedad de movimientos ya que la densidad de la sudorosa población a mi alrededor lo hacía bastante difícil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Me voy a la barra a pedir algo! – grité a mis compañeros. Yiannis dejó de lamerle el pezón izquierdo a Stavros para asentir con la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Necesitaba cualquier cosa líquida. Simplemente el esfuerzo de llegar hasta la barra me dejó al borde de la deshidratación. Aprovechando mis reducidas proporciones en comparación con los musculados patronos que tapaban el acceso, me introduje como pude entre los huecos hasta poder captar la atención de un camarero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si alguna vez viajan a Grecia en verano, apréndanse esta frase:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ένα ποτήρι νερού, παρακαλώ (ena potiri neró, paracaló) – Un vaso de agua, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero luego prueben a decirlo en un en un lugar poblado de gente en variantes estados de desenfreno, a 45 grados centígrados y con un nivel sonoro por encima de cualquier aeropuerto internacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camarero, cada vez más impaciente, se limitaba a encogerse de hombros y negar con la cabeza. Probé en inglés, con la misma suerte. Cuando ya iba a empezar a darme por vencida y contemplar la muerte, alguien se puso a mi lado y le gritó al camarero:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ένα ποτήρι νερού, παρακαλώ!!!!!!!!!!!!!!!!!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;… que inmediatamente se dio la vuelta para reaparecer con un vaso de agua y un gesto de aburrimiento en la mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin preocuparme por mirar a mi salvador, me bebí de un trago el preciado líquido, y entonces pude empezar a ver menos borroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el tipo pálido de pelo rizado. Me sonreía. Mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Thank you! – le grité&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ok! Ok! – me gritó. Y le pegó un lingotazo a lo que parecía un vaso de whiskey o similar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento, se acabó mi poder de inventiva para hacer conversación. El tipo me seguía mirando como esperando a que dijera algo más. No se me ocurría nada, así que le sonreí, me di media vuelta y avancé a duras penas hasta la puerta de salida. Necesitaba aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los gorilas me miraron con cara de aburrimiento. Estaba claro que yo no era objeto de interés en un lugar como ese. Aún así, me alegraba por Yiannis y por el buen rato que, suponía, debía estar pasando con Robocop. De hecho, yo misma podría haberlo pasado bastante bien de no ser porque necesitaría apoyo químico o etílico, y tenía demasiado recientes mis últimas aventuras en el Lado Oscuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me apoyé contra una columna de hormigón mientras intentaba respirar un poco de aire caliente. En un rato iría hacia el coche y les esperaría ahí pacientemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos pasos detrás de mí me hicieron darme la vuelta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí estaba, sonriente, el tipo pálido. Con una mano me saludaba mientras parecía esconder algo con la otra por detrás de la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me very man – dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- What?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me very, very man! – y para ilustrarlo, se golpeó el pecho con los puños haciendo una onomatopéyica imitación de Tarzán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oh.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me policeman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le sonreí. ¿Qué otra cosa hacer? Estaba atrapada, destinada a esperar quién sabe cuántas horas para poder volver a casa, con un ¿policía? loco llamado Genesis que, por suerte para él, era muy hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- I love you – volvió a decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le miré sin encontrar una respuesta apropiada. Y entonces se sacó de dentro de la camiseta una botella de vodka y una bolsa de cocaína.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-6265241087538517634?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/6265241087538517634/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=6265241087538517634&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/6265241087538517634'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/6265241087538517634'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2009/04/en-las-nubes-xii.html' title='En las Nubes XII'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/SfM4xd2yjpI/AAAAAAAAAUA/96sjRCd-Uo4/s72-c/DiscoBall.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-8327515447083021625</id><published>2008-04-02T11:05:00.006+02:00</published><updated>2008-04-02T11:33:03.181+02:00</updated><title type='text'>Arte y pico</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/R_NMtVSXaZI/AAAAAAAAAK0/cgo2HvXS5kI/s1600-h/premioartepico-blog.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5184571937725573522" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/R_NMtVSXaZI/AAAAAAAAAK0/cgo2HvXS5kI/s320/premioartepico-blog.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Si hay dos cosas que no soporto en esta vida son: a) el autobombo; y b) los memes. Lo primero por eso que dicen de "dime de qué presumes y te diré de qué careces" - o algo así. Lo segundo porque los memes son un martirio auténtico, la nueva plaga de la blogosfera. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Son como la versión moderna de los amiguetes que venían de vacaciones y te traían como regalo una torre Eiffel de palillos para poner encima de la tele. O aquellos regalos de boda de familiares con los que había que quedar más o menos bien (jarrones iridescentes, por ejemplo, que yo los he visto).&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero bueno, en este caso el premio viene de mi amigo &lt;a href="http://hugoizarra.blogspot.com/2008/03/arte-y-pico.html"&gt;Hugo Izarra&lt;/a&gt;, un gran narrador/poeta cuyo criterio siempre ha sido una gran referencia para mí. Por eso se lo agradezco infinito. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;No voy a poner una lista de diez más, sin embargo. Y no es porque no conozca diez blogs que merezcan esta magna condecoración, que los hay y muchos más. Lo voy a dejar en uno, porque así la cadena no es tan larga ni se expande hasta el infinito. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Así, imparcialmente, y a ciegas entre los candidatos de los blogs que frecuento.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Sin pensarlo ni un momento:&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://probar.blogspot.com/"&gt;Escriba su propia novela de Dan Brown&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;¡Felicidades!&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-8327515447083021625?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/8327515447083021625/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=8327515447083021625&amp;isPopup=true' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/8327515447083021625'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/8327515447083021625'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2008/04/arte-y-pico.html' title='Arte y pico'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/R_NMtVSXaZI/AAAAAAAAAK0/cgo2HvXS5kI/s72-c/premioartepico-blog.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-8914642837098760786</id><published>2008-03-16T16:48:00.008+01:00</published><updated>2008-03-16T17:45:25.725+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En las nubes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>En las Nubes XI</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/R91BzaSYeCI/AAAAAAAAAKs/rOfDLb4FRdA/s1600-h/image006.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/R91BzaSYeCI/AAAAAAAAAKs/rOfDLb4FRdA/s320/image006.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5178367498031495202" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;11.  La Llegada del Héroe&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me vestí rápidamente y, aturdida por la situación, me senté sobre una roca a pensar. Si algo había aprendido durante ese viaje, era que la actividad de “pensar”, a la larga, siempre trae beneficios. Miré hacia la puesta de sol y recapitulé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encontraba en la boca de una cala rocosa y semidesierta a las afueras de Atenas, sin dinero ni ningún tipo de identificación, a unos 30 kilómetros de la casa de Yiannis. La realidad se me desplomó encima. Sabía que sólo tenía una posibilidad: encontrar la forma de regresar, como fuera. Pero, mientras me organizaba mentalmente para ello, no pude evitar que una oleada de angustia chocara contra mi pecho hasta desembocar en forma de llanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llorar amargamente frente a una puesta de sol en el Egeo es algo que, quieras que no, se hace con naturalidad. El entorno propiciaba saltos imaginativos involuntarios, y a ello me entregué momentáneamente mientras me lamentaba de mi suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me imaginé cual Psique, esperando a su amante escamoso y reptil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una voz grave me hizo abrir los ojos y alzar la vista: frente a mí, bordeado por la cálida luz anaranjada del sol moribundo, adornado con ricas pedrerías y joyas, un largo y grueso anfibio rosado me observaba con su único ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Difícil es expresar mi incapacidad para pronunciar palabra en ese momento. Le miré enmudecida, aterrorizada, hipnotizada. Afortunadamente la voz volvió, esta vez más grave y cercana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- τι κάνει λάθος?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecía venir del cielo. Lentamente subí los ojos, que fueron bordeando una ancha silueta humana y erguida, con los brazos en jarra y las piernas separadas. Desde muy muy arriba alguien más me estaba mirando. La contraposición del sol no me permitía ver sus facciones, exceptuando una barbita de chivo que se balanceaba al ritmo de sus palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- χρειάζεστε τίποτα?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me llevó unos minutos comprender que me encontraba ante un nudista más, decorado con múltiples tatuajes tribales y luciendo una alegre ristra de argollas y piedras azules en el glande. Otro tanto le colgaba de los lóbulos de las orejas, y también lucía sendos piercings en las cejas.  Tendría unos cuarenta años y debía pesar aproximadamente ciento veinte kilos, que gracias a su altura estaban bien repartidos. Pero era humano. Me sequé las lágrimas e, hipando, me puse en pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Do you speak English?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre me miró un poco confundido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yes – cabeceó – a little.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa fue la parte más fluida de nuestra conversación. A partir de ahí nos comunicamos por señas, palabras sueltas y frases rotas. A pesar de su aspecto atemorizante, parecía entender mi problema y situación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Stavros, mi nuevo amigo, se puso unos pantalones cortos que sacó de una mochila, me agarró la mano como quien coge la bolsa de la compra y tiró hacia arriba. Llegamos a la carretera y diez minutos después, me introducía llena de polvo en su mini amarillo y desvencijado. Parecía absurdo un coche tan pequeño para un tipo tan grande, pero Stavros lo conducía con facilidad, cada movimiento economizado y coreografiado. Entre breves frases que apenas entendíamos, hicimos el camino entero por la carretera pedregosa de Limanaka, hasta Erastothenous. Me dejó en la mismísima puerta de la casa de Yiannis, y yo – sorprendida – quise agradecérselo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A este punto ya había llegado a una conclusión, que algunos supondrán vanidosa, pero que – creedme – en ese contexto, era lógica:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo no se había intentado aprovechar de mi lamentable situación, y por tanto, era gay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por una vez en mi vida, estaba en lo cierto. Le invité cándidamente a subir a casa de Yiannis, para al menos darle las gracias con una cerveza fría, y se quedó. Se quedó a tomar la cerveza, a cenar, y a dormir. Con Yiannis, por supuesto. Los gritos y jadeos que traspasaron la pared toda la noche dificultaron un poco mi sueño, pero al menos estaba en casa – sana y salva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la mañana, Yiannis apareció en mi habitación sonrosado y feliz, con una copiosa bandeja de desayuno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Stavros vuelve luego, ha ido a su despacho a mirar unos papeles.&lt;br /&gt;- ¿Su despacho?&lt;br /&gt;- Sí, es policía. Al parecer, uno de los que te robaron ayer es ya algo conocido en comisaría. Va a buscar sus datos y hacerle una “visita”.&lt;br /&gt;- ¿Qué me dices?&lt;br /&gt;- Oh, ¿no es maravilloso? Es como un guerrero troyano, tan grande y tan atento él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho y hecho: cuatro horas más tarde, nuestro Héroe apareció con mi bolso. A falta del dinero estaba todo lo demás, incluida la cámara de fotos y mis documentos. Yo no sabía qué decir, ni tampoco qué sangre se podía haber derramado en ese intercambio. Pero, esto último, he de admitir, me daba totalmente igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yiannis me enseñó a dar las gracias en griego:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Efharisto polí!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecía el final feliz de una película: yo tenía mis cosas, Yiannis estaba enamorado... y los “malos” habían recibido su merecido. Por eso, cuando Stavros, durante la cena, pegó un gran trago de Ouzos, eructó y gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Θέλω να πάω τρελλός απόψε!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo también alcé mi copa y brindé, repitiendo como un loro sus palabras. Yiannis me miró de reojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué he dicho?&lt;br /&gt;- Que quieres una noche loca.&lt;br /&gt;- ¿Eso qué quiere decir?&lt;br /&gt;- Tendrás que verlo por ti misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las 11 de la noche, Stavros se pasó a recogernos en su mini amarillo. Yiannis iba vestido para matar, y yo – qué queréis que os diga – yo también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-8914642837098760786?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/8914642837098760786/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=8914642837098760786&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/8914642837098760786'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/8914642837098760786'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2008/03/en-las-nubes-xi.html' title='En las Nubes XI'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/R91BzaSYeCI/AAAAAAAAAKs/rOfDLb4FRdA/s72-c/image006.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-9107437331201343487</id><published>2008-03-05T15:01:00.010+01:00</published><updated>2008-03-05T16:45:50.903+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='silencios'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Intermedios'/><title type='text'>La voz callada</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/R86vcHsP-PI/AAAAAAAAAKc/58xzMy00H-E/s1600-h/silent.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5174265919531120882" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/R86vcHsP-PI/AAAAAAAAAKc/58xzMy00H-E/s320/silent.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;A veces, la voz interior se calla.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;calla&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;del&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;todo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como un niño castigado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;contra la pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como un juguete olvidado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en la oscuridad del cráneo entre la niebla,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se queda ahí rezagada,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;silenciosa,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;oculta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;se calla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pregunto: "¿de qué sirve,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a dónde lleva&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;decir nada?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De qué valen las excusas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Denme un precio,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Yo lo pago!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Tanto silencio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;hace demasiado ruido,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y eco&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;eco&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;eco&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;eco&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mucho eco en el vacío. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&lt;vd&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-9107437331201343487?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/9107437331201343487/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=9107437331201343487&amp;isPopup=true' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/9107437331201343487'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/9107437331201343487'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2008/03/la-voz-callada.html' title='La voz callada'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/R86vcHsP-PI/AAAAAAAAAKc/58xzMy00H-E/s72-c/silent.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-7758198826660579794</id><published>2007-12-19T16:33:00.000+01:00</published><updated>2007-12-19T16:40:44.215+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Intermedios'/><title type='text'>Felices fiestas</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/R2k6El_Z3FI/AAAAAAAAAJU/7LYKUJpTic8/s1600-h/santa_RIP.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5145707899839437906" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/R2k6El_Z3FI/AAAAAAAAAJU/7LYKUJpTic8/s320/santa_RIP.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El lapsus ha sido muy largo... pero la vida vuelve a su curso normal. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;La primera semana de enero continuarán las aventuras griegas... y todo lo demás.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Besos y felices fiestas&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Alicia&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-7758198826660579794?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/7758198826660579794/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=7758198826660579794&amp;isPopup=true' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/7758198826660579794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/7758198826660579794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2007/12/felices-fiestas.html' title='Felices fiestas'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/R2k6El_Z3FI/AAAAAAAAAJU/7LYKUJpTic8/s72-c/santa_RIP.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-424050707399470106</id><published>2007-09-19T22:50:00.000+02:00</published><updated>2007-09-20T00:07:33.391+02:00</updated><title type='text'>Pausa</title><content type='html'>No es que no quiera; no es que no sepa cómo... es una pausa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, este blog cumplió dos años y 18 días. Creo que abrir esta ventana me ha servido de mucho más de lo que esperaba. La ventana se abrió hacia dentro a la vez que hacia fuera, y en la mayoría de los escritos que aquí he ido dejando caer está la esencia de muchas cosas que han ocurrido. Puedo decir que estoy ahora en un lugar mejor que donde estaba ese 1 de septiembre del 2005, y precisamente por eso tengo más ganas que nunca de seguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si embargo, las circunstancias a veces limitan. Mi primera reacción es dejarlo estar hasta "encontrar tiempo" y no decir nada, pero en estos dos años han ido y venido gente con quien, de una forma u otra, siento que he adquirido un compromiso. Sobre todo con los que se han quedado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos días tengo a mi madre ingresada. Se recuperará, pero no es fácil sobrellevar la tensión. Paso muy poco tiempo aquí delante y menos aún con capacidad para hilvanar la historia. Lo "bueno" de esto es que sí tengo tiempo para pensar en las siguientes, y para darle formato a mis planes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí sigo, y os mando un saludo a todos. Hasta muy pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-424050707399470106?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/424050707399470106/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=424050707399470106&amp;isPopup=true' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/424050707399470106'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/424050707399470106'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2007/09/pausa.html' title='Pausa'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-9083485003267732618</id><published>2007-07-28T01:20:00.000+02:00</published><updated>2007-07-29T01:35:04.146+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En las nubes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>En las nubes - X</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/Rqp_wd8TlOI/AAAAAAAAAEk/Ut8z9PWWZR8/s1600-h/parthenon_me.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092022799343785186" style="FLOAT: left; MARGIN: 0pt 10px 10px 0pt; CURSOR: pointer" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/Rqp_wd8TlOI/AAAAAAAAAEk/Ut8z9PWWZR8/s320/parthenon_me.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold"&gt; 10. Un paseo por el Olimpo y un descenso al Hades.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Estaba claro que había llegado a un lugar donde las reglas eran diferentes. Era curioso: pensé que todo lo que me había ocurrido había sido a causa de las drogas. Pero en realidad no era más que el mundo que se abría en todas sus facetas y yo, que nunca lo había visto tan de cerca, había saltado dentro de su espiral. Nada había cambiado, con la excepción de que mi cuerpo, tras haber vencido la enfermedad, me había devuelto una visión un poco menos manipulada de la realidad pero sí más lúcida. La realidad era muy diferente a como yo la había imaginado antes de aquel viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté de madrugada con el sonido de las campanas de la iglesia, salí al balcón y oteé las nubes danzantes de golondrinas en el cielo griego. Achinando los ojos, intenté adivinar – como Eurípides – dónde me llevarían ese día. Se lo pregunté a Yiannis. &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;- Deja de filosofar con tu vida y sé una turista de una vez por todas.&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Le miré en silencio, metí mi cuadernillo en el bolso, escondí la cámara y salí con él a la calle. Nos despedimos en la plaza de Evangelismos, en la parada del autobús. Él se fue a su trabajo y yo a la Acrópolis.&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;En las primeras luces del día, caminando calle arriba, la ciudad se desperezaba a toda rapidez a mi paso. Al llegar a Syntagma, una ordenada tropa de soldados con vistosas mallas y camisas blancas repicaron sus botas en el cambio de guardia, cimbreando las orlas rojas en la breve brisa que moriría con el sol de verano. Las terrazas ya estaban pobladas de jóvenes sorbiendo frappés fríos y jugueteando con pulseras de cuentas de metal. Y en la Plaka, los comerciantes desempolvaban las mesas para alinear sus puestos de ropa y abalorios bajo los toldos multicolor. Me senté a desayunar a la puerta de un café, y esperé, escribiendo, a que pasara el rato hasta la hora de apertura.&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;A las diez de la mañana subí las escalinatas esquivando turistas como una ardilla. Lo primero que vi fue el Partenón, inmenso, abierto, roto, desgastado y cansado, pero igualmente inmenso. Sí, soy impresionable y entonces lo era aún más. ¡Había llegado al Olimpo! Y me lo tenía ganado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de las masas que ya poblaban la zona a primera hora, pude disfrutar del entorno e imaginarme ahí entonces, en el principio de los tiempos. Es en lugares así que realmente se cobra conciencia de la historia e incluso del papel de cada uno de nosotros en ella. &lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Pero era también irónico que precisamente lo que ahí faltaba – los relieves de la fachada, las hermosas Cariátides del Ectereión y tantas otras reliquias -&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;era falso. Las imitaciones eran casi perfectas, pero falsas. Los originales están alegremente custodiados por los londinenses – aquellos que no me abrieron las puertas al principio de mi viaje. Pasando mis dedos por las piedras de los templos violentados, me sentí como Byron dispuesto a morir en tierras helenas. ¿O era el sol? Una vez más, se me nubló la vista. Miré a mi alrededor: llevaba cuatro horas paseando de un lugar a otro de la Acrópolis, soportando empujones de rollizos americanos o de japoneses despistados, y mirando hacia las cúspides de las columnas aturdida. La ropa se me pegaba al cuerpo y el polvo me llenaba los ojos. Salí corriendo sin siquiera decir adiós a los dioses, y tracé con el dedo en el mapa una línea vertical hacia arriba, hacia el norte, donde aparecía el azul del mar.&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Nunca se me dieron mal los mapas ni las guías, a pesar de mi condición femenina. Había líneas de autobuses que salían de Syntagma, y en media hora me planté en la parada. El truco de meter la cabeza entre el torrente de gente entrando en el autobús nada más abrir las puertas y gritar al conductor: “Beach?!” parecía funcionar: todos decían que no, pero que el siguiente autobús sin duda me llevaría. Una hora después, cuando casi había perdido toda esperanza, un conductor me miró directamente a los ojos y replicó:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;- Yes. Beach. Limanaka. Very nice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Very nice&lt;/span&gt; me venía muy bien. Me subí al autobús, conseguí un asiento a la sombra y apoyé la cabeza contra el cristal. Cuando empezó a aparecer la costa, una hora después, llegaba también la tarde. Yiannis debía estar volviendo a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Un bañito y vuelvo en el siguiente autobús - me dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me bajé, bajo indicación del conductor, en las playas de Limanaka. Me dejó en una larga carretera polvorienta. Antes de arrancar agitó la cabeza hacia el mar: obedecí y cambié mi rumbo. A la izquierda, una ladera pedregosa y empinada descendía hasta una caleta tan azul que casi dolía mirarla. Compré una botella de agua en un tenderete y bajé cuidadosamente por la colina. No llevaba ni una toalla, pero la camisa serviría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RqqZLN8TlQI/AAAAAAAAAE0/m4msd7yJDvI/s1600-h/limanaka2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092050746695980290" style="CURSOR: pointer" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RqqZLN8TlQI/AAAAAAAAAE0/m4msd7yJDvI/s320/limanaka2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;br /&gt;Viendo que todo el mundo estaba desnudo y estratégicamente desperdigado entre las rocas, hice nudismo por primera vez en mi vida. Al fin y al cabo, nadie me conocía y mi celulitis permanecería en el anonimato. Me tumbé sobre una roca y dormité un rato. Cuando desperté, escuché unas risas entrelazadas con chácharas ininteligibles. Lo primero que vi fue una serie de dunas redondas y tostadas al sol de la tarde. Por un momento, pensé que había muerto y resucitado en Arrakis. Pero luego comprobé que se trataba de cuatro culos. Cuatro chicos y una chica se habían tumbado, como Dios les trajo al mundo, a escasos centímetros de mi camisa, mi bolso y yo.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/Rqqart8TlRI/AAAAAAAAAE8/zaIfGZpnE1U/s1600-h/culos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092052404553356562" style="CURSOR: pointer" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/Rqqart8TlRI/AAAAAAAAAE8/zaIfGZpnE1U/s320/culos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Me saludaron. Les saludé. Me ofrecieron un porro y me negué lo más elegantemente que mi desnudez podía permitírmelo. No parecían muy convencidos del hecho de que su presencia había desbaratado mi vida en ese momento. No sabiendo cómo reaccionar, sonreí tímidamente y, antes de entrar en una conversación para la cual no estaba aún preparada, escondí mis cosas bajo la camisa y bajé al agua. Ahí abajo nadie reparaba en mí: aquello era maravilloso. Chapoteé feliz un rato muy largo mirando al horizonte infinito del Egeo e intentando adivinar las siluetas de las Cíclades, hasta que empezó a oscurecer. Tendría que volver y coger otro autobús, aunque ello supondría salir del agua desnuda, cual Afrodita, y tal vez confraternizar con mis vecinos. La idea, ya despierta, no parecía tan mala. Pero cuando me aproximé a mi roca comprobé que ya no estaban.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Y comprobé otra cosa:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Se lo habían llevado todo, menos, piadosamente, mi ropa.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-9083485003267732618?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/9083485003267732618/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=9083485003267732618&amp;isPopup=true' title='22 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/9083485003267732618'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/9083485003267732618'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2007/07/en-las-nubes-x-un-paseo-por-el-olimpo-y.html' title='En las nubes - X'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/Rqp_wd8TlOI/AAAAAAAAAEk/Ut8z9PWWZR8/s72-c/parthenon_me.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>22</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-1768310501885153220</id><published>2007-06-03T22:59:00.001+02:00</published><updated>2007-07-29T01:46:24.769+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En las nubes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>En las Nubes - IX</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RmMsD1MTmWI/AAAAAAAAADs/uRcdnnzdNug/s1600-h/national_gardens.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5071946049679235426" style="margin: 0px auto 10px; display: block; cursor: pointer; text-align: center;" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RmMsD1MTmWI/AAAAAAAAADs/uRcdnnzdNug/s320/national_gardens.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;10. ¡Bienvenida a Atenas!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Me senté un rato sobre el pedazo esférico de una de las columnas que habían caído al suelo cientos de años antes, a beber un poco de sol y regenerar mis marchitas células. Nunca había creído en el destino. Sin embargo, algo me decía que llegar a esta tierra extraña no había sido un mero accidente ni el simple resultado del caos: era una forma de ordenar el caos. Toda historia épica consiste en un problema por resolver, un viaje, un peligro, un enfrentamiento y un desenlace. ¿En qué parte me encontraba ahora? – me preguntaba yo. ¿Dónde habitaban las sirenas y los dragones marinos? ¿Qué más obstáculos tendría que afrontar? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Los mayores obstáculos nacen en el interior de nuestra cabeza: esa lección la tenía aprendida hacía mucho tiempo, pero evidentemente no estaba madurada. Mientras la ciudad se extendía frente a mí en su nube de polvo, su enjambre humano y el caos multisonoro del tráfico demente, apoyaba las manos sobre la piedra y recorría con los dedos las estrías milenarias. Cientos de fantasmas batían sus alas a mi alrededor, recordándome que hacía dos mil años alguien había tallado estas columnas para sostener el templo del dios, y que no debía fiarme del sol, ni del polvo de la calzada, ni siquiera de mis propios ojos, porque el mundo no es más que un círculo que termina en el mismo sitio donde empezó, un ciclo constante donde ir no necesariamente significa “marcharse” sino que a menudo es “volver”. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Tuve la impresión de que el tiempo se me hacía pequeño y se estrechaba entre mis manos, introduciéndose por mis venas para subir hasta el pecho. Mi corazón latía tiempo y la sangre lo iba desmenuzando minuto a minuto, día a día y siglo a siglo por cada una de mis arterias. Me tumbé boca arriba con los ojos cerrados y el sol hizo una cortina brillante de mis párpados, que bailaban en la luz como luciérnagas. Respiré tiempo un rato hasta que me llegó a las puntas de los dedos y los pies, cosquilleando repetitivamente de forma que casi me impulsaba hacia arriba. Creí levitar.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Abrí los ojos y recordé el “efecto flashback” del éxtasis. Me eché el resto de la botella de agua por la cabeza y me levanté. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Y así, medio flotando y empapada, fui a buscar el amparo de las sombras refrescantes de los Jardines Nacionales. Este parque, situado en el mismo centro de la ciudad, actúa de pulmón para la hiriente y tórrida sequedad del verano ateniense. Mis zapatillas de esparto me llevaron por las pequeñas avenidas cubiertas de árboles hasta un claro circular con bancos de hierro y pequeños parterres de romero. Me senté a escribir una breve y socorrida teoría del tiempo flexible en mi cuadernillo, y escuché un carraspeo frente a mí.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Era un hombre alto, de mediana edad y media melena salpimentada, vestido de negro. Mi entonces sencillo mecanismo de captación de interés se despertó. Me miraba fijamente y tuve que hacer un esfuerzo por vencer mi timidez y dedicarle una media sonrisa. Me dijo algo en griego. Al ver que no le entendía, me habló en inglés:&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- Puedo sentarme a tu lado?&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- Sí, claro.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- ¿De dónde eres?&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- De Madrid.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- ¿Y qué haces aquí, perdida en el bosque?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Contestar “Esperar al lobo” parecía un poco por encima de mis límites en ese momento, así que me limité a encogerme de hombros. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- ¿No tienes miedo de que te pase algo?&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- ¿Hay algo que temer?&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- Mientras esté yo, no.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Le dejé sentarse y mirar por encima del hombro a lo que había escrito en la libreta. Me preguntó si era escritora o periodista. Mentí y le dije que ambas cosas. Sonrió con aprobación.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- Yo también soy periodista.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- ¿Sí?&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- Sí, escribo una columna política en el Kathimerini. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Le miré asintiendo levemente. Mi interés se multiplicó. Le pregunté por la actualidad ateniense y me lanzó una diatriba larguísima sobre la evolución política del país desde la república de 1973, comparándola con el modelo clásico. Para impresionarle, hice breves anotaciones en mi libretilla. Me observaba con aprobación, aunque había un cierto rictus nervioso en su mirada.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- ¿Las mujeres españolas sois todas así de inteligentes?&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- Bueno – risita nerviosa – no lo sé.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- Tengo que volver a Madrid; desde los ochenta no he estado. Parece que es un lugar donde percibir mucha belleza. Las griegas son feas y apocadas.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- ¡No puede ser!&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- Sí, te lo digo yo. No están a la altura. Este es un país que desde hace siglos ha ensalzado lo masculino. Tal vez por eso se han quedado pequeñas y bigotudas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Me reí un poco, educadamente, aunque si hubiera sido griega seguramente le habría propinado una bofetada. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Supongo que debería haberlo visto venir.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Tras esta iniciativa de mi interesante interlocutor, se hizo un silencio un poco incómodo. Fingí revisar mis anotaciones. Un minuto después me preguntó: &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- ¿Quieres tocarme?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Le miré sorprendida y, al descender la mirada, pegué un pequeño salto sobre el asiento.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Se había desenfundado el pene, que sobresalía rojo, erecto y henchido de venas entre su mano derecha. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Levantarme como impulsada por un retoque, murmurar “tengo que irme” y atravesar los Jardines Nacionales como alma que lleva el diablo fue todo uno. Eran las seis de la tarde, y el sol me dio un respiro mientras subía las calles empinadas de vuelta a casa de Yiannis. Llegué jadeando y entré dando un portazo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Yiannis estaba en la cocina con un coqueto delantal rojo, rellenando tomates con arroz y carne picada.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- Yiannis! ¡Yiannis! ¡No te imaginas lo que ha ocurrido!&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- ¿Qué?&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- Fui a los Jardines Nacionales. Me senté en un banco. Apareció un...&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- ¿..un hombre de apariencia normal?&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- ¡No sólo normal! ¡Parecía un tipo culto e interesante!&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- ..Eso no tiene nada que ver. ¿Se la sacó, a que sí?&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- Er...&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;- Bienvenida a Atenas. Hoy para cenar, un poco de yemistá.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Foto: Jardines Nacionales, Atenas)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-1768310501885153220?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/1768310501885153220/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=1768310501885153220&amp;isPopup=true' title='44 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/1768310501885153220'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/1768310501885153220'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2007/06/en-las-nubes-ix-bienvenida-atenas.html' title='En las Nubes - IX'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RmMsD1MTmWI/AAAAAAAAADs/uRcdnnzdNug/s72-c/national_gardens.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>44</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-7936662544200610158</id><published>2007-04-26T20:56:00.000+02:00</published><updated>2007-04-27T18:37:10.638+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En las nubes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>En las nubes - VIII</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RjIlFojxn9I/AAAAAAAAACw/FGxGv1NI7rM/s1600-h/temple_of_zeus_2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5058146110207533010" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RjIlFojxn9I/AAAAAAAAACw/FGxGv1NI7rM/s320/temple_of_zeus_2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RjD2e4jxn8I/AAAAAAAAACo/9gZTuIkccTA/s1600-h/urban_ruins.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;8. Resucitar entre ruinas&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los siguientes seis días transcurrieron entre el duermevela agitado de la fiebre y los dedicados cuidados de Yiannis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las mañanas, antes de marchar rumbo a su trabajo de censor de programas de televisión, me dejaba una bandejita con el desayuno y la comida: manzanilla, yogur, un sándwich de jamón o queso y algo de fruta. Yo despertaba unas horas después, consumía lentamente el desayuno, me lavaba un poco y volvía a la cama. A veces, a media tarde, me sentaba con el sándwich y una manta en la terraza llena de enredaderas y campanillas violetas que presidía la calle principal del barrio de Pangkrati, ajena al espeso calor de julio. El apartamento de Yiannis era acogedor y muy mediterráneo, con paredes pintadas de colores vivos, alegres azulejos geométricos en el suelo y el olor a especias invadiendo los pasillos desde la cocina. La habitación de los invitados, que yo ocupaba, era azul. Azules eran las ventanas, las diáfanas cortinas y el dosel de mimbre de la cama, desde donde me pasaba las horas muertas leyendo, delirando, durmiendo, vomitando o viendo “Dinastía” doblada a griego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las tardes, Yiannis volvía y se sentaba a mi lado con un mejunje nauseabundo a base de agua, aceite de oliva y ajos crudos machacados. Ante mis protestas, afirmaba orgulloso que lo había aprendido de su abuela Aikaterina y que sólo eso le había salvado de la muerte cuando él y su familia se escondieron en las montañas de Nicosia huyendo de la invasión turca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me lo tragaba resignada, imaginando que huestes feroces de turcos bigotudos hachablandientes reculaban mareados por los vapores de cada cucharada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yiannis seguía siendo muy guapo, con ese físico entre varonil y efébico de labios carnosos y ojos totalmente negros que tanto alaban los poemas de Anakreón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero algo había cambiado: Su frente estaba algo más fruncida y su boca dibujaba un rictus más severo. Había adquirido unas levísimas arrugas alrededor de los ojos, que a sus veintiséis años podían considerarse prematuras. Me veía mirarle y se encogía de hombros:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ser chipriota en Grecia no es fácil.&lt;br /&gt;- ¿Por qué?&lt;br /&gt;- Somos como los “primos pobres”. No sabría explicarte...&lt;br /&gt;- ¿Entonces, no eres feliz en Atenas?&lt;br /&gt;- Claro que no.&lt;br /&gt;- ¿Y por qué estás aquí?&lt;br /&gt;- En Nicosia no podía ser gay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Precisamente lo que nos había unido durante aquellos años universitarios en Canadá fue nuestra posición del lado de los “diferentes”, yo por española y él por chipriota. Eran los ochenta y se había desatado en todo su esplendor la liberación sexual a la ominosa sombra del SIDA. Yiannis se prodigaba en el campus con los demás estudiantes homosexuales y algunos profesores, entregado a fiestas desenfrenadas. Yo paseaba mucho. Una madrugada nos encontramos los dos caminando bajo las primeras nieves de noviembre y nos hicimos amigos. Yo le ayudé a enderezar un poco sus locuras y él me corrompió con mucho cariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nos unía, sobre todo, la sensación permanente de “no ser de aquí”. Daba igual dónde estuviéramos: cuando el mundo está hecho con un patrón que te tira de las sisas, siempre eres un extraño. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mientras me cuidaba, reconocí que el extraño en él había crecido y se había hecho más poderoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Los turcos no son el problema, Yiannis. Ni los chipriotas.&lt;br /&gt;- Me vas a hablar TÚ de problemas...&lt;br /&gt;- Bueno, estoy aquí... solucionémoslos juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yiannis no me escuchaba. Me daba una palmadita en la cara y me decía que lo único que quería era ligar tanto como fuera posible hasta que se hiciera demasiado viejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mejórate pronto porque no puedo tener una vida sexual adecuada con una tía vomitando en mi casa.&lt;br /&gt;- Pues me parece de un morbo refinadísimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como toda respuesta, él me metía en la boca otra cucharada del ungüento diabólico. Funcionaba. Pronto descubrí el secreto de la poción: el cuerpo se recuperaba a toda velocidad para evitar tener que tomarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se me pasó la fiebre, me daba la impresión de haber cruzado una frontera nueva, no solamente en espacio y tiempo sino también en que, por primera vez, me obligué a admitir mis errores. Llamé a toda la gente a quien debería haber llamado e intenté dar una explicación coherente de los hechos. No fue fácil, especialmente con mis padres. Ni tampoco con Shazea, que se mostró bastante ofendida por mi falta de previsión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las buenas noticias eran que no estaba muerta, y que había aprendido dos lecciones muy importantes: que las drogas de diseño son un poco peligrosas, y que mi sentido de la responsabilidad dejaba bastante que desear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curiosamente, en cuanto me sentí de nuevo con fuerzas, dejé de sentirme culpable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Yiannis censaba, el primer día de mi resucitación, me hice con un mapa y subí calle arriba rumbo al centro. La vida iba volviendo a mis huesos mientras recorría el paseo de Erastothenous junto al Estado Olímpico. Cuando llegué a Konstantinou, la vena principal de la ciudad, ni el calor, ni el polvo del tráfico desmadrado, ni la sed pudieron evitar arrancarme un grito de admiración al encontrarme en plena urbe griega, desatendido y solitario, ajeno a todo, y recogiendo los rayos de la mañana entre las grietas de sus columnas, las ruinas del templo de Zeus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;(Foto: Ruinas del Templo de Zeus Olímpico)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-7936662544200610158?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/7936662544200610158/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=7936662544200610158&amp;isPopup=true' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/7936662544200610158'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/7936662544200610158'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2007/04/en-las-nubes-viii.html' title='En las nubes - VIII'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RjIlFojxn9I/AAAAAAAAACw/FGxGv1NI7rM/s72-c/temple_of_zeus_2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-4865588840686212299</id><published>2007-04-06T21:08:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:56:08.599+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En las nubes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>En las nubes - VII</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/Rhabzp-71dI/AAAAAAAAACQ/koo6SbOTeBs/s1600-h/akropolis.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5050395343888045522" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/Rhabzp-71dI/AAAAAAAAACQ/koo6SbOTeBs/s320/akropolis.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;strong&gt;7. Un dulce despertar&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;La sorpresa, la alegría, el milagrosamente recuperado sentido del pudor y la feroz resaca se mezclaron en mi cabeza de tal forma que sólo acerté a formar una “o” con los labios y abrir mucho los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un niño moreno, de unos ocho años, se deslizó por la derecha de Yiannis y, sonriente, me entregó una taza llena de café humeante. Luego, dijo algo que no conseguí descifrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Dice que si quieres leche – comentó Yiannis, que seguía apoyado en la puerta.&lt;br /&gt;- Pues.. dile que sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adivinando mi afirmación el niño salió corriendo y volvió inmediatamente con un “brick” de leche, vertiendo un poco en mi café. Me lo bebí sin rechistar ni hacer una sola pregunta. Realmente, no quería saber nada, sólo quería que me devolverían el universo tal y como yo lo conocía hacía poco más de un día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un gran esfuerzo, me levanté a la vez que me envolvía concienzudamente en la sábana, como una cariátide. Yiannis y el niño me miraban curiosos, el segundo tal vez algo más que el primero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Habrá un cuarto de baño aquí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yiannis volvió a dirigir unas rápidas palabras al niño, que directamente me cogió por la muñeca y me llevó por un pasillo oscuro hasta el baño. Yo, que iba sujetándome la sábana enrollada, sólo podía dar cortos pasitos de geisha, pero el chaval tiraba de mí con tal delicadeza y su sonrisa era tan dulce que cuando llegué al final del pasillo no pude resistir hacerle una carantoña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerré la puerta del cuarto de baño blanco y azul, lleno de toallas y jabones de colores, me puse directamente en standby y, sin dejarme espacio para pensar, me dediqué a ducharme, restregarme y adecentarme mecánicamente, lo mejor posible dadas mis penosas circunstancias físicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí del baño, esta vez envuelta en una toalla, y escuché voces y risas en alguna de las habitaciones de la casa. Corrí hasta el dormitorio, que estaba vacío, y conseguí localizar mi ropa, mi abrigo y mi bolso de viaje. La maleta no estaba, pero no me veía con fuerzas para adentrarme en aquella casa y exponerme a la siguiente sorpresa del día. El loro se había posado sobre la ventana abierta y yo le seguí el ejemplo para otear, no sin cierta envidia, la ruidosa calle llena de gente y comercios. Estaba en una tercera planta y bastante me dolía la cabeza como para saltar. La voz de Osvaldo a mis espaldas me dio tal susto que a punto estuve de caer de todos modos, lo que – ahora que lo pienso – hubiera sido un redondo colofón a mi periplo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Ya estás lista? ¡ tu amigo lleva una hora esperándote!&lt;br /&gt;- !!!&lt;br /&gt;- Eh, ¡no quería asustarte! Venga, mujer, que no pasa nada. Estuviste bien divertida.&lt;br /&gt;- ¿Sí?&lt;br /&gt;- Sí. Ahora ven, que te presento a mi familia.&lt;br /&gt;- ¿Tu....?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Osvaldo, que vestía una bonita túnica blanca y parecía sacado de una estampa bíblica, me agarró del otro brazo y se volvió a repetir el ritual... pasillo oscuro y puerta iluminada al final. Me encontré en una cocina pintada de amarillo, atestada de sartenes, cajas, frutas y gente. En la mesa desayunaban una mujer rubia de unos treinta y cinco años, el niño del café y una niña castaña de unos diez años vestida de colegiala. Y Yiannis, que parecía haberse integrado como uno más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos me saludaron encantados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Esta es mi mujer, Artemis. A mi hijo, Osvaldo Junior, le conoces ya. Y esa de ahí es mi niña, Mariana.&lt;br /&gt;- Oh...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer me hizo amables ademanes para que me sentara en la mesa con ellos, pero yo me mantenía clavada al suelo como por arte de magia. Miré a Yiannis implorando ayuda. Éste se levantó, me pasó un brazo por los hombros, y dirigió unas palabras al resto de la gente en tono de disculpas. Sonrieron, y siguieron desayunando. Yiannis cogió mi maleta de una esquina de la cocina y me empujó hasta la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de salir, Osvaldo apareció y nos entregó un paquete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Galletas caseras. Están muy ricas, las hace Artemis.&lt;br /&gt;- Muchas gracias – fue lo único que se me ocurrió contestar.&lt;br /&gt;- ¡Bienvenida a Atenas! Pásate por el bar cuando quieras.&lt;br /&gt;- Claro... claro...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta se cerró, bajamos las escaleras y de pronto era de día, muy de día, y había mucha gente. Me quité el abrigo, me agarré al bolso y miré a Yiannis, que estalló en carcajadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ya, si a mí también me parece gracioso.&lt;br /&gt;- No me lo puedo creer. ¡Tres años sin verte!&lt;br /&gt;- Y ya ves, aparezco con gran despliegue de medios.&lt;br /&gt;- No me lo puedo creer.&lt;br /&gt;- Oye, ¿y lo de la familia?&lt;br /&gt;- Les dijo que te había encontrado en malas condiciones y que te había traído a su casa para pasar la noche. Al parecer llegaron esta mañana de viaje.&lt;br /&gt;- Tampoco les mintió.&lt;br /&gt;- Oh, son encantadores, ¿no crees? Por cierto, les dijo que soy tu novio.&lt;br /&gt;- ¿Tú?&lt;br /&gt;- Claro&lt;br /&gt;- Ya... y... ¿cómo me encontraste?&lt;br /&gt;- Me llamó tu amiguito por la mañana, al parecer tenías mi número escrito varias veces en la palma de la mano.&lt;br /&gt;- Y..¿qué fue eso que les dijiste para que nos pudiéramos ir?&lt;br /&gt;- Que debía llevarte a casa, que estás de tres meses.&lt;br /&gt;- ¿Qué?&lt;br /&gt;- No te preocupes, te sobran unos kilitos. Daba el pego.&lt;br /&gt;- Serás c...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto di el primer paso hacia delante, vomité medio estómago encima de la acera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yiannis llamó a un taxi y ni si quiera tuve tiempo de ver su casa. Me desvistió y me acostó, colocándome una palangana al lado de la cama exactamente como hiciera mi madre cuando era pequeña y tenía indigestiones. “¡Treinta y nueve de fiebre!” fue lo único que recuerdo escuchar antes de volver a entrar en un larguísimo letargo. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Iban a ser unas estupendas vacaciones.&lt;/p&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;(Foto: la Akropolis desde una calle principal de Atenas.)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-4865588840686212299?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/4865588840686212299/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=4865588840686212299&amp;isPopup=true' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/4865588840686212299'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/4865588840686212299'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2007/04/en-las-nubes-vii.html' title='En las nubes - VII'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/Rhabzp-71dI/AAAAAAAAACQ/koo6SbOTeBs/s72-c/akropolis.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-1855502582874406173</id><published>2007-02-14T14:10:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T14:58:18.602+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Intermedios'/><title type='text'>Interludio</title><content type='html'>Os preguntaréis, "¿Cuál es la excusa esta vez?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque, evidentemente, mi espalda vuelve a estar (razonablemente) bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría escribir una lista inmensa, pero me limitaré a resumir, por orden de importancia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estoy de mudanza: me mudo a otro cuchitril, pero al menos no tendré que soportar las estruendosas obras de rehabilitación, las descargas eléctricas, los cortes de luz, la Radio-Cumbia de los obreros y algunos fenómenos paranormales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No duermo bien por las noches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- He sufrido un caso de desajuste emocional que está en camino de resolverse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Los métodos poco ortodoxos que he utilizado para soliviantar lo anterior han sido algo agotadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Como soy reincidente, seguramente todo lo anterior (menos la mudanza, espero) ocurrirá varias veces durante este año. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto es para decir que muy, muy, muy pronto volveremos a Atenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Besos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-1855502582874406173?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/1855502582874406173/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=1855502582874406173&amp;isPopup=true' title='20 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/1855502582874406173'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/1855502582874406173'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2007/02/interludio.html' title='Interludio'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>20</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-1718590618416802499</id><published>2007-01-22T22:32:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T14:56:08.604+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En las nubes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>En las nubes - VI</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RbUtyz4aDfI/AAAAAAAAAAk/7XJ66-VcCcE/s1600-h/ron.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5022971310345162226" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RbUtyz4aDfI/AAAAAAAAAAk/7XJ66-VcCcE/s320/ron.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;6. El bodeguero&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando me senté a la barra del enorme y luminoso bar de dos plantas, sólo quería pasar el rato hasta que ocurrieran una de dos cosas: que amaneciera o que se obrara un milagro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lamento decir que no ocurrieron ninguna de las dos aquella noche, al menos no del modo que yo hubiera querido. Pero no nos adelantemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedí la primera copa al camarero mulato, que me miró como si fuera una aparición mariana. Supongo que no todos los días aparecía a las dos de la mañana, maleta en mano, una chica ojerosa y lánguida con cara de conocer la fecha exacta del Apocalipsis. Pero como hablábamos la misma lengua – aunque yo arrastraba la mía – le conté de carrerilla mi aventura para convencerle de que me dejara utilizar un teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Osvaldo – así se llamaba mi nuevo mentor – me acercó el teléfono con una gran sonrisa que, no vamos a negarlo, soy castellana, me producía cierto recelo. El mismo contestador automático que me había saludado en el aeropuerto me saludó una vez más. Dejé un nuevo mensaje a voces, con un alegre son de fondo, y las señas del lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No te preocupes, m’ija. Aquí cerramos en dos horas, y si no viene tu amigo te vienes a mi casa.&lt;br /&gt;- ¿Y dónde está tu casa?&lt;br /&gt;- Aquí cerquita, mi amol. En la Plaka.&lt;br /&gt;- ¿Y qué te debo?&lt;br /&gt;- Nada, nada. A las gallegas no les cobro estancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No dije ni sí ni no, porque esperaba un milagro. Cada vez que mi nuevo amigo se apartaba para atender a alguien, volvía a llamar a Yiannis. Las mismas frases rápidas en griego y el mismo “biiip” al final. Cuando le dejé el último mensaje, ya ni siquiera había “biiip”: le había saturado el contestador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Osvaldo me miraba y se reía mucho, con carcajadas pegadizas que acabaron por contagiarme. Medí el tiempo en mojitos y chupitos de ron: cuatro copas, una hora. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Debían ser ya las cuatro de la mañana, porque había contado ocho copas. Sólo quedábamos Osvaldo y yo, y un hombre anciano y muy serio que se marchó rápidamente sin decir palabra en cuanto se encendieron las luces del local y se paró la música. Pensé en marcharme, pero - ¿a dónde? En ese momento mi plan magistral de dejarme llevar parecía poco efectivo, pero sin duda el único posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, no era capaz ni de trazar media línea recta en dirección a la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la puerta estaba cerrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay un momento en el que la fatiga es tal que de pronto desaparece, como si tu cuerpo no fuera tuyo y alguien lo moviera desde arriba como un guiñol. Mientras Osvaldo limpiaba la barra y recolocaba las botellas me coloqué en medio de la pista de baile y empecé a contonearme. La reacción del sonriente cubano fue darle otra vez al botón del equipo de música e iluminarme con un foco amarillo. Me quité los zapatos y me encomendé a todos los diablos. &lt;div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Siempre en su casa, presente está&lt;br /&gt;El Bodeguero y el cha-cha-chá&lt;br /&gt;Vete a la esquina y lo verás&lt;br /&gt;Y atento siempre te servirá&lt;br /&gt;Anda enseguida córrete allí&lt;br /&gt;Que con la plata lo encontrarás&lt;br /&gt;Del otro lado del mostrador&lt;br /&gt;Muy complaciente y servidor.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando quise darme cuenta, Osvaldo estaba bailando conmigo y cantándome la canción al oído. Yo no paraba de reír. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿De qué te ríes, mamita?&lt;br /&gt;- De que ni siquiera me gusta la salsa.&lt;br /&gt;- Pues cualquiera lo diría. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así, de pie y de cerca, era bastante imponente. Le sentaba de maravilla la camiseta negra. Lo último que recuerdo decirle, antes de entablar lazos más íntimos, fue: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Espero que tengas una ducha. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si conseguí o no ducharme, fue cosa del azar. Sólo recuerdo que las mesas del bar eran un poco duras y se me clavaban en las costillas. Pero doy fe de que todas eran resistentes, al menos tres o cuatro. También los asientos acolchados de la segunda planta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando salimos a la calle sonaban las campanas de la iglesia con bravío llamando al alba, y varias mujeres vestidas de negro se nos cruzaron por la plaza mirándonos con cierto recelo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y si la fiesta continuó o no al llegar a casa de Osvaldo, también será un misterio para los restos. En el momento en que mis malogrados huesos rozaron un colchón, se apagó el mundo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No me sorprendió tanto el hecho de despertarme desnuda en una habitación pintada de amarillo chillón, ni de que el ambiente oliera a coco y a té. Ni siquiera que se posara una cacatúa encima de la mesilla justo en el momento que abría los ojos: desde que saliera de mi casa en Madrid, todo era posible. Lo que más me sorprendió fue el agudísimo dolor de cabeza que me martilleaba con golpes secos las paredes del cráneo. Entrecerré los ojos para protegerme de cualquier agresión sensorial y supuse que, con toda seguridad, este era el momento en que iba a morirme. Me estaba bien merecido. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero no, no habría esa suerte. Una voz nueva me hizo reaccionar y giré la cabeza dolorosamente hacia el lugar de donde provenía: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si no lo veo, no lo creo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Era Yiannis, mirándome estupefacto desde el marco de la puerta. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-1718590618416802499?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/1718590618416802499/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=1718590618416802499&amp;isPopup=true' title='30 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/1718590618416802499'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/1718590618416802499'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2007/01/en-las-nubes-vi.html' title='En las nubes - VI'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RbUtyz4aDfI/AAAAAAAAAAk/7XJ66-VcCcE/s72-c/ron.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>30</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-186674313430707572</id><published>2007-01-14T22:43:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T14:58:18.604+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Intermedios'/><title type='text'>¡ay!  - dos</title><content type='html'>Mi contractura va mejorando... estoy ya casi viva. Reescribo sobre esta misma entrada para no romper el equilibrio de los capítulos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi primera entrevista en el mundo mundial: &lt;a href="http://pon-a-dormir-el-lenguaje.blogspot.com/"&gt;Pon a dormir el lenguaje&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que será la última, también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto, muy pronto, volverán las  aventuras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Besos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-186674313430707572?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/186674313430707572/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=186674313430707572&amp;isPopup=true' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/186674313430707572'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/186674313430707572'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2007/01/ay.html' title='¡ay!  - dos'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-1636118283357686638</id><published>2006-12-29T01:58:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T14:56:08.606+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En las nubes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>En las nubes - V</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RZRr0mGfBSI/AAAAAAAAAAU/1FRQTGChccw/s1600-h/monastirakiblog.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5013750836495320354" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RZRr0mGfBSI/AAAAAAAAAAU/1FRQTGChccw/s320/monastirakiblog.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;strong&gt;5. El fenómeno de la globalización&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;El aeropuerto de Atenas no era entonces lo que es ahora: por esa época era un lugar pequeño y desconcertante. El hecho de que fuera medianoche seguramente influía, pero aún así había muy poca gente, un pequeño bar, apenas dos o tres empleados deambulantes y un par de cabinas de teléfono. Fui directa hacia una de ellas agitando mi agenda como una antorcha olímpica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sólo era la era pre-móvil; también era la era pre-euro. Las pequeñas rendijas del teléfono se alimentaban de dracmas. Miré hacia el cartel que proclamaba cambio de divisas en varios idiomas; estaba cerrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo no se me había ocurrido antes? La respuesta era fácil: mi cerebro era un flan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerqué a un cajero automático e introduje mi tarjeta de crédito de Caja Madrid. Solicité el máximo permitido, sin duda bastante más de lo que tenía en el banco, cerré los ojos y le di al “ok”. El dinero griego apareció alegremente por la ranura. Ahora seguramente debía mi alma al banco. Pero, llegados a este punto, poco importaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el bar le compré una botella de agua a la silenciosa camarera y regresé con unas exóticas monedas helenas en la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El número de Yiannis funcionaba, pero no lo cogía nadie. Lo único que rebajó mi angustia fue escuchar su voz en el contestador automático. Dejé mi mensaje grabado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yiannis, escucha: ya te lo explicaré todo; estoy en Atenas, acabo de aterrizar. Son las doce de la noche. Estoy en el aeropuerto. Voy a buscar una forma de llegar al centro y te volveré a llamar desde ahí, ya te diré dónde estoy. ¡Escucha esto, por favor!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en llamar a Madrid, para que al menos si me moría alguien tuviera constancia de mi paradero y no llegara todo como una gran sorpresa. Frente a mí flotaban los titulares en neón: “Joven española encontrada muerta de hambre a los pies del Partenón.” Suspirando, marqué el número de mi casa; me recibió el familiar contestador con mi voz y la de mis compañeras de piso en un cantarín unísono. Resignada, volví a hablar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Chicas, estoy en Atenas. Ya os lo explicaré todo. Si llaman mis padres, por favor decidles que estoy en Londres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedaban unos cuantos dracmas sueltos. Mordiéndome los labios recordé a mi querida Shazea, que por primera vez volvió a mi memoria para llenarme de sentimientos de culpabilidad. Marqué el número. Me encontré de nuevo con un contestador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Shazea, estoy en Atenas. No podré ir a tu boda. Ya te lo explicaré todo. Perdóname. Perdóname. Perdóname.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pregunté si realmente había muerto y me encontraba en una especie de limbo donde sólo había dos cabinas de teléfono que únicamente conectaban con los contestadores automáticos del mundo de los vivos. Imaginé a mis amigos escuchando cacofonías extrañas e incomprensibles en sus teléfonos, aturdidos y asustados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resignada, recogí mi maltrecha maleta y me dirigí a la salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había dos taxis. Toqué en la ventanilla del primero y un hombre corpulento salió a recibirme. Le sonreí con ese tipo de expresión que se esboza cuando no se sabe cómo empezar una larguísima conversación. El hombre, sin mediar palabra, me arrebató la maleta y la introdujo rápidamente en el maletero. No sabía muy bien qué decir, así que mascullé un débil “thank you”. Sonrió rudamente y me abrió la puerta de atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez dentro, le dije que quería ir al centro. Entonces se dio media vuelta y por primera vez reparó en mí. Me miró con cara de fastidio. Por su expresión debía estar más que acostumbrado a llevar no-muertos en su coche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Center?&lt;br /&gt;- Yes, center.&lt;br /&gt;- Where in center?&lt;br /&gt;- The center of the center.&lt;br /&gt;- The center of the center of Athens?&lt;br /&gt;- Yes&lt;br /&gt;- O.K.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso fue todo. Durante el viaje, se limitó a mirar de reojo al retrovisor para encontrarse con mi tímida sonrisa. Atravesamos calles y carreteras durante una larguísima media hora; el paisaje no era mucho más diferente de cualquier barrio limítrofe de Madrid; de hecho, me daba la impresión de estar recorriendo Alcorcón o Parla. Respiré hondo. Me relajé. No había nada peor que entrar en pánico en una situación en la que una ya no tiene control.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Os preguntaréis, ¿Por qué no le pedí que me llevara a un hotel? Buena pregunta. Pues es sencillo: porque tenía muy poco dinero y quería intentar contactar con Yiannis una vez más. Y porque aunque estaba totalmente exhausta no tenía aún ni pizca de sueño, a causa del atracón de éxtasis. Y porque soy una temeraria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin y al cabo, era la una de la mañana. En unas cinco horas saldría el sol y podría empezar a tomar decisiones. Mientras tanto, ya se me ocurriría algo. Grecia era un país civilizado. ¡La cuna de la civilización clásica! Nada malo podía ocurrir en el país que vio nacer a Sócrates y a Platón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El taxi paró inesperadamente en medio de una plaza. El sablazo fue halagadoramente leve. Digamos que a la altura de un turista alemán. Le di las gracias y salí a la calle; el hombre sacó mi maleta y la dejó en el suelo, luego hizo un gesto con el brazo como abarcando la plaza y me dijo, muy despacito:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Monastiraki. Mo-nas-ti-ra-ki.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asentí, repitiendo el nombre por lo bajo. El taxista me miró como si quisiera preguntarme algo, pero inmediatamente después se encogió de hombros y se volvió a subir al taxi. Le observé marchar por una calle desierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré a mi alrededor: Me encontraba en una plaza amplia y diáfana, alumbrada por la luz de las farolas. El aire de la noche era cálido y se percibía un leve olor a frutas y a romero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi derecha había una estación de puertas acristaladas, aparentemente cerrada. Unos jóvenes sentados en los escalones compartían un cigarro y reían. Frente a mí, una pequeña iglesia bizantina me miraba majestuosa sobre unas amplias escalinatas. A la derecha de ésta, las farolas alumbraban levemente unas columnas corintias. Me quedé mirándolas embobada, y poco a poco elevé la vista. En lo alto de una colina lejana, bajo un cielo radiantemente estrellado y bañadas en una suavísima luz ámbar, se alzaban las ruinas de la Acrópolis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi embeleso duró poco: apenas unos segundos después, a mis espaldas, Celia Cruz lanzó su grito de guerra:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Asúuuuuuuuuuuca!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré detrás de mí. Tras la puerta de un bar, unas luces parpadeaban alegremente al rimo de la música. Dos chicas se contoneaban a la puerta, festivamente decorada con lamparitas de papel. Sobre sus cabezas, un cartel con grandes letras rojas:&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;CUBANITA HABANA CLUB&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un mojito: Justo lo que necesitaba. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;Foto: Plaza de Monastiraki, Atenas.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-1636118283357686638?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/1636118283357686638/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=1636118283357686638&amp;isPopup=true' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/1636118283357686638'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/1636118283357686638'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/12/en-las-nubes-v.html' title='En las nubes - V'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_4JfiIYFMGDk/RZRr0mGfBSI/AAAAAAAAAAU/1FRQTGChccw/s72-c/monastirakiblog.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116664930338847489</id><published>2006-12-20T22:03:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T14:56:08.607+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En las nubes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>En las nubes - IV</title><content type='html'>&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/6900/1377/1600/3273/747-sunset.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/6900/1377/1600/3273/747-sunset.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;4. Un número y poco más.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegaron los enfermeros, mi mundo se derretía como un helado al sol. Todo lo que antes había sido un aliciente ahora era un negro foco de ansiedad. Cerré los ojos para hundirme en el mar de exclamaciones y preguntas, para no ver las caras de los curiosos que se paraban a observar el espectáculo. Una mano me sostuvo el brazo y me tomó el pulso, otra me abrió la boca y me introdujo algo frío y metálico, otra me subió un párpado y lo inundó de luz. Yo me dejaba hacer, fláccida como una muñeca de goma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí un ojo y busqué a Enea con la mirada. Le dije, no recuerdo en qué idioma, que por favor me llevara a morirme a las Termas de Caracalla, porque Shelley se había inspirado ahí para escribir “Prometeus Unbound”. No sé por qué, a los enfermeros les hizo muchísima gracia. Me volvieron a tomar el pulso, me auscultaron, y me dijeron que viviría, pero que comiera algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mangi, mangi cualquosa!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, del mismo modo que vinieron, se fueron. Los curiosos se repartieron las últimas dosis de codazos y también se fueron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé muy bien por qué, pero aquella breve puesta en escena me curó del ataque de pánico y empecé a sentirme mejor. Aún temblando, me levanté y les acompañé en silencio hasta una cafetería donde a duras penas comí un trozo de sándwich. Renata no dijo nada durante el rato que estuvo mirándome intentar tragar. Enea parecía preocupado. Yo no tenía muchas ganas de hablar. No me llevarían a morirme a las Termas. Y tal vez, con un poco de suerte, ni siquiera me moriría. Comimos en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto del tiempo pasó despacio, tal vez por la sensación de que alguien me había tapado los oídos con algodón y me habían freído el cerebro a la parrilla. Tampoco lo entendieron cuando se lo intenté explicar a base de dibujitos en una servilleta. Mi padre, gran dibujante, siempre se había entendido así cuando no podía expresarse en el mismo idioma, y yo había agotado mis recursos mentales. Mediante pequeñas viñetas, les fui contando mis sensaciones como si pudieran comprenderme. Sólo Enea alcanzó a entenderlo. Le sonreí tímidamente mientras me acompañaban a la terminal de pasajeros, y le prometí escribir. Renata me dio dos palmaditas en los hombros. Y yo sólo quería escapar cuanto antes, esparciendo polvos de amnesia a mi alrededor para que no me recordasen como “la chica del gran flipe” (¿il grandissimo flipe?) y tuvieran un poco de esperanza por mi futuro como personaje cabal y ciudadana de a pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardé años en recuperar el contacto con mis amigos italianos. Durante mucho tiempo pensé que no podrían olvidar mi mirada ojiplática y mi palabrería inconexa, y me sentí un poco cohibida. Pero eso no lo sabíamos aún, así que les di un beso agradecido (también a Renata) y me perdí entre la cola. Cuando dejé la maleta en el detector de metales me temblaba tanto el pulso que estuve segura de que me retendrían. Me sentía un poco como el protagonista de “Midnight Express”, delatado por una gotita de sudor involuntario. Pero aguanté el tirón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin y al cabo, me iba a Atenas. Y aunque ahora parecía casi absurdo, el viaje había comenzado y no lo iba a abandonar. No, esta vez no. Llegaría a mi destino fuera lo que fuera que me esperaba unos miles de kilómetros más al este. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Alguna vez os habéis sentido tan infinitamente tristes que la tristeza produce un placer casi morboso? Me mecí al compás de mi melancolía mientras esperaba al segundo avión del día. Me perdí de nuevo por las calles de Londres con David Copperfield, esta vez silenciosa y tranquilamente. Daba todo un poco igual; la había liado hasta tal punto que sólo cabía seguir el plan y evitar tomar todo tipo de decisiones. Me envolví en la ataraxia y decidí que “ya se vería”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero...¿Qué se vería?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El avión despegó al atardecer. A mitad del vuelo apoyé la frente contra la ventanilla y sólo acerté a ver la silueta ámbar de las nubes bañadas en los débiles rayos del sol que se desvanecía para dar paso a una noche incierta. Me froté los ojos, intenté razonar. Desperté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yiannis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía seis meses que no sabía nada de él. Lo único que tenía era su número de teléfono (de hacía seis meses) y poco más. Sabía que vivía en el centro de Atenas, pero... ¿Atenas tiene centro? ¿Qué forma tiene Atenas? ¿Es circular, cuadrada, oblonga? Cerraba los ojos, intentaba imaginar y sólo acertaba a ver sacerdotes ortodoxos mesándose las barbas, camareros morenos limpiándose las manos en sus delantales blancos, y muchas columnas tiradas por el suelo. Y, claro, a Anthony Quinn. Ningunas de esas imágenes incluían a Yiannis. Abrí la revista del avión y sólo conseguí dos datos, según una reseña sobre ciudades europeas: que la Plaka es el mejor sitio para comer &lt;em&gt;dolmades&lt;/em&gt; y que las Cariátides de la Acrópolis son falsas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estupendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi billete de vuelta era para dos semanas después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hice recuento mental: tenía presupuesto para dos semanas, pero sólo si no tenía que pagar el alojamiento. En este último caso, tendría presupuesto para dos semanas de ayuno y abstinencia en el sitio más barato que pudiera encontrar. Pero el el avión aterrizaría sobre las doce de la noche...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El número de teléfono de Yiannis parecía ser mi única esperanza de dormir en una cama esa noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Nota&lt;/strong&gt;: pido disculpas por la demora. Este último capítulo se ha hecho esperar... si alguien conoce una fórmula legal para deshacerse del estrés cotidiano y tener tiempo llano y vacío para escribir, ruego lo indique. Y aunque no sea legal, qué más da. Es más, si alguien tiene alguna proposición muy indecente que incluya tiempo llano y vacío para escribir, también me interesa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Nota 2&lt;/strong&gt;: Mi amigo &lt;a href="http://www.pon-a-dormir-el-lenguaje.blogspot.com/"&gt;Mariano Cruz&lt;/a&gt; ha comenzado una serie de entrevistas a "blogueros". Promete ser interesante, sobre todo porque la primera entrevistada es otra gran amiga y porque la próxima me temo que seré yo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116664930338847489?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116664930338847489/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116664930338847489&amp;isPopup=true' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116664930338847489'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116664930338847489'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/12/en-las-nubes-iv.html' title='En las nubes - IV'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116541556880676365</id><published>2006-12-06T15:31:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T14:56:08.609+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En las nubes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>En las nubes - III</title><content type='html'>&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/6900/1377/1600/983426/airplane.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/6900/1377/320/941373/airplane.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;3. Dickens y los ángeles de la guarda&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por segunda vez en el día facturé mi maleta. La cola era excesivamente larga, mi sangre se había convertido en coca cola, y tenía que morderme los labios para no contarles mi vida a mis vecinos. Intenté solventarlo leyendo un libro, pero me costaba tremendamente concentrarme, y más aún tratándose de Charles Dickens. Cada descripción de las gélidas y misteriosas calles de Londres me exasperaba porque no podría pisarlas. Cada vez que el pobre huérfano Copperfield se zafaba de las garras de Mr. Murdstone, yo le alentaba a correr, correr, correr en pos de sus sueños, pero por favor, con un pasaporte en regla. Fue sólo al llegar al final de la cola cuando me di cuenta de que había estado leyendo y lanzando exclamaciones en voz alta, porque mis vecinos de atrás me agradecieron divertidos el buen rato que les había hecho pasar durante la espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran dos chicos italianos, Luigi y Enea, estudiantes de arquitectura que regresaban de unas vacaciones. Altos, guapos y morenos. Les amé desde el primer momento en que me dirigieron la palabra, y me pegué a ellos cual lapa. Ya en la puerta de embarque, les relaté mi peripecia en una mezcla de español, inglés e italiano macarrónico (valga la redundancia) que provocó lágrimas de risa en mis nuevos amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que hacer un paréntesis aquí: yo soy muy tímida, y lo era más aún entonces. Mi nueva faceta de &lt;em&gt;show-woman&lt;/em&gt; era algo tan inaudito en mí como toda aquella situación. Sin embargo, a pesar de estar totalmente ida, era consciente de mi vulnerabilidad. Del mismo modo que necesitaba un público, también necesitaba cómplices que me ayudaran a centrarme, porque temía que mi estado me hubiera convertido en el centro de atención, hasta el punto de que no me dejaran embarcar. Tuve suerte: se apiadaron de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sentaron conmigo frente a la puerta de salida y me contaron sus peripecias en España mientras me sostenían las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Non preoccuparti. Siamo amichi.&lt;br /&gt;- Claro, claro. Amichi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podrían haberse aprovechado de mí hasta límites insospechados, y yo –confieso- no hubiera puesto ninguna pega; pero tuve suerte: eran cabales a pesar de ser italianos. O tal vez no tuve suerte. Nunca lo sabré. De todos modos, algo me dice que fue mejor así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que necesitaba moverme, uno de ellos se levantaba conmigo y me “paseaba” por el pasillo como a un caniche. Me compraron agua. Me trajeron zumo de naranja (“la &lt;em&gt;vitamina C è molto importante per la tua testa in questo momento&lt;/em&gt;”) y me obligaron a beberme dos tilas. Pero poco ganaron: mi estado no cambió demasiado. Cuando desaparecí casi media hora en el cuarto de baño pidieron a una mujer que entrara a buscarme: me encontró hablando con el dibujo Manga del espejo y acariciándome el cuello voluptuosamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en el avión, mis dos guardianes se las arreglaron para cambiar sus asientos por los de los pasajeros que me habían tocado al lado. Yo no paraba de hablar con mi particular potpurrí lingüístico. Ellos no paraban de hablar, para hacerme callar. Creo que nadie que volara en ese avión olvidará nunca a los tres locos de la fila 10.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bajón del éxtasis suele aparecer aproximadamente a las dos horas, pero yo llegué a Roma prácticamente en el mismo estado en el que había despegado. Tras el aterrizaje, Luigi me quitó las gafas de sol; al verme los ojos, me las volvió a poner.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque volvería en años sucesivos, aquella era la primera vez que pisaba suelo italiano. Estaba entusiasmada. La novedad pareció darle un nuevo empujón a mi estado alterado, y cada dos por tres me zafaba de mis acompañantes para corretear por los pasillos como Dorothy por el camino de baldosas amarillas. A duras penas consiguieron contenerme y llevarme a recoger la tarjeta de embarque para el avión a Atenas. Creo, sinceramente, que estaban deseando verme de nuevo en el aire. Sin ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había un retraso de cinco horas: el conductor del camión del catering estaba borracho; había abierto un boquete en la carrocería del avión y estaban reparándolo. Al parecer, no era un caso aislado (*).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran aproximadamente las tres de la tarde. El avión, si salía, saldría a las nueve de la noche. Luigi tenía que coger un tren a Nápoles, pero Enea se quedaba en Roma. Decidieron que, como no podían dejarme sola, éste último me acompañaría hasta la hora de mi siguiente avión. Su hermana le esperaba a la salida del aeropuerto, así que me llevaron con ellos, cual souvenir de sus vacaciones, a la zona de llegadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya por entonces me había acostumbrado al gesto de incredulidad de la gente hacia mi persona. Era algo nuevo, pero no me molestaba nada. Al contrario. Por eso, cuando Renata – la hermana de Enea – escuchó la historia y se giró para mirarme sorprendida, yo colaboré quitándome las gafas de sol y sonriendo de oreja a oreja. La chica tenía unos cuantos años más que su hermano y vestía como si acabara de atracar una tienda de Versace, y no, no parecía que le divirtiera en exceso mi presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos despedimos de Luigi – yo me colgué de su cuello y le prometí escribir – y me sentaron mientras los dos hermanos debatían en un italiano meteórico un buen rato. Evidentemente intentaban decidir qué hacer conmigo durante las próximas cinco horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El “subidón” ya había empezado a remitir lentamente, pero ahora me encontraba en un estado de enajenación caprichosa e infantil. Me levanté como impulsada por un resorte y exclamé:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Andiamo alla fontana di Trevi!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Renata me miró espantada, e hizo un gesto de esos que se ven mucho en las películas de gángsters: con la palma de la mano abierta, agitó enérgicamente y de arriba abajo la mitad del brazo, desde la mano hasta el codo. Enea me hizo sentar. Obedecí, intimidada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de pronto, empecé a sentirme mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me invadió un terrible sudor frío, y no sólo me costaba respirar: tampoco podía moverme. Era como si me hubieran llenado el cerebro de algodones, y me hubieran abandonado en medio de Siberia. Entre los dos me sacaron a la salida del aeropuerto para que me diera el aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No recuerdo bien cuánto tiempo estuve así; me sentaron en un banco, y me dieron pequeños sorbos de agua mientras secaban con pañuelos el sudor que me cubría la frente. El mundo se venía abajo de forma catastrófica, y yo con él. Estaba segura, completamente segura, de que iba a morir. Esta vez sí. Y en Roma. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;También estaba completamente segura de que me abandonarían, me dejarían ahí, con un esparadrapo en la boca y un cartel colgando del cuello: SPAGNOLA. NON TOCARE.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;(*) Hecho verídico, al igual que la mayoría de estos hechos. Se ruega no juzgar demasiado duramente a la autora, fue hace mucho mucho tiempo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116541556880676365?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116541556880676365/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116541556880676365&amp;isPopup=true' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116541556880676365'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116541556880676365'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/12/en-las-nubes-iii.html' title='En las nubes - III'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116484669207406664</id><published>2006-11-30T01:29:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T14:56:08.610+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En las nubes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>En las nubes - II</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/6900/1377/1600/693589/neon.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/6900/1377/320/218573/neon.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;2. El baile de los neones&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Admito que el pánico había anulado mi sensatez: nunca había ingerido tal cantidad de química ilegal de una sentada. La idea de la muerte empezó a rondarme mientras esperaba a la vuelta del policía. Me imaginaba los titulares: “joven muerta en Barajas por una sobredosis de drogas de diseño. Entre sus pertenencias se encontró un poema que plagiaba flagrantemente a W. H. Auden.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedaban aproximadamente 45 minutos de vida, o de cordura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi carcelero apareció diez minutos más tarde, acompañado de una robusta mujer policía de rostro rotundo y circunspecto. Me dejó a solas con ella y volvió a desaparecer, dando otro portazo. La mujer me miró y se cruzó de brazos, entornando los labios en una mueca ladeada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué, ¿ya está más tranquila?&lt;br /&gt;- ¿Tranquila? Estoy retenida y a punto de perder un avión.&lt;br /&gt;- Creo que ya le han explicado que esta comisaría no puede hacerse cargo de sus documentos caducados.&lt;br /&gt;- Es decir, que no me va a ayudar.&lt;br /&gt;- Abra la maleta. Y el bolso.&lt;br /&gt;- ¿De verdad no me va a ayudar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer agarró mi maleta, la abrió con un certero y rápido RASSS, como si estuviera destripando a una trucha, y lo sacó todo para volver a meterlo en un prodigio de desorden. Lo mismo ocurrió con el bolso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo mejor era salir de ahí lo antes posible, para que no fueran testigos de lo que pudiera pasar después. Abandoné la resistencia y me dejé hacer. Mi carcelera revisó todas mis pertenencias, incluyendo mis malogrados y caducos documentos, y me sermoneó severamente por mentir acerca del robo de mi DNI. También me cacheó, aunque afortunadamente no consideró necesario inspeccionar mis partes más ocultas. Al término del ritual me devolvió mis cosas y me espetó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Por favor, márchese antes de que decida sancionarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No dudé ni un momento en obedecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a los pasillos del aeropuerto justo cuando mi avión despegaba, y fui directa en busca de un baño. Me lavé la cara y las manos durante un buen rato mientras pensaba e intentaba poner en orden mis ideas. Podría llamar a Shazea y decirle que intentaría ir unos días después, ya con un documento válido, o rendirme y volver a casa, o...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, las luces del baño empezaron a bailar. Un cálido latigazo de ansiedad me recorrió desde los pies hasta la cabeza y la voz de megafonía parecía vibrar con nuevos registros. Miré a mi alrededor con los ojos entornados: estaba rodeada de nebulosas vivas de luz que se sobreponían como neones gigantescos. El cuarto de baño se había convertido en la Aurora Boreal. Era realmente hermoso, aunque cegador. Me miré en el espejo. Me había convertido en un dibujo Manga: dos esferas brillantes, enormes y negras acaparaban la parte superior de mi cara y, aunque no tenía control sobre mis gestos, sonreía radiantemente cual Heidi camino a las montañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mujer entró y empezó a pintarse los labios de rojo pasión. Me miró y sonrió. Quise ser su hermana, su confidente y su guía espiritual. Algo en mi expresión le debió de transmitir lo mismo porque me ofreció la barra de labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Veo que te gusta. ¿Quieres?&lt;br /&gt;- Sí, ¡gracias! De verdad que te agradezco tu amabilidad. Parece mentira con qué facilidad me has leído el pensamiento. Creo que tienes una percepción especial. En serio. Dentro de ti hay un ser luminoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hice ademán de pintarme la sonrisa con esmero pero me temblaba la mano. Alcancé a marcar dos o tres puntitos y luego esparcir el carmín por el resto de los labios restregándolos con fruición. Sabía que estaba dando el espectáculo, pero importaba mucho menos que antes. Le pregunté dónde iba, a qué iba, y si le hacía feliz la idea de aquel viaje. La mujer se excusó rápidamente, me arrebató el carmín y se marchó.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La imaginé acudiendo espantada a aquella comisaría del Infierno, a delatarme. Pero yo tenía una misión. No sabía muy bien cuál, sólo que la primera fase era encontrar algo que beber. Busqué las gafas de sol y, debidamente camuflada, salí corriendo a cumplirla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sala del aeropuerto pasó a mi lado como un tren en movimiento, dejando estelas de luz y color difusos. Corrí hacia la primera máquina de refrescos, pasándome la lengua por los labios rojos como si estuviera en el desierto. Saqué una botella de agua de litro y medio, y me bebí la mitad de un par de tragos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía por aquel entonces dejaban fumar en Barajas. Me senté en otro banco y encadené un cigarrillo con otro, mientras respiraba. A veces, de pronto uno es totalmente consciente de que respira, y nunca lo fui tanto como en ese momento: mi caja torácica se abría y cerraba, se abría y cerraba, en rítmicas de cadencia cada vez más profunda. Me costaba pensar. Una vocecita que provenía de algún lugar de mi cabeza aún cuerdo me repetía que saliera de ahí cuanto antes. Cuanto antes. A ser posible, a algún lugar oscuro con música de fondo. Pero no era capaz de guiarme. No era capaz. Me levanté de nuevo, y mientras intentaba formarme un esquema medianamente lógico de la realidad en la cabeza paseé por los pasillos abarrotados del aeropuerto, arrastrando la maleta, hasta llegar a las ventanillas de las líneas aéreas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ahí me paré, escudriñando tras las gafas y mordiéndome los labios como un niño a la puerta de una pastelería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía un mes de vacaciones, algo de dinero, y muy pocas ganas de enfrentarme a más policías. De todas las cosas que se me ocurrían en el mundo, lo último que quería hacer era ver la cara de un poli. Y menos aún hacer el tortuoso viaje de vuelta a casa, sobre todo porque era de día y el sol brillaba amenazante. Pensé en llamar a alguien, pero no quería dar explicaciones. Una llamada de socorro desde Barajas, y especialmente desde el mundo de Nunca Jamás, hubiera espantado a cualquiera. La mera idea me hacía reír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Me voy de aquí!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente a mi alrededor sonrió. “Ahí va otra turista entusiasta”, debieron pensar. Les sonreí abiertamente. Respiré. Bebí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía que haber algún sitio donde ir. El mundo era muy grande. Y la mejor salida de aquel aeropuerto tan cruelmente luminoso, aun con gafas de sol, era hacia arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerqué a la ventanilla de KLM. Siempre me había gustado la letra K.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé a pedir precios como si fuera la frutería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había una oferta muy tentadora a Estambul, y otra a Ámsterdam. También ofrecían viajes baratos a Viena, a Praga y a Moscú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah, pero Moscú no está en la Comunidad Europea...todavía recordaba las palabras de aquel policía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y no hay nada realmente económico para salir hoy mismo? ¿A Europa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La perpleja azafata miró el catálogo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Atenas, veinticinco mil pesetas.&lt;br /&gt;- ¿Grecia es de la Comunidad Europea?&lt;br /&gt;- Sí, señorita.&lt;br /&gt;- ¿Seguro?&lt;br /&gt;- Seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces recordé a Yiannis, el chipriota que había sido mi mejor amigo en la facultad y que se había recluido en Atenas para vivir su homosexualidad libremente. ¡El dulce Yiannis! De pronto necesitaba verlo. De pronto, la Acrópolis se extendía frente a mi en todo su esplendor. Me imaginé durmiendo a la sombra de los viñedos y escuché a Zorba cantar en la lejanía al ritmo de un sirtaki. Era mi destino. Todo encajaba, todo tenía una explicación factible. Yiannis me esperaba. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Compré un billete a Atenas con escala en Roma. Sólo tendría que esperar dos horas. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116484669207406664?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116484669207406664/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116484669207406664&amp;isPopup=true' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116484669207406664'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116484669207406664'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/11/en-las-nubes-ii.html' title='En las nubes - II'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116449110386504979</id><published>2006-11-25T22:38:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T14:56:08.612+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En las nubes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>En las nubes - I</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/6900/1377/1600/626423/pasaporte.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/6900/1377/320/779007/pasaporte.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;1. Un despiste&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mil novecientos noventa y tres fue el año en que mi íntima amiga Shazea se marchó a vivir a Londres con aquel inglés rubio, sonriente y sonrosado que se había adosado. Habíamos sido inseparables desde primero de facultad, y sin ella me sentía huérfana. Atrás quedaron nuestras largas noches en las barras más sórdidas de Malasaña, consumiendo tequilas e incitando a los camareros; nuestras tardes literarias en el suelo de su piso en la Calle del Tesoro, con velas, marihuana y la compañía de Nina Simone, The Cult o Violent Femmes; los desayunos de bocatacalamares y cañas en el Rastro antes de irnos a la cama; las interminables discusiones que siempre acababan bien y a menudo en las mismas barras sórdidas y con los mismos camareros. Atrás quedaban años de confidencias, locuras compartidas y empatía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dolió mucho su emigración, pero en el fondo me alegré por ella, porque sabía que era feliz aunque fuera sin mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, cuando un año después me llegó la invitación a su boda, empecé a organizarme desde un mes antes: acomodé mis vacaciones de verano, pedí un préstamo, me compré un vestido extravagante de los años cincuenta, me corté el pelo, me puse a dieta, y saqué un billete de avión muy barato a Londres. Iría una semana antes, para celebrar su despedida de soltera las dos solas con el escándalo entusiasta que nos caracterizaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preparé dos regalos: para los novios, un poema que leería en la ceremonia; para nuestra fiesta particular, cuatro pastillas de éxtasis en una pastillera de plata y arabescos que había pertenecido a mi abuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Barajas bullía con viajeros y las colas eran interminables. Pero yo había cumplido todas las leyes de la previsión y llegué tres horas antes del vuelo. Desayuné parsimoniosamente y luego me puse a esperar para facturar la maleta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegué al final de la cola de British Airways ya sólo quedaban dos horas. No había por qué preocuparse: seguía sobrando tiempo. Entregué mi DNI y mi billete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La azafata me devolvió el DNI y me dijo que necesitaría enseñarle el pasaporte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué? – pregunté.&lt;br /&gt;- Porque su DNI caducó ayer, señorita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que entonces sentí esa leve sensación de calor en la parte inferior del estómago, la misma que precede a un mal presagio, a una mala noticia o a un orgasmo. Tragué y asentí. No pasaba nada: tenía mi pasaporte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un leve rebuscar nervioso en el bolso, saqué el preciado documento y se lo entregué a la azafata con una sonrisa. Tras una breve ojeada, me lo devolvió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Su pasaporte caducó hace dos semanas.&lt;br /&gt;- ¿Cómo?&lt;br /&gt;- Como le digo. Le ruego que retire su maleta de la báscula para que pueda atender al siguiente pasajero.&lt;br /&gt;- Pero...&lt;br /&gt;- No puedo hacer nada. Si necesita un documento de emergencia, vaya a la oficina de policía, al final de aquel pasillo.&lt;br /&gt;- Pero...&lt;br /&gt;- Retire su maleta, por favor. Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un veinticinco de julio. Santiago apóstol. Al menos la mitad de la plantilla del aeropuerto y del país estaba de vacaciones. En la oficina de la policía había un solo empleado, que evidentemente había tenido un mal día. Cuando llegué, estaba discutiendo con un turista americano al que le habían robado la cámara de fotos, intentándole convencer con un inglés alfredolandesco de que no podía hacer nada, ni siquiera cursar una denuncia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nozing, nozing, sorry. Go to polís in sity.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pobre turista intentaba razonar: la cámara se la habían robado en el aeropuerto, y el centro estaba a 40 Km. Pero el policía se mantenía en sus trece:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Polís in sity.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El turista, que ya se había percatado de que no se estaba haciendo entender, aprovechó para espetar al policía con todo tipo de lindezas que en su país hubieran acabado con sus huesos en Guantánamo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un torpe intento de agilizar las cosas para solucionar lo mío, entré en la conversación y traduje al policía irritado una versión libre de insultos de lo que el turista estaba intentando explicarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa, que me ves cara de tonto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me callé, y puse mi mejor cara de sumisión. Le dije al turista que mejor se olvidara de su cámara, que al fin y al cabo estaba en España. El hombre me miró de arriba abajo, esputó varias palabras empezando por F, y se marchó indignado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces ensayé una sonrisa, y me acerqué tímidamente a la ventanilla para exponer mi caso, aun sospechando por la cara de infinito hastío del policía que no iba a ser mucho más fácil de solucionar que el de mi predecesor. Pero ideé una estrategia de última hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Necesito un pasaporte de emergencia, el mío ha caducado y no me había dado cuenta.&lt;br /&gt;- DNI.&lt;br /&gt;- Pues... resulta que me han robado la cartera justo ahora, y con ella el DNI. Así que también tendré que poner una denuncia.&lt;br /&gt;- Está claro que me ves cara de tonto. Aquí sólo estoy yo. No puedo hacer nada. Vete a la comisaría de Sol.&lt;br /&gt;- Pero es que mi avión sale dentro de una hora.&lt;br /&gt;- ¿Y qué?&lt;br /&gt;- Por favor, haga algo. Voy a la boda de mi mejor amiga.&lt;br /&gt;- ¿Dónde?&lt;br /&gt;- En Londres.&lt;br /&gt;- No puedes ir a Londres con un pasaporte caducado. Eso sí, puedes ir a cualquier otro país de la Unión Europea. Pero al Reino Unido no.&lt;br /&gt;- Entonces, ¿me puede ayudar?&lt;br /&gt;- No.&lt;br /&gt;- Pero es que no me da tiempo a ir a comisaría...&lt;br /&gt;- ¿Te lo explico otra vez? No puedo atenderte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás de mí se iba formando una pequeña cola: víctimas de carteristas, dueños de maletas robadas, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí que esa noche dormiría en Inglaterra como fuera. La diplomacia fue abandonándome para dar paso a la rebeldía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Esto es una comisaría. Creo que tengo derecho a exigir este trámite.&lt;br /&gt;- Vamos a ver, ¿te vas a poner gallita como el yanqui?&lt;br /&gt;- No me pienso ir sin que me tramite una denuncia y me emita un pasaporte de emergencia.&lt;br /&gt;- Muy bien. Pasa por aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre salió de la oficina, me agarró por la muñeca con más fuerza de la necesaria, y me arrastró a una sala vacía, donde tan sólo había un par de sillas y una mesa. Una vez ahí, me dio un empujón en los hombros y caí sobre una de las sillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te esperas aquí hasta que yo venga, y hablamos. Y espero no tener que llamar a algún compañero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Salió dando un portazo, y me dejó ahí sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sensación de calor se había multiplicado y ya recorría todas mis entrañas. La idea de perderme aquel viaje por culpa de mi imperdonable doble despiste me sobrecogía. Empecé a llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces fue cuando sopesé la situación: estaba encerrada en una sala de la comisaría del aeropuerto. Mis documentos no estaban en regla. Había mentido acerca de un robo, cosa que podrían comprobar fácilmente con sólo vaciarme el bolso. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De pronto, recordé algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pastillera de la abuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sorbiendo a toda prisa por la nariz, miré en el fondo del bolso: ahí estaban. Las había envuelto en plástico y a su vez las había enterrado en una bola de algodón impregnada de colonia, para evitar cualquier tipo de detección. Pero ahora estaba retenida por un sádico, y aunque sólo eran cuatro &lt;em&gt;pirulas&lt;/em&gt; no quería arriesgarme a tener problemas de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré a mi alrededor: seguramente habría cámaras. Empecé a lloriquear, esta vez fingiendo puesto que la sensación de terror me había secado las lágrimas de golpe. Metí las manos en el bolso y, como si buscara algo, desenvolví el éxtasis. Saqué la mano de nuevo con un paquete de &lt;em&gt;Kleenex&lt;/em&gt;, y mientras me sonaba la nariz me fui tragando las pastillas, una a una. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116449110386504979?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116449110386504979/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116449110386504979&amp;isPopup=true' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116449110386504979'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116449110386504979'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/11/en-las-nubes-i.html' title='En las nubes - I'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116389300986269283</id><published>2006-11-19T00:35:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T14:55:30.120+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>El dios de barro</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/broken_cross.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/broken_cross.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;Perdí la fe en ese dios de barro.&lt;br /&gt;Barrí la estela de sus milagros&lt;br /&gt;Y de su estampa.&lt;br /&gt;Guardé el rosario, cerré la urna,&lt;br /&gt;Quemé el altar.&lt;br /&gt;Olvidé los rezos y plegarias,&lt;br /&gt;Rasgué los restos de devoción.&lt;br /&gt;Me arranqué el pequeño escapulario,&lt;br /&gt;Lo hice un nudo&lt;br /&gt;Y lo tiré al mar.&lt;br /&gt;Ahogué las ascuas de la pasión&lt;br /&gt;En el recuerdo.&lt;br /&gt;Y así, pagana,&lt;br /&gt;Laica e infiel,&lt;br /&gt;Lancé esa cruz sobre la cuneta&lt;br /&gt;Y me puse a andar.&lt;br /&gt;Allá el infierno, allá los cielos.&lt;br /&gt;Allá ese limbo donde descansan&lt;br /&gt;Los niños que nunca nacerán.&lt;br /&gt;Allá el demonio con sus desvanes.&lt;br /&gt;Que venga hasta aquí y que se me lleve&lt;br /&gt;Porque mi fe ya no volverá.&lt;br /&gt;Que venga Dios y me ponga un reto,&lt;br /&gt;Porque si peco, peco sin culpa&lt;br /&gt;Y mi inocencia es aún más pecado&lt;br /&gt;Porque la niego. ¿Qué más me da?&lt;br /&gt;Si ya no hay más barro en este patio,&lt;br /&gt;Si ya mi sangre&lt;br /&gt;No es de su sangre&lt;br /&gt;Si ya mi carne no es de su carne.&lt;br /&gt;Si ya no hay pan con qué comulgar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116389300986269283?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116389300986269283/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116389300986269283&amp;isPopup=true' title='16 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116389300986269283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116389300986269283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/11/el-dios-de-barro.html' title='El dios de barro'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116368144763454238</id><published>2006-11-16T13:42:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T14:56:08.613+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Pirata</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/treasuremap.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/treasuremap.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;He dado un paseo por el terreno que configura tu geografía.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;El campo es liso, la tierra es llana. &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Apenas baches.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Es casi imperceptible el viento, &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Pero sí hay lluvia. &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;A menudo, tuve que guarecerme en un rincón&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;- el párpado izquierdo hizo de marquesina-&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Para evitar el aguacero. Y no es que no me guste mojarme,&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;No…&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Es que luego vengo a la oficina&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Completamente empapada&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Y me preguntan, “¿Está lloviendo?”&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Y nunca sé qué contestar.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Me compraré un paraguas. &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, he descubierto un huequecillo&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Muy resbaladizo en el iris derecho,&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Donde, los días de sol, se abren los claros&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Y se me entumecen los ojos de luz &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;verdiazulamarilla&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Que parece taladrar el espacio&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Desde las más recónditas estrellas de Orión.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Me compraré un pararrayos. &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Me compraré una brújula.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Y no, no te preocupes.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Cuando tenga el mapa dibujado&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Lo meteré en una botella y te lo enviaré&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Con las coordenadas,&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Y así te pongas el parche&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;El loro en el hombro&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Y sepas cuántos pasos dar exactamente&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;En pos de tu botín&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116368144763454238?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116368144763454238/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116368144763454238&amp;isPopup=true' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116368144763454238'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116368144763454238'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/11/pirata.html' title='Pirata'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116250597474938429</id><published>2006-11-02T23:09:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T14:56:51.677+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Al oeste de todo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Al oeste de todo - X  y último</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/lilitaly.0.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/400/lilitaly.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;10. Like a motherless child&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;embed name="player" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" src="http://filelodge.bolt.com/player/mp3.swf" width="200" height="100" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" flashvars="&amp;config=http://filelodge.bolt.com/player/config-200x100-nostart.xml&amp;amp;file=http://www.filelodge.com/files/room45/1294577/Melek%20Habassa%20and%20the%20New%20Melody%20Sometimes%20I%20feel%20like%20a%20motherless%20child.mp3"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cogí el metro hasta Harlem y me adentré entre las calles diáfanas, el olor a pollo frito y los niños jugando a la pelota contra los graffitis. Un precoz sol de mañana celebraba el ambiente dominical reflejándose en los vestidos y sombreros blancos de las ancianas endomingadas rumbo a la iglesia con su prole de hijas e hijos, cuñadas, cuñados y nietos, todos igualmente engalanados y ruidosos. Seguí a un grupo hasta la puerta de la Abyssinian Baptist Church, alisé como pude las arrugas de mi abrigo y entré, colocándome discretamente en un banco al fondo de la iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pastor, alto y revestido de blanco inmaculado, pilotó el viaje a la exaltación mística. La gente asentía, respondía, se entusiasmaba cada vez más, como si no hubiera verdad más grande que sus palabras ni mal más despreciable que lo que se encontraba fuera de su discurso. Y, sin embargo, había un tono de enternecedora bondad en cada gesto. Cuando rompió a cantar el coro, cerré los ojos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Sometimes I feel like a motherless child&lt;br /&gt;Sometimes I feel like a motherless child&lt;br /&gt;Sometimes I feel like a motherless child&lt;br /&gt;A long way from home (*)&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hambre. La impermeabilidad, cuando va abandonando la piel, produce mucho hambre. Comí arroz creole en un restaurante abarrotado de gente, repetí dos veces el café, y me senté en un banco de Sugar Hill a mirar cómo el cielo se volvía cada vez más gris. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y, aunque el viento aullaba al atardecer cuando volvía a Brooklyn a través de interminables venas subterráneas, aunque se podía sentir su látigo sobre las ventanas del vagón al cruzar el puente sobre el Hudson, y el skyline brillaba con una pálida luz grisácea bajo el cielo cargado de electricidad, las voces estaban calladas dentro del túnel y el polvo se iba levantando sobre las ruinas. Y pensar, volver a pensar, como si pensar fuera un juego nuevo, como si fuera un reto, como si el que una vez te quiso nunca te hubiera tenido para perderte ni el que te vio nacer hubiera vivido para morir. Como si la vida realmente no fuera más que subirse al tiovivo de un parque en plena verbena, y los cataclismos del destino la risotada de los cabezudos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sarah me recibió con mil preguntas, pero no fui capaz de contestar a casi ninguna. Sólo quería descansar. Alan, que aún estaba ahi, nos invitó a una tertulia literaria en la fundación donde trabajaba James. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Nos llamó y dijo que te habías ido sin despedirte. ¿Tan mal fue?&lt;br /&gt;- Fue maravilloso.&lt;br /&gt;- ¿No vas a venir?&lt;br /&gt;- No. Estoy cansada y hay tormenta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando se marcharon me quedé dormida como un bebé en el sofá del salón. No soñé nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amanecí la mañana siguiente tapada con una manta, Sarah zarandeándome suavemente el hombro. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me voy a trabajar. No podré acompañarte al aeropuerto.&lt;br /&gt;- No te preocupes. Nos veremos pronto, quién sabe dónde. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nos abrazamos. Nos prometimos escribir. Prometí escribirles a todos, mandarles las fotos, tenerles al tanto de mi vida. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el aerobús rumbo a JFK, apoyé la cabeza contra el cristal de la ventana y pensé en qué película pondrían en el avión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;(*) A veces me siento como un niño sin madre&lt;br /&gt;A veces me siento como un niño sin madre&lt;br /&gt;A veces me siento como un niño sin madre&lt;br /&gt;Muy lejos de casa&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Foto: Niños y cerdos en un camión, Harlem, NY&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116250597474938429?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116250597474938429/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116250597474938429&amp;isPopup=true' title='18 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116250597474938429'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116250597474938429'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/11/al-oeste-de-todo-x-y-ltimo.html' title='Al oeste de todo - X  y último'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116199831237269029</id><published>2006-10-28T03:06:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:56:51.678+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Al oeste de todo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Al oeste de todo - IX</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/grafitti.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/400/grafitti.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;9. Rojo&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dormíamos, en medio de sábanas arrugadas y llenas de manchas resecas, sobres de condones vacíos y un olor astringente retenido entre las ventantas cerradas de la habitación.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Soñé en colores vivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soñé que el túnel se ensanchaba, las paredes se suavizaban, Marvin me sonreía al borde de un recoveco iluminándose la cara con una linterna, y Sarah cantaba una dulce balada sentada en el suelo mientras se apretaba más y más los botones de su minúsculo abrigo gris. Y a ambos lados, pequeños ventanales iluminados por la luz rojiza de un paisaje post-apocalíptico: esqueletos de edificios, carbonizados, tímidas lenguas de fuego entre las cenizas, dunas de polvo, y el cielo ennegrecido en un cataclismo mortecino y estéril.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;James apoyado en la pared del túnel a mi lado, compartiendo un Chesterfield con Marvin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la otra pared, agazapado entre las sombras, aquel que me abandonó de pie, en silencio, la vista puesta en un punto infinito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, más allá, donde se ensanchaban las paredes, mi difunto padre mirando a través de una de las ventanas por un telescopio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mira, Marte cada vez está más cerca. Acércate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corrí hacia él, miré por el telescopio y vi millones de estrellas cruzar el espacio en una carrera vertiginosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Papá, ¿qué está pasando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nos abalanzamos sobre el universo a la velocidad de la luz. La tierra se ha salido de su órbita. ¿Es que no lo sabías?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No te preocupes, tú agárrate fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté con lágrimas en los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La espalda café con leche de James se mecía a mi lado al vaivén de su respiración, ajena a todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me duché, me vestí, arranqué una hoja de mi diario, y le dejé una nota en la mesilla:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Gracias por el viaje.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Foto: Grafitti urbano, el Bronx, NY.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116199831237269029?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116199831237269029/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116199831237269029&amp;isPopup=true' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116199831237269029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116199831237269029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/10/al-oeste-de-todo-ix.html' title='Al oeste de todo - IX'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116164261900971172</id><published>2006-10-24T00:26:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:56:51.678+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Al oeste de todo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Al oeste de todo - VIII</title><content type='html'>&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/kgb.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/kgb.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;embed name="player" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" src="http://filelodge.bolt.com/player/mp3.swf" width="200" height="100" type="application/x-shockwave-flash" flashvars="&amp;config=http://filelodge.bolt.com/player/config-200x100-nostart.xml&amp;amp;file=http://www.filelodge.com/files/room45/1294577/Kenny%20Rogers%20The%20Gambler.mp3" allowscriptaccess="always"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;8. James&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llegamos al KGB Bar en taxi. De vuelta al Village y a los aledaños del Bowery. Ni una palabra sobre la esquina donde yacía el recuerdo de Marvin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguí a Sarah por unas escaleras en semioscuridad. Arriba, sentado sobre un taburete, un negro enorme me escudriñó unos segundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hola, Tommy. Esta es una amiga.&lt;br /&gt;- Pasad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bar tenía las paredes pintadas de rojo y unos cuantos pósters retro con imágenes de Marx y Lenin, y acérrimos partisanos cargando sus hoces con el sol en la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Esto es legal? – pregunté con una sonrisa ladeada.&lt;br /&gt;- Qué dices, es lo más. Es casi exótico. Y a veces hasta dejan fumar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fondo del bar varias manos se alzaron en saludo. Seguí a Sarah hacia la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Aquí tenéis a mi inquilina favorita. Estos son James, Wilkie, Alan, Leslie y Melanie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuestión de minutos tenía delante un gin-tonic y ya me habían explicado lo que había que saber sobre cada uno: James, nacido en el Bronx y de ascendencia portorriqueña, trabajaba en una fundación literaria; Wilkie era inglés de padres coreanos, y estudiaba en el Actor’s Studio con una beca; Alan, canadiense, compartía piso con Wilkie y estudiaba Bellas Artes. Leslie y Melanie escribían en un periódico y eran lesbianas irlandesas. De alguna manera extraña, yo encajaba en esa amalgama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el primer momento, incluso desde antes de esa informativa introducción, ya sabía que James me había elegido como presa. Se sentó a mi lado y me mantuvo provista de gin-tonics mientras repasábamos la política internacional. Nunca me había imaginado que nadie pudiera hablar del 11-M en Madrid y flirtear a la vez, pero el detalle me resultó de una canallez encantadora. Le ataqué con unos cuantos clichés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El problema es que aquí vivís el imperio del miedo. Y eso os lleva a la perdición.&lt;br /&gt;- Ajá. Michael Moore también traspasa fronteras. Y dime, ¿Tú crees que hay motivos?&lt;br /&gt;- Dímelo tú.&lt;br /&gt;- Yo no te tengo miedo a ti.&lt;br /&gt;- No hablaba de mi.&lt;br /&gt;- ¿Existe otro tema mejor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cuando en cuando los fumadores bajábamos a la calle a fomentar nuestro vicio. James y Alan solían acompañarme en cada ocasión, y este último – más preocupado por beneficiarse a Sarah que por otra cosa – observaba divertido y silencioso nuestra diatriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es absurdo Sólo se puede fumar fuera y beber dentro – me quejé.&lt;br /&gt;- En mi casa se pueden hacer ambas cosas.&lt;br /&gt;- Y seguro que está aquí, a la vuelta de la esquina.&lt;br /&gt;- Has adivinado. ¿Tienes tu cepillo de dientes?&lt;br /&gt;- Está en casa de Sarah.&lt;br /&gt;- Entonces que vaya Alan a buscarlo y ya te lo traerá por la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más risas. Yo consumía gin-tonics y Marlboro Lights uno tras otro, me dejaba llevar y me impermeabilizaba. Fluye, fluye, deja que se lave todo en un mar de testosterona. James era todo testosterona y humor afilado en un apetecible empaquetado multirracial. Yo le miraba, y él fingía azorarse. Se atusaba su jersey gris de Yale y empuñaba la lanza de su lengua viperina lo justo para no ser demasiado insolente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las dos de la mañana, en un bar &lt;em&gt;country&lt;/em&gt; dos bloques más abajo, Sarah me dio un codazo. Los ojos le brillaban por la mezcla de ron con medicinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No te cortes. Si quieres nos vemos por la mañana.&lt;br /&gt;- No seas tonta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró en dirección a Alan, y se acercó a mi oído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Espera a que me haya ido, porque igual me voy con éste. Tú hazte la loca, como que no te enteras.&lt;br /&gt;- Soy experta en no enterarme.&lt;br /&gt;- Pues practica.&lt;br /&gt;- Estás borracha.&lt;br /&gt;- Dejemos el tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que practiqué. La impermeabilidad. El túnel. Expiemos nuestros pecados en la clandestinidad de la noche. Sarah empezó a fingir mareos. Alan se ofreció a llevarla hasta Brooklyn.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tú quédate – me dijo – no vayas a estropear tu primera noche de juerga en Nueva York por una mocosa, ya la cuido yo.&lt;br /&gt;- Sois libres. Somos todos libres.&lt;br /&gt;- Los americanos tienen demasiada libertad, recuérdalo.&lt;br /&gt;- Y los canadienses siempre estaréis a la merced de su albedrío.&lt;br /&gt;- Estás borracha. Me voy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las lesbianas irlandesas y el actor coreano-inglés estuvieron de acuerdo en que sería lo mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;James se atusó el jersey de Yale.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí observar su técnica pasivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ligereza, impermeabilidad. A las tres de la mañana yo ya me limitaba a mecer la cabeza al ritmo de Kenny Rogers.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;You got to know when to hold ’em, know when to fold ’em,&lt;br /&gt;Know when to walk away and know when to run.&lt;br /&gt;You never count your money when you’re sittin’ at the table.&lt;br /&gt;There’ll be time enough for countin’ when the dealin’s done.&lt;/em&gt; (1)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin mediar más palabras James se levantó, me miró fijamente y anunció que se iba a casa. Me besó en la mejilla y me dejó ahí, con los otros tres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les miré. Wilkie jugueteaba con la pajita de su bebida; Leslie y Melanie se besaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré hacia la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Now ev’ry gambler knows that the secret to survivin’&lt;br /&gt;Is knowin’ what to throw away and knowing what to keep.&lt;br /&gt;’cause ev’ry hand’s a winner and ev’ry hand’s a loser,&lt;br /&gt;And the best that you can hope for is to die in your sleep.&lt;/em&gt; (2)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté y salí corriendo hacia la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;James estaba ahí, apoyado contra la pared, encendiendo un Chesterfield con una caja de cerillas roja del KGB.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Tienes fuego? – le pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiró el cigarrillo a la acera, y en el mismo ademán me agarró por la cintura con el brazo derecho y con el izquierdo por la nuca. Nos fundimos con la pared en el morreo más desenfrenado y desvergonzado que recuerdo haber protagonizado nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acompañé el viaje descarado de sus manos por debajo de mi abrigo con las mías, sintiendo cada bulto y cada fibra tensada hasta que sólo restaba desnudarse. Cogiendo aliento, corrimos de la mano a su casa tres manzanas más abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando apareció el sol, horas más tarde, caímos rendidos.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;N. de T.:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;[1] Deberás saber cuándo quedártelas, cuándo guardártelas&lt;br /&gt;cuándo marcharte y cuándo correr.&lt;br /&gt;Nunca cuentes tu dinero mientras estés sentado a la mesa.&lt;br /&gt;Ya llegará el momento cuando se haga el reparto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[1] Todo jugador sabe que el secreto para sobrevivir&lt;br /&gt;es saber qué tirar y con qué quedarse.&lt;br /&gt;Porque toda mano es ganadora y toda mano es perdedora,Y lo mejor que puedes desear es morir mientras duermes.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Foto: KGB Bar, NY.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116164261900971172?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116164261900971172/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116164261900971172&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116164261900971172'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116164261900971172'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/10/al-oeste-de-todo-viii.html' title='Al oeste de todo - VIII'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116152918825504102</id><published>2006-10-22T16:41:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:56:51.679+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Al oeste de todo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Al oeste de todo - VII</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/stpatricks.0.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/400/stpatricks.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;b&gt;7. Impermeable a todo&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Dejé a Sarah en Madison Avenue, subiendo a zancadas las escalinatas del Oxford University Press con un café de Starbucks en las manos. Anduve calle arriba despacito, retando con mi parsimonia a los miles de cuerpos que se cruzaban con el mío, disfrutando inmensamente de la sensación de sentirme invisible. En Manhattan nada sorprende: Puedes disfrazarte de lechuga, mandril o trilobito en plena Quinta Avenida y a nadie le resultará lo más mínimamente extraño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso nadie se asombró de que me sentara, con mi vestido de lana roja, al borde de una lápida mohosa en el cementerio de la Catedral de St. Patrick’s, que, abierto, perenne e intemporal, se fundía con la gran urbe. Y de que siguiera allí incluso cuando empezó a llover. Era octubre, era sábado, y yo era Sylvia Plath emulando a Mary Shelley, fascinada por el híbrido gótico-urbano-intemporal y haciendo chas-chas-chas con las botas de cuero sobre el suelo al ritmo de las gotas de lluvia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Impermeable, seré impermeable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atravesaba impertérrita mi túnel. Y fue justo entonces cuando me di cuenta de que, en cierto modo, tenía un motivo haber llegado hasta ahí, hasta los camposantos urbanos bajo la lluvia. Pero que lo mejor de todo era que el motivo no importaba. Atravesaba el túnel incólume, acarreando el estigma de mi propia futilidad, mientras que a mi alrededor la gente sobrevivía y caía sin preguntarse siquiera el por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Impermeable a todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que me puse la coraza. Me levanté. Volví a Madison Avenue y me encontré con Sarah esperándome a la puerta de su trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estás empapada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No lo creas, estoy seca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eres tan rara...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vamos a comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Esta noche te presentaré a unos amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me encanta la idea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos a un restaurante en Little Italy. Nada más terminar el último vermicelli, Sarah desapareció media hora en el cuarto de baño. Volvió un poco más pálida que de costumbre, y perseguí sus ojos esquivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Has vomitado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Podríamos dejar el tema?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Como quieras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a la impermeabilidad. El metro de vuelta a Brooklyn, Park Slope oliendo a lluvia, el asfalto brillando como un espejo, la siesta en el silencio, y de pronto el teléfono tres, cuatro, cinco veces, la ducha, qué me pongo, ponte esto, no seas tímida, te queda bien, préstame tu jersey, pásame el secador, swsssh swsssh swsssh. Lápiz de labios, polvos compactos, eres impermeable, recuerda. Los Talking Heads en la cadena del salón y el clack-clack-clack de los tacones por el pasillo de madera.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Foto: Cementerio de la Catedral de St. Patrick's, NY.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116152918825504102?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116152918825504102/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116152918825504102&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116152918825504102'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116152918825504102'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/10/al-oeste-de-todo-vii.html' title='Al oeste de todo - VII'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116119983144031918</id><published>2006-10-18T21:21:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:56:51.680+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Al oeste de todo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Al oeste de todo - VI</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/brooklyn.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/brooklyn.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;6. Sarah&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;15th Street, Brooklyn. Casas coloniales marrones, rojas y grises erguidas a lo largo de la calle con sus blancas balaustradas y sus escalinatas de madera. Cafés con puertas rojas, blancas, verdes, algunos abiertos aún. Menús pintados en blanco sobre el cristal, &lt;em&gt;Coffee and Corned Beef Sandwich, $4.50.&lt;/em&gt; El olor a bagel y queso brie flotando al abrirse la puerta de un restaurante kosher, la gente apresurada, caras de todos colores brillando a la luz de las farolas, pasando rápidas a mi lado, mirándome de soslayo, otra viajera más con otra maleta llena de ecos de otras voces, ¿qué idioma hablarán sus voces? Nadie se pregunta nada pero en el fondo todos parecen preguntarse demasiado. First Baptist Church a mi izquierda, a las diez de la noche todavía salía luz de una de las cristaleras de colores, y una mujer se ataba con rapidez los cordones de un zapato apoyada en la pared de piedra. Torcí la esquina de 6th Street y choqué contra un viejo chino. Sonrisas nerviosas, llevo voces en la maleta, usted disculpe, &lt;em&gt;I’m sorry&lt;/em&gt;. Se volvió a mirarme cuando enfilé calle abajo. Él no sabía que lo sabía, pero lo sabía. Hay ojos distantes que pueden tocarte la nuca como dendritos kilométricos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos manzanas más, tres, casi no se podían contar desde el principio de la calle. Desaparecía la gente, y estaba sola de nuevo. ¿Y si diera media vuelta y buscara cualquier otro lugar, donde nadie me conozca? ¿Y si empezara de cero? Un brevísimo instante que pasó como un semáforo en rojo en la niebla del cansancio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero seguí hasta el final. Las luces de las ventanas eran todas amarillas. El olor a cedro. Una vieja bañera en el jardín de la casa de aquel actor, albergando una plantación de flores naranjas. El eco de las voces de la maleta ahogándose al subir las escaleras de la casa de Sarah.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Por fin estás aquí! Y mírame a mí, con esta pinta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sarah a la puerta, moqueando medio griposa. Su sonrisa de Philadelphia hacía apología de la educación colonial en circunstancias adversas. La dulce Sarah, ojillos chispeantes bajo rizos castaños y un mohín de educada curiosidad. Impenetrable o tal vez demasiado cristalina, Sarah era ese tipo de amiga que marca las distancias y a la vez ofrece la calidez de su compañía. Siempre moderada, breve, dispuesta a dar lo justo para hacerte sentir bienvenida, pero permanentemente protegida tras su escudo de sobria coherencia. Padres divorciados, niñez entre dos casas blancas con dos columpios en dos verdes jardines. Robles centenarios y buganvillas tras la verja. Y mucho trajín de colegios privados. Es difícil quitarse la máscara cuando toda tu vida has estado encorsetada en un uniforme. Hija única, independiente y viajera como yo. Tal vez era eso lo que marcaba el nexo de unión entre dos personas tan diferentes. Pero yo estaba medio huérfana y buscaba más de lo que podía aspirar a encontrar. Ella nunca lo comprendería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dio la bienvenida entre toses, y dejé caer la mochila en el sofá del salón. Restos de comida en la mesa. Decliné la invitación a cenar, mi estómago empachado de emociones contradictorias. Dejé la maleta en el suelo, sonreí, hice chascarrillos sobre el viaje y mi estancia en el “pintoresco hotel”. Libros por todos lados. Olor a madera vieja, a noodles con curry, a ropa en la lavadora. La bañera tenía patas de león de acero. La ducha caliente y el agua a rabiosa presión, una de las pocas ventajas de estar a este lado del mundo. Lavé las voces, lavé el eco y sonreí al envolverme en la toalla; mariposas o no, seguiría coleccionando recuerdos para el invierno, como instantáneas de polaroid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí no contarle a Sarah lo que había visto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dormí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la mañana, en un estado de duermevela, la acompañé a Manhattan; le tocaba trabajar ese sábado. El puente de Brooklyn centelleaba con los primeros rayos del sol a nuestro paso en el autobús, y ahí al fondo el perfil mutilado de la ciudad. La acusadora ausencia de las torres gemelas que apuntaba con un dedo a cada uno de los miles de personas que cruzaba el Hudson rumbo a su trabajo, sus estudios, su búsqueda, su vida bicolor. Y yo metía el dedo en el hueco de mis pensamientos. ¿Con qué rellenas el vacío? ¿Con qué expías la culpa? Derribarán mil torres en cada uno de nosotros y seguiremos buscando, buscando, buscando al eterno culpable. Acoplándonos al miedo. Acomodándonos en el despecho y el rencor. Generando angustia. La única culpable eres tú, lo somos todos, me decía. Y no sabía muy bien de qué me acusaba. Sólo que ahí, esa mañana, rezagada contra el frío cristal de la ventana del bus, había empezado a buscar el relleno a los vacíos que aún quedaban por llenar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dopada de antigripal, Sarah me miraba con introspección distanciada, la sonrisa neutra, la mirada practicando indiferencia fingida. El respeto a la intimidad: primera lección de ética bostoniana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Verás qué bonita está la ciudad un sábado por la mañana – comentó – y permaneció en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No lo dudo – musité.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;(Foto: Park Slope, Brooklyn, NY)&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116119983144031918?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116119983144031918/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116119983144031918&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116119983144031918'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116119983144031918'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/10/al-oeste-de-todo-vi.html' title='Al oeste de todo - VI'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116102856683801131</id><published>2006-10-16T21:46:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:56:51.680+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Al oeste de todo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Al oeste de todo - V</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/centralpark2.0.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/centralpark2.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;strong&gt;5. Una mota de polvo en el aire&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Me di la vuelta y eché a andar. Yo no era sino un alien más de la City, compartiendo los primeros días del otoño con sus aceras humeantes, sus rebaños de gente, sus banderas tímidamente ondeando en la brisa. Un alien a pesar de que, en realidad, en una ciudad como Nueva York nadie tiene motivos para sentirse extranjero ni ajeno a nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un lugar como éste, estás en todos lados y en ninguno a la vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasé toda la tarde en Central Park, sin pensar. Que pensaran por mí los árboles. Que pensaran las estatuas de Literary Walk protegidas por sus corazas de cobre. Que pensaran los vagabundos del &lt;em&gt;Ramble&lt;/em&gt;. Que pensaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz era azul y acuosa, los árboles verdes, rojos, morados, naranjas, mil destellos bajo la sombra de un roble, yo tumbada en la hierba húmeda cerca de la orilla del estanque, la mochila de almohada, la maleta bajo mis pies. Si cerraba los ojos me mecían cientos de sonidos, el rask rask rask rask de las hojas, el cuá cuá de los patos, el swissh swissh de los remos de los patriarcas judíos paseando a su familia por el lago porque los viernes era día de alquilar barquitas para pasar el Sabbath. Era día de hacer fotos a las modelos y posar con vestidos blancos de novia en el verde de los claros, de tocar el clarinete al borde de los paseos por unos céntimos, de discutir sobre los vaivenes de la bolsa en los bancos de madera, de correr jadeando por las sinuosas avenidas en pos del cuerpo perfecto. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y yo en medio de todo, difusa, flotando como una motita de polvo en el aire, dormida sobre la hierba, soñando que perseguía gotas de sangre coagulada por un túnel mientras cuatro patriarcas judíos con enormes tirabuzones se agarraban el sombrero con la mano y tiraban de las esquinas de mi camiseta, gritando que Marvin y Mickey me esperaban a la puerta de la tienda de los cafés a ochenta céntimos para visitar juntos a Lucifer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté cuando los edificios del horizonte ya estaban teñidos de dorado y caía la tarde. Escuché una respiración entrecortada. Tumbado a mi lado, me miraba con curiosidad un joven de ojos felinos y lacia melena rubia envuelto en un enorme abrigo negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hola. Pensé que podían robarte la maleta, así que me quedé a vigilar.&lt;br /&gt;- Gracias.&lt;br /&gt;- Nací en 1980.&lt;br /&gt;- Yo en 1966.&lt;br /&gt;- Pareces mucho más joven.&lt;br /&gt;- Gracias.&lt;br /&gt;- Si fuéramos pareja, no sería tan evidente la diferencia de edad.&lt;br /&gt;- Supongo que no.&lt;br /&gt;- Trabajo aquí cerca. Me gusta venir a mirar el lago por las tardes.&lt;br /&gt;- Yo no trabajo aquí. No sabría para qué podría servir.&lt;br /&gt;- Seguro que puedes conseguir empleo.&lt;br /&gt;- Dime, ¿Te ha ocurrido algo especial hoy?&lt;br /&gt;- Bueno, he descubierto un nuevo sabor de helado: melón con cerezas.&lt;br /&gt;- Yo he visto la escena del asesinato de alguien a quien conocí ayer.&lt;br /&gt;- ¿Te lo tiraste?&lt;br /&gt;- No, pero dormí en su habitación.&lt;br /&gt;- Entonces no es para tanto. Quédate conmigo. Tengo alarma antirrobo en mi apartamento.&lt;br /&gt;- Me tengo que ir.&lt;br /&gt;- Vale. Adiós.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;(Foto: Central Park, NY)&lt;/em&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116102856683801131?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116102856683801131/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116102856683801131&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116102856683801131'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116102856683801131'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/10/al-oeste-de-todo-v.html' title='Al oeste de todo - V'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116068808283244488</id><published>2006-10-12T23:17:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:56:51.682+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Al oeste de todo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Al oeste de todo - IV</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/cemetery.5.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/cemetery.5.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;strong&gt;4. Dark America&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tras el bautismo de fuego, no tuve ningún inconveniente en compartir parte de aquellos dos días en la compañía de los inquilinos más vetustos del hotel. La segunda noche, cuando volví exhausta después de haber cruzado media isla hasta llegar al delirio nocturno y multisensorial de Times Square y recorrer de nuevo los cinco kilómetros que me devolvían al White House, me encontré al viejo Marvin y sus compañeros de aventuras en la salita común.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran los cuatro veteranos del White House: Marvin, Family, Rasputin y Mickey, sin nada más que hacer que juntarse alrededor de aquella mesa de madera, noche tras noche, para compartir el mismo espacio, respirar el mismo aire y ahuyentar al mismo demonio de la soledad. Había tantos resentimientos y tensiones entre ellos que, una vez estirada la goma elástica de su enemistad, su relación quedaba laxa como un lago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Aquí tenéis a mi inquilina favorita – anunció Marvin, apuntando su vaso de café hacia mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tómate un café con nosotros y cuéntanos tu historia – dijo Family.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me sorprendió la pregunta. Al contrario, me pareció una propuesta interesante abrir una ventana a mi mundo a una mesa llena de extraños que, por algún motivo, querían otear la vista. Siempre que veían a alguien con cara de tener una historia que contar, me dijeron, le invitaban a su pequeño conciábulo nocturno. Y a través de sus palabras descubrían un trozo de universo que les proporcionaba material de sueño para el resto del invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me senté y les conté gran parte de mi vida, tranquilamente, del tirón, dejando caer golpes de humor entre las sombras y lamentos entre las luces. Me escucharon con el interés de quien encuentra un escaparate nuevo en la calle de siempre. Ojos multicolor oteándome desde sus escondites. Risotadas de brujo en medio de los silencios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y por eso estoy aquí, para ver si todo esto tiene algún sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nada tiene sentido en este mundo, pequeña. Deja que &lt;em&gt;Papa Family&lt;/em&gt; te ayude.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más risotadas estertóreas a lo largo de la sala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marvin mudo, indiferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y qué de mi relato? Les miré confusa, irritada. Hasta que comprendí que era un juego más. Family había optado por tener el primer turno de la partida. Se sentó a mi lado y me acarició el pelo. Tenía una enorme cicatriz en el cuello, como si alguien le hubiera rebanado la nuez con una espátula. Y los ojos cansados tras las gafas, tal vez de haber visto demasiado. Debía rondar los cuarenta años y todavía se percibía en él al joven pillo que en algún momento de su pasado fue el mejor saxofonista de Queens.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sabes por qué me llaman Family? Porque ahí donde voy dejo mi semilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Risitas nerviosas a mi alrededor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tengo doce hijos, si señor, y quién sabe cuántos más por ahí. Por eso soy Papa Family. Nadie mejor que yo para enseñarte el verdadero sentido de la vida y la muerte. Podrás ir a muchos sitios y podrás arrastrar tus maletas por cinco continentes, muchacha, pero no sabrás lo que es vivir si no yaces con Papa Family. Y si no vives con Papa Family.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Todos a la habitación de Papa Family! ¡A ver morir la noche! gritó Rasputin, el más veterano, con un extraño deje en su voz ronca. Decían que había llegado hasta Nueva York en los años setenta desde Rusia, pero él se negaba a dar detalles disfrutando de su aire de misterio. Mesándose la barba blanca, se puso de pie y anunció que la Fiesta Había Empezado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mickey, un inquieto, mancillento y menudo personaje ratonil vestido con ropas militares del Ejército de Salvación, me tiraba de la manga cada diez segundos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ten cuidado, ten cuidado. No cruces la línea de &lt;em&gt;Dark America&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La América Oscura. Me gustó el nombre. Alcé mi vaso de café de plástico y les agradecí su compañía, en nombre de Europa. Brindé por Dark America y todos brindaron conmigo. Y luego me levanté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve que despegarme de tres o cuatro manos que insistían en mantenerme junto a ellos. Tuve que pedirles que me dejaran marchar. Y mientras lo hacía, Marvin me miraba desde su esquina de la mesa con una sonrisa velada y llena de intención que nunca fui capaz de descifrar. Viejo canalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y antes de cerrar por dentro la habitación doscientos veinticuatro, pude oír como, al fondo del pasillo, el grupillo se arrastraba homogéneamente y entre risas hacia mi penúltima morada, la habitación de Marvin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me mecí al lejano olor de algodón de azúcar del crack destilándose por las ranuras de la pared mientras caía en el sopor de mi segunda noche en Nueva York.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la mañana recogí mi pequeña maleta y la mochila y me despedí de aquellos pasillos. La América Oscura quedaba atrás; esa tarde me esperaban en Brooklyn.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marvin no estaba en la sala común, ni tampoco en la recepción. El surtidor de agua estaba vacante, y también la verja de la entrada. Quién sabe qué submundos estaría visitando el viejo poeta. Volví a subir y dejé una breve nota debajo de su puerta. “Gracias por todo, tu cama es muy cómoda. Espero que haya más mujeres que te puedan decir lo mismo, y con más motivos que yo.” El viejo canalla al menos sonreiría un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos bloques más arriba, a la altura de 4th y Houston, un hombre con gabardina gris tomaba nota en una libreta negra. Fluuuu fluuuu fluuu, parpadeaba silenciosamente la ambulancia. Un cordón policial rodeaba una pequeña parcela de asfalto. Un reguero de sangre brillaba al sol de la mañana a su paso de la acera al suelo y varios curiosos se agrupaban alrededor de la escena. Entre ellos reconocí a Mickey, que, con los ojillos ausentes, retorcía nervioso los botones de su camisa caqui y musitaba al aire:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marvin, viejo estúpido, ¿Por qué te dejaste matar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me vio pero no dijo nada. No hubo rastro de reconocimiento en su mirada perdida. Como si tras de mí la calle se perdiera en un declinar infinito de edificios vacíos y mudos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dark America. Me quedé clavada en la esquina hasta el mediodía, abrazada a mi abrigo, espiando la tragedia e intentando comprender mientras ellos iban y venían con sus libretas, sus teléfonos, sus walkie-talkies y sus pistolas. Todos los procedimientos. Todo tan limpio. Me quedé ahí hasta mucho después de que todo hubiera vuelto a la normalidad y a los viandantes impávidos, como si nada hubiera pasado jamás, con la única secuela de la sangre seca sobre la acera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Foto: Cementerio GreenWood, Brooklyn, NY)&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116068808283244488?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116068808283244488/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116068808283244488&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116068808283244488'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116068808283244488'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/10/al-oeste-de-todo-iv.html' title='Al oeste de todo - IV'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116051512915151324</id><published>2006-10-10T22:52:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:56:51.684+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Al oeste de todo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Al oeste de todo - III</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/marvin.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/marvin.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;b&gt;3. Marvin&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me atusé la ropa, sacudiéndome a duras penas el polvo de la cama. Cogí mis cosas y fui al cuarto de baño comunitario de aquella segunda planta que era todo un largo largo pasillo, decenas de puertas blancas a lo largo del suelo de madera, troc, troc, troc, andando con cuidado para no despertar a los estudiantes alemanes, a los mochileros suecos, a los homeless de siete dólares la noche que se habían rendido al sueño a pesar de vivir en The City that Never Sleeps como cantaba el Tío Frankie. Fus, fus, fus, hacían los ventiladores del techo, y en alguna de las habitaciones una tos, un suspiro, un ronquido, un gemido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el baño me hice polvo los ojos al tirar del cordoncito que encendía el neón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me duché a media luz pegando manotazos entre el vapor del agua lacerante y las baldosas rajadas. Cuando salí, tuve que frotar el espejo con la toalla para ver algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién anda ahí? – pregunté a mi reflejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Busqué al conejo blanco con la mirada mientras me cepillaba el pelo, me lavaba la cara, le daba un poco de color a mi sonrisa. Ahí estaba, al oeste de todo. Ahí estaba para prefabricar emociones y darle otro capricho a la mirada infantil que no cesa en su empeño de sorprenderse. Habían vuelto las mariposas, y al otro lado del espejo la cara que me observaba era, al menos esa mañana, reconocible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Entrada triunfal en la Gran Manzana, pequeña – le dije .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acabé de lavar el jet-lag y bajé a la recepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marvin estaba sorbiendo un café en vaso de plástico a la puerta y fumando. Con ademanes de gran ceremonia me cedió su sitio en el surtidor de agua. Compré un café en la máquina y me senté con él a recibir el alba. Hacía frío y el café nos protegía con una mampara de vapor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me contó su vida durante tres horas, su larga figura apoyada sobre la verja de la entrada, con un Chesterfield permanentemente colgando de la boca y los ojos achinados por el humo bajo una boina negra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marvin, el poeta, la vieja gloria. El cansadísimo hombre que cada mañana, con su café de 80 céntimos de la convenience store de más abajo de la calle, se sentaba a la puerta del hotel sobre el surtidor de agua que era su trono y recordaba a cada uno que quisiera escucharle que no pasa nada, que él está ahí porque quiere, que sus días como cantante y lacónico poeta beat en los antros más chic de la City volverían muy pronto. Que su sobrino en Detroit le estaba preparando una maqueta tecno de sus temas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hay que modernizarse, oye, - les decía - y el Village no es un lugar donde puedas perder el tiempo pudriéndote con un estilo apolillado. La gente pide cambios, cambios, muchos cambios, y aquí estoy yo preparando mi cambio, sister. Mi gran salto de nuevo al estrellato. ¿Te acuerdas de la luna llena que hubo anoche, la que aparecía pintando rayas de plata sobre los tejados de Bowery Street? Pues así seré yo cuando vuelva, sister. Tendrás que volver a Nueva York para verme. ¿Sabes? tú estás de paso y a lo mejor no lo vas a ver, pero yo no, yo me quedo, y te espero. Cualquier día de estos llegará mi maqueta y volverán las musas. Haré un número especial, con nuevos versos y poemas, un rap, ¿qué te parece? Rapearemos sobre la amargura de la vida, sister. Tú y yo. ¿Por qué no, no te apuntas? Te dejaré elegir otro tema, si quieres. Y si es que tienes esperanza, como yo, podremos pensar en algo mejor. Hay esperanza en todo, hasta en las heridas de esta ciudad, sister. No te olvides de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marvin el vividor. Lo mejor que había hecho en la vida, contaba, era dejar atrás su Carolina del Sur y venirse a la City. Atrás quedaban sus cuatro hermanas y sus tardes de sol en los maizales. Atrás quedaban las miradas de soslayo de los blancos, ese Old World Feeling que te hace recordar que aún vibran en la memoria los latigazos del amo en los campos de algodón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No olvides que tu abuelo fue un esclavo, chaval – decían las voces que hacían eco en el interior de su maleta aquel ocho de noviembre hacía más de veinte años, aquel día que se subió al Greyhound rumbo al Este - No lo olvides nunca, y no dejes que el odio desaparezca del todo. Deja un poco para alimentar tu espíritu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dèja-vú del tiempo. El sol meciéndose en las nubes del atardecer. El cinturón de cuero de su padre, bailando al mismo ritmo de los látigos. Las cicatrices de la espalda todavía se le hinchaban levemente cuando llovía, y llovía mucho en Nueva York. Cada ocho de noviembre recordaba aquel día de lluvia que se marchó y aquella picazón en la espalda. Y la lluvia que bañaba cada calle donde vivió, en Hell’s Kitchen, en East Harlem, en el más inhóspito cuchitril del Bronx. La lluvia le hacía recordar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hoy era un día de sol. Marvin estaba de buen humor; su angulosa cara triste se había llenado de curvas apuntando hacia su arrugada frente al verme amanecer en recepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se atusó la boina, ladeándola hacia un lado en un elegante ángulo que ensombrecía su ojo derecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es el look francés, pequeña amiga. Los beats llevamos boina negra porque nuestra meca es la luna sobre París. Algún día iré a verla, y te veré a ti, seguro, en esa vieja Europa tuya. No te preocupes. En cuanto ahorre un poco, y será fácil, porque voy a ser rico de nuevo. Ya lo verás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siete dólares al día pagaba Marvin gracias a su acreditación de beneficiario del DHS (Department of Homeless Services). Siete dólares que apenas escarbaba de su mísera pensión de indigente oficial. Marvin tenía derecho a sus cuatrocientos dólares mensuales, pero nadie en sus cabales le contrataría jamás. Porque si llevas el estigma de la calle eso da miedo, mucho miedo en un lugar donde el miedo es el fuego que alimenta la comida. ¿Qué sería de Nueva York sin los pobres, los bag-people, los hurones urbanos? Hay que mantener el folclore. Con dinero justo para no poder salir adelante pero no morir de hambre. Para no poder pagarse un médico pero aún así poder comprar una aspirina cuando el hígado diga basta. Para ganarse un bonito nicho en el Cementerio de Pauper’s, la Cárcel de los Muertos. Para expiar los pecados y excesos del pasado con los restos de dignidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lo mejor que te puede pasar si pierdes tu gloria, pequeña amiga, es ser un homeless en Nueva York. Es lo peor y también lo mejor, porque ya estás en el infierno, con la cabeza en las fauces del demonio, y si sales de ahí nada podrá contigo. Por eso ahora que sé que van a volver mis días de gloria, quiero estar preparado. Ya no me meto con el demonio, ¿sabes? – y su boca se retorcía levemente hacia la derecha con ese mantra, ese susurro, “I ain’t fuckin’ with the devil no’ mo’’”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No fumo crack. No bebo. No robo. No duermo en la calle. En la calle me ahorraría siete dólares al día, pero no podría cuidar mi aspecto, ya lo ves, y en Detroit me están preparando esa maqueta. Voy a ser el viejo beat negro más moderno de todo Manhattan. ¡Cómete el corazón, Alan Ginsberg! Mi sobrino tiene buena cabeza para los negocios, ¿sabes? Vamos a crear un nuevo estilo. Tú puedes venirte si quieres. Volveremos al White Horse, al Sin-e, a las cuevas llenas de humo del Village. Me importa una mierda la prohibición anti tabaco. Cuando vuelva, todos fumarán y harán círculos en el aire al ritmo de mis palabras. Te lo digo yo. Y entre poema y poema, les tocaré un blues con mi vieja guitarra y llorarán de placer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando me había dado media vuelta hacia la escalera para subir al oscuro pasillo y tomar posesión de mi propia habitación, pude ver con el rabillo del ojo como sacaba una vieja petaca plateada de un bolsillo y se la acercaba a la boca. No dije nada. Los viejos alcohólicos nunca mueren, como los viejos rockeros. Como los viejos beatniks de Bowery Street. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/marvin.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;(Foto: Mañana fría en Bowery Street)&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116051512915151324?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116051512915151324/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116051512915151324&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116051512915151324'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116051512915151324'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/10/al-oeste-de-todo-iii.html' title='Al oeste de todo - III'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-116008006756433600</id><published>2006-10-05T22:12:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:56:51.685+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Al oeste de todo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Al oeste de todo - II</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/hell-freezes.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/whitehouse.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;b&gt;2. Cuatro metros cuadrados&lt;/b&gt; &lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Llegué a la puerta del White House jadeando. Las distancias son infinitas cuando no tienes más referencia que un mapa cuya escala ni siquiera parece posible. La fachada del hotel era una colección de cristales de colores imitando cubismo urbano. Un perro se aliviaba en la verja, y un viejo barbudo que fumaba junto a un joven rubio siguió con los ojos mi tímida entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La “recepción” era una salita llena de mesas y sillas de madera desgastada, un par de máquinas de café y un vetusto PC en una esquina, para el que parecía haber cola de aspirantes a usuarios. Pasé a través de las mesas llenas de gente de todos los colores y dejé caer los codos como martillos sobre el mostrador de la recepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Será mejor que vea antes la habitación, señorita – me dijo un hombre escondido tras una gorra y un enorme bigote – pero le aseguro que está limpia y se cierra desde dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca me asustó la sordidez, cuando esta es pasajera y parte de un viaje de la conciencia. Mi lado voyeur se alimenta, con las necesarias reservas, de esquinas oscuras; siempre hay alguna sombra que perfilar en la penumbra, y algún mensaje que llevarse a la habitación de la luz. La idea de pasar ahí dos noches me producía cierta satisfacción morbosa. Me convertiría en un personaje de Salinger, o de Capote, o incluso de Burroughs. Tenía licencia, tenía derecho a viajar por mi túnel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me da igual, deme la llave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cargué con mis trastos por las escaleras, hasta el segundo piso. El pasillo era oscuro, infinito, flanqueado por una moqueta raída que hacía flusssh flusssh flusssh a mi paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Necesité tres o cuatro minutos para abrir la puerta número doscientos dieciséis y adueñarme de mis cuatro metros cuadrados compuestos de cuatro paredes que no llegaban al techo, una cama-litera y un nicho en la pared con una barra y una percha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue justo al poner la maleta sobre la cama que algo hizo “crack” en el techo y un ventilador de los tiempos de la guerra aplastó la almohada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bienvenida a la segunda parada del túnel. – sonreí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En recepción, el hombre del bigote me dijo que no había más habitaciones disponibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mis espaldas, una voz cansada, grave y musical carraspeó y contestó por mí:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Que se quede esta noche en mi habitación. Yo pasaré la noche como siempre, hablando con la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tendrá que pagar la sobretarifa – contestó lacónicamente el de la gorra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No creo que vaya a arruinarse por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así es como conocí a Marvin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me di media vuelta y dos canicas azabache me miraron a casi dos metros de altura. Llevaba un traje de tweed deshilachado y una boina negra. Había sido guapo, y aún pendía de su mirada un cierto devaneo del bohemio afroamericano que se había atrevido a ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dije que no era necesario, que ya me buscaría la vida. Pero me agarró por la manga del jersey y me llevó a una mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Pequeña amiga! - susurró su voz de saxofón - Me alegro de verte. ¿Has venido a visitarme, o sólo se da la feliz casualidad de que pasas por mi lado de la acera? No tengas miedo del viejo Marvin, aunque ya sé que no temes a nada. Menudo viaje para ver al viejo Marvin. Algún día yo también cogeré un avión y llegaré hasta Europa, a verte, pequeña amiga. Dicen que es un buen lugar. Un lugar auténtico. Cuando recupere mi gloria, ya sabes. Seré como la luna llena que dibuja rayas de plata sobre los tejados de Bowery Street. ¿Te conté lo de mi sobrino de Detroit? Vamos a hacer una maqueta tecno de lo mío, sí, ¿te lo puedes creer? Y vamos a rapear. Sobre las heridas de esta ciudad. Sobre el amor. Sobre lo que tú me digas, pequeña amiga. Dame una idea y lo pondré sobre papel. A no ser que vengas a otra cosa. ¿Te atreves ya a conocer al bueno de John Thomas? No te ofendas, pequeña, que no es más que una broma. A este viejo canalla le encanta engatusar a las chicas como tú. Le gusta mucho levantarse a mitad de la noche y montar la tienda de campaña en mi cama, ¿sabes? Y yo me despierto y digo “¡John Thomas, para abajo!” y John Thomas se vuelve a dormir. Es más fiel que un perro viejo. Así que no tengas miedo, pero de todos modos si cambias de idea ya sabes dónde estamos, ¡ja ja ja!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decliné una y otra vez su invitación, deseando la mejor de las suertes a John Thomas. Y Marvin se rió enseñando dientes blanquísimos, el único vestigio que le quedaba de sus tiempos de gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Coge mi llave y ciérrate bien por dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un sinfín de posibilidades pasaron por mi cabeza. Jugué a balancear la lógica y al final la ecuación me llevó a la conclusión de que nada había que perder. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Le di sus quince dólares de sobretarifa, más del doble de lo que pagaba él por una noche, y cargué mis cosas a la doscientos nueve. Olor a polvo rancio y sudor. En la oscuridad sólo se veían las formas indefinidas de múltiples objetos que se amontonaban alrededor de mis pies. Me encerré con la pesada llave, me quité los zapatos y me tumbé en la cama. Y ni siquiera encendí la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté de un sobresalto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Necesité cinco minutos para orientarme. Debían ser las seis o siete de la mañana. Me incorporé, moviendo una pierna fuera de la cama, y mi pie derecho chocó estrepitosamente contra la pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aturdida, me senté mirando a mi alrededor frotándome dos dedos doloridos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuatro escasos metros cuadrados repletos de libros mordisqueados y vinilos de Be-Wop, Motown, Muddy Waters y Dizzy Gillespie, plagados de cajas misteriosas y polvorientas fotos que libraban a las paredes de la vergüenza de mostrar sus llagas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ahí estaba, íntegra y legañosa, en la habitación de Marvin, con un pie estrellado y un single de vinilo de Nina Simone pegado a la piel de mi espalda. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;(Foto: White House Hotel, NY)&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-116008006756433600?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/116008006756433600/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=116008006756433600&amp;isPopup=true' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116008006756433600'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/116008006756433600'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/10/al-oeste-de-todo-ii.html' title='Al oeste de todo - II'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115975144370034584</id><published>2006-10-02T02:52:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:56:51.686+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Al oeste de todo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Al oeste de todo - I</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://i10.tinypic.com/2qd7ng6.jp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;1 - Descenso&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Había llegado a Nueva York con las primeras hojas de otoño, impulsada por uno de esos resortes que surgen de la cabeza cuando la evidencia de lo absurdo de la vida se hace demasiado insoportable y es necesario hacer algo. Cualquier otra se hubiera dado un paseo al cine más próximo, o se habría ido a pasar el fin de semana a la playa. Yo no. Yo conté mis ahorros y me saqué un vuelo de cuatro días a Nueva York para el día siguiente. Luego llamé a una amiga que vivía en Brooklyn: estaría de viaje hasta dos días después de mi llegada. Así que alargué la espiral de imprevistos apuntándome la dirección de un hotelucho céntrico de treinta dólares la noche, lo único que podía rascar de mi limitado presupuesto. El White House. Ninguna garantía de nada. Sólo una confirmación via internet de que “tal vez” tuvieran habitaciones libres. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Apenas recordaba las horas anteriores; parecía que todo se había consumido en el viaje del aeropuerto de Newark a Manhattan, perdida entre líneas de metro interminables, cruzando la ciudad en dirección oeste, siempre al oeste, los ojos enrojecidos por la luz artificial de los vagones y los sentidos al filo. El olor a cuero viejo de los asientos, la sonrisa ladeada de algún pasajero, la indiferencia fingida de todos los demás, el sol del atardecer filtrándose por los viejos cristales al cruzar el Hudson en la línea F, el skyline perdiéndose lentamente en el horizonte, saltando arriba y abajo al ritmo del track-track-track-track de los raíles. Y yo pidiendo tiempo, un poco más de tiempo, dame más tiempo para asumir que estoy aquí, quiero seguir en este tren varios días, sin pensar, sin hacer planes, sin tener ninguna noción del tiempo, simplemente cruzando esta inquietante ciudad como si todo se concentrase en un impasse infinito, en un paréntesis, porque todo lo que ocurra después ya habrá ocurrido cuando se acabe este viaje. Tan pronto. Y parecerá que ha pasado apenas un instante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La huída hacia delante sin saber por qué. No sentía la habitual anticipación que siempre me acompañaba en cada viaje. Tampoco cosquilleaban las mariposas de la aventura, como si el lastre de los últimos tiempos me anclara a un lugar frío. Como si la maleta cargara con el peso del último día de lluvia, del último pañuelo humedecido en nostalgia, de la última mentira, del último pecado, de la última tragedia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como si buscara, en el caos de esta ciudad, ordenar mi propio caos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El hogar, ¿dónde está el hogar? ¿En qué lugar de tu cabeza puedes dejar caer el abrigo después de volver del frío? Deshacerlo todo y ponerlo boca arriba para rehacer el puzzle. Comprender, en la jungla urbana, cuál es el secreto que hace que pongas un pie delante de otro todos los días, te levantes y te acuestes respirando rítmicamente a la vez que tu pequeña tuerca gira en el inmenso engranaje de la sociedad. Comprender. No buscar respuestas, sino nuevas preguntas. Es la única forma de comprender. No, no era la primera vez que huía hacia adelante, ni sería la última. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y el track-track-track-track de los raíles hundiéndonos en un túnel, la luz parpadeando sobre nuestras cabezas, el silbido de cada parada. El niño que me miraba en su asiento frente a mí, apenas ocho años y ya había aprendido a ponerse un pendiente. Pero todavía no sabía fingir indiferencia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mi sonrisa le hizo enrojecer y mirar rápidamente hacia otro lado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tal vez ya estuviera aprendiendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Salí del metro y crucé Chinatown en busca del Hotel Más Barato de Greenwich Village. Fue como atravesar dos mundos en una hora. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sólo recordaba Nueva York de un lejanísimo viaje de niña, el cuello izado hacia las vertiginosas cimas de los edificios y 5th Avenue bullendo con businessmen y mujeres con caniches, hippies portando pancartas anti Nixon y kioskos de perritos calientes en cada acera. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esta vez, el bullicio de aquella mañana al sur de Manhattan me despertó del viaje con una bofetada multicolor. Allá al fondo se percibía la escalera horizontal de los rascacielos, pero aquí todo era lámparas rojas, dragones de papel, guirlaches de colores y pollos descabezados colgando tras las ventanas de los restaurantes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los coches volaban a mi paso ahogando el soniquete de mil cascabeles, la gente se amontonaba en las aceras, olor a arroz frito mezclado con el regusto dulzón del aceite de cacahuete. Cascabeles. Voces babélicas. Camiones llenos de calabazas dulces. Y mi sombra serpenteando, cansina, por las aceras maceradas en salsa de soja.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A la entrada de Bowery Street, China se disolvía para dar paso a las tiendas de muebles y cachivaches de cientos de inmigrantes peruanos, colombianos, mejicanos, que tomaban el sol de la mañana a la puerta de sus locales. “¿Cómo te llamas, mamita?” me preguntaban, interpretando al vuelo mis facciones españolas. Pero podía haber sido cualquiera, como siempre que me marcho a perderme en algún lugar. Puedes ser quien quieras donde nadie te conoce, y a la vez – o precisamente por eso - ser mucho más que nunca tú misma.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;(Foto: Vista de pájaro, Empire State Building)&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115975144370034584?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115975144370034584/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115975144370034584&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115975144370034584'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115975144370034584'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/10/al-oeste-de-todo-i.html' title='Al oeste de todo - I'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i10.tinypic.com/2qd7ng6_th.jp' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115936996059968416</id><published>2006-09-27T17:04:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:57:32.137+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='No time for philosophy'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>No time for philosophy (V) - y último.</title><content type='html'>&lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://tinypic.com" target="_blank"&gt;&lt;img alt="Image and video hosting by TinyPic" src="http://i10.tinypic.com/4bo0403.jpg" border="no" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;- 5 -&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Seguí bebiendo quina. En realidad, no me quedaba mejor opción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arramplé con lo que quedaba de la botella, que era más de la mitad, y me entretuve contando las lucecitas carmesí que se desprendían de mi vaso bajo el reflejo de la lámpara del techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, Emmanuel había aceptado la oferta sin muchos miramientos: se esnifó la raya y se guardó el billete en la cintura de la toalla. Y, con la parsimonia que le adornaba, se sentó en un sillón a departir con Thomas como si se conocieran de toda la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thomas, el hombre de blanco, se arrimaba al pecho desnudo de Emmanuel como intentando aspirar su esencia. De vez en cuando, le daba golpecitos en los hombros con el bastón. Yo había llegado a un punto en el que lo observaba todo como si fuera una película. &lt;em&gt;Oh, when the saints go marching in,&lt;/em&gt; cantaba Louis Armstrong en mi cabeza, y doscientos santos mártires hiper-coloreados como en un cuadro de Andy Warhol, me sonreían deslizándose frente a mis ojos en una caravana kitsch y folclórica. Todos repetían metódicamente la famosa frase de Cioran: “La mentira es una forma de talento”. Y reían, reían, reían abiertamente lanzando destellos blancos que me cegaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo siguiente que recuerdo es que Raúl estaba sentado a mi lado, sujetándome la mano y abrazándome por los hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Estás bien? ¿Estás bien? ¿Por qué lloras?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento noté que tenía la cara cubierta de lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Maldita quina...&lt;br /&gt;- Túmbate, te sentirás mejor.&lt;br /&gt;- Maldita quina, y malditos santos mártires. ¿Nadie os ha dicho nunca que es mejor ser ciego que santo?&lt;br /&gt;- ¿Se puede saber de qué hablas?&lt;br /&gt;- Iros todos al infierno. Pero ya.&lt;br /&gt;- Niña, te ha dado fuerte...&lt;br /&gt;- Y tú, Emmanuel.. ¿por qué no vuelves a tus bosques llenos de lobos? ¡Enciérrate en un monasterio moldavo! Get thee to a nunnery: why wouldst thou be a breeder of sinners?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emmanuel me miró y su boca se reveló en una sonrisa cómplice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Hamlet!&lt;br /&gt;- Eso, Hamlet. Hazte el loco, Hamlet.&lt;br /&gt;- Está oficialmente borracha – suspiró Thomas.&lt;br /&gt;- Estoy oficialmente cuerda. De pronto. Lleváoslo de una vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté y fui directa al baño. En el suelo yacía la ropa de Emmanuel, un poco húmeda y arrugada. La recogí y añadí una camiseta gris de mi colección, que al menos sería más discreta que aquel top de malla. Volví al salón y le entregué todo a Emmanuel, que no rechistó y se vistió en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los demás me miraban sorprendidos, sin atreverse a decir palabra. El silencio era recortable y troquelable. Cuando el chico estuvo listo, recogieron sus cosas y les acompañé a la puerta. Raúl me prometió llamar. Thomas hizo una reverencia. Emmanuel me miró desde la distancia de trescientos mundos desmoronados, y me susurró al oído:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Celan. Pour Bertolt Bretch.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerré la puerta y me dejé arrastrar hasta la estantería del dormitorio. Cogí la edición bilingüe de Celan y busqué aquel turbador poema:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;Una hoja, sin arbol&lt;br /&gt;para Bertold Brecht:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué tiempo es éste&lt;br /&gt;en el que una conversación&lt;br /&gt;es casi un crimen&lt;br /&gt;porque incluye&lt;br /&gt;tantas cosas explícitas?&lt;/p&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé un buen rato mirando amanecer por las ranuras de las cortinas semiabiertas. Tendría que pensar en ir a trabajar... y beber varios cafés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me esperaba un día fácil... pero conseguí sonreír. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115936996059968416?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115936996059968416/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115936996059968416&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115936996059968416'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115936996059968416'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/09/no-time-for-philosophy-v-y-ltimo.html' title='No time for philosophy (V) - y último.'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i10.tinypic.com/4bo0403_th.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115887698670940876</id><published>2006-09-22T00:15:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:57:32.138+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='No time for philosophy'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>No time for philosophy (IV)</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;- 4 -&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Nunca os ha ocurrido sorprenderos de pronto como observadores de la película de vuestra vida, una especie de instantánea sacada de la polaroid de la cabeza? Ya sabéis, esos momentos en los que de pronto sales del sopor cotidiano, abres los ojos hacia dentro y te dices, “¿Cómo demonios he llegado yo hasta aquí, y - lo más importante - por qué?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí me ocurre con más frecuencia de lo normal. No podríamos decir que llevo una vida especialmente excéntrica, ni especialmente exótica, ni caótica. No desde hace mucho tiempo. Pero el caos me encuentra siempre. Aparece de cuando en cuando en la puerta, se quita el sombrero y saluda con una reverencia: ”aquí estoy de nuevo, nena.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre me pregunto qué es lo que le atrae de mí. Al fin y al cabo soy una pobre candidata para sus atenciones: trabajo en una oficina, pago a Hacienda y tengo un gato. Se me podría archivar en la N de “normal”. Es un gran gran enigma... tal vez porque me niego a asumir mi responsabilidad como elemento cómplice del delito. Debería apuntarme a un grupo de Caóticos Anónimos, colocarme una pegatina con mi nombre en la solapa, presentarme con rostro taciturno y anunciar: "Me llamo Alicia y soy víctima del caos aleatorio. Pero lo puedo dejar cuando quiera.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como siempre, tras este ya familiar diálogo interior parpadeé un par de veces y volví a la escena de los hechos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thomas y Raúl estaban en el salón. El primero observaba con cierto rictus jocoso los cuadros estilo “Art Noveau” de las paredes, y el segundo cortaba ufano unas rayas de cocaína sobre un CD de Duke Ellington.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Vais a querer algo de beber con eso? – pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me estaba empezando a quedar sin vasos limpios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thomas elevó la vista bajo el ala del sombrero y me sonrió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Gin Tonic on the rocks con un poquito de limón fresco, cariño.&lt;br /&gt;- Me temo que no tengo ni ginebra ni limón.&lt;br /&gt;- Qué desastre, ¿no?&lt;br /&gt;- Me queda una botella de Quina Santa Catalina.&lt;br /&gt;- ¡Qué divertido! Sírvenos un poco, anda.&lt;br /&gt;Saqué la botella con el virginal y radiantemente colorido rostro de la santa en la etiqueta, un cuenco con hielo y el resto de mi humilde colección de vasos. Raúl terminó su concentrada tarea y ofreció una ronda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me temo que no me combina bien con la quina.&lt;br /&gt;- No me seas poetisa y esnifa.&lt;br /&gt;- Vamos al grano, chicos: ¿Qué hago?&lt;br /&gt;- Primero habrá que verle, ¿no? – dijo Thomas, que evidentemente estaba disfrutando con la situación.&lt;br /&gt;- Sí, supongo. Voy a buscarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamé a la puerta del baño, y un par de “hums” me indicaron que Emmanuel estaba a punto de hacer su aparición. Esta se materializó en unos pocos minutos. Estaba desnudo, el pelo mojado cayendo en mechones amarillentos sobre su cuello, y mi toalla favorita, la azul, alrededor de su breve cintura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecía ojeroso y un poco pálido, pero al menos olía bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le acompañé al salón como quien presenta a una debutante en su baile de puesta de largo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Chicos, este es Emmanuel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Raúl aspiró un par de veces por la nariz y sonrió amablemente. Thomas se acercó sin miramientos a Emmanuel, le puso ambas manos sobre los hombros, le empujó un poco hacia atrás y le observó con los ojos entrecerrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vaya, vaya, vaya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emmanuel se mantuvo inmóvil, como si estuviera acostumbrado a que le evaluaran. Y seguramente lo estaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thomas inclinó la cabeza levemente hacia un lado y miró a la toalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emmanuel siguió su mirada y encogió los hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thomas le quitó la toalla de un leve tironcito y dio un par de pasos hacia atrás, las manos unidas por delante, y la expresión más concentrada e introspectiva que nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la ducha, y sin su disfraz de rapero de mercadillo, el aspecto de Emmanuel había mejorado considerablemente. Incluso sus genitales parecían mucho más pulcros y decentes. Me recordaba a las níveas estatuas de San Sebastián atadas a un árbol y acribilladas de flechas. Empecé a sentir compasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thomas se sirvió otro chupito de quina y dio su veredicto:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Puede servir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Raúl seguía sonriendo desde el sofá, manos a la obra de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerqué a Thomas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Perdona, pero, ¿qué piensas hacer con él?&lt;br /&gt;- Ponerle a servir copas, bailar, y limpiarme la casa.&lt;br /&gt;- ¿Nada más?&lt;br /&gt;- Eso para empezar. Pero como se porte mal se va a la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emmanuel no decía palabra. Se había vuelto a poner la toalla y estaba bebiendo la Santa Catalina con los ojos fijos en el concienzudo trabajo de la tarjeta de crédito de Raúl.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me senté, me bebí un vaso de tubo de quina de un trago, y miré al pobre muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Emmanuel, ¿quieres trabajar con él? – dije, señalando a Thomas.&lt;br /&gt;- ¿Trabaharr?&lt;br /&gt;- Work. Work. Bar.&lt;br /&gt;- Bar?&lt;br /&gt;- Yes, bar.&lt;br /&gt;- How much money?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Raúl le pasó el CD de Duke Ellington coronado por una hermosa raya y un billete de cincuenta euros enrollado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- This, every day. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115887698670940876?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115887698670940876/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115887698670940876&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115887698670940876'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115887698670940876'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/09/no-time-for-philosophy-iv.html' title='No time for philosophy (IV)'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115834830934620294</id><published>2006-09-15T21:23:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:57:32.138+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='No time for philosophy'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>No time for philosophy (III)</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;- 3 -&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me quedé un buen rato de pie en el salón, con los brazos a la espalda, inmóvil, observándole. Me mordí los labios. Cuando me llevo los brazos a la espalda y me muerdo los labios es señal de que hago esfuerzos por pensar, y en ese momento toda mi cabeza era una gran máquina de conectar ideas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso me salvó de no entrar en pánico y tirar el cuerpo famélico y vencido de Emmanuel por el balcón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me serví el resto del whiskey, que afortunadamente era poco, lo apuré de un trago y recogí todos los vasos de la mesa. Luego, tapé al chico con una manta, cogí el teléfono inalámbrico, salí y cerré la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamar a Cris para bombardearla con amenazas hubiera sido inútil. Lo peor era que ni siquiera sabía dónde vivía, ni tampoco el infame marqués. Necesitaba un Plan B. Así que respiré hondo y llamé a Raúl.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mitad de mis amigos son seres surrealistas y excéntricos. La otra mitad piensan lo mismo de mí. Raúl y Cris pertenecían a esa primera mitad y nada mejor que un clavo para sacar a otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Raúl era un director de cine maldito, encantador y decadente. Tras dieciséis años de choques y encontronazos habíamos llegado a un lugar común: nos queríamos mucho y a la vez nos temíamos, porque yo no era capaz de decirle “no” y él era incapaz de dejar de meterme en líos. Tal vez era el momento de cambiar el orden de las cosas. Tal vez era el momento de asumir mi propia responsabilidad en el caos y dejar que el mismo caos viniera al rescate. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Me cogió el teléfono a la tercera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Raúl, tengo a un chapero rumano de veinte años durmiendo en mi sofá. Está borracho y lleva una camisa ajustada de rejilla.&lt;br /&gt;- ¡Pero eso es fantástico!&lt;br /&gt;- Raúl, en serio, no sé qué hacer con él. Me lo han dejado aquí.&lt;br /&gt;- ¿Y quieres presentármelo?&lt;br /&gt;- No, quiero que me des una idea.&lt;br /&gt;- A estas alturas, ¿necesitas ideas?&lt;br /&gt;- Raúl...&lt;br /&gt;- Tranquila, mujer, en una hora estoy ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví al salón y me senté en un sillón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de unos diez minutos, Emmanuel se despertó. Me sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Dóndeh Cris?&lt;br /&gt;- No sé. A su casa. Home.&lt;br /&gt;- Oh. Hum.&lt;br /&gt;- Coffee?&lt;br /&gt;- Síh.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le puse un café y le preparé un sándwich mixto, que se comió rápidamente. Después se recostó en el sofá y me dirigió una sonrisa pelín amarillenta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quiere sex?&lt;br /&gt;- No, gracias; no, thank you.&lt;br /&gt;- Ok.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos volvimos a sonreír. Algo me decía que no iba a violarme, ni robarme, ni siquiera descuartizarme. Decidí entablar una conversación medianamente social:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo, me, Madrid. ¿Tú?&lt;br /&gt;- Sighisoara.&lt;br /&gt;- Sighi...&lt;br /&gt;- Sighisoara.&lt;br /&gt;- Ah...&lt;br /&gt;- ¿Te gusta Madrid? You like Madrid?&lt;br /&gt;- Síh.&lt;br /&gt;- ¿Y por qué has venido a Madrid?&lt;br /&gt;- What?&lt;br /&gt;- Why did you come to Madrid?&lt;br /&gt;- Money. Dinerro. Sex. Dinerro. Trabajo.&lt;br /&gt;- ¿Y te gusta tu trabajo? You like your work?&lt;br /&gt;- No. Pero yo decir mentirra. Yo decir shí.&lt;br /&gt;- Claro. Para sobrevivir tienes que mentir.&lt;br /&gt;- Sobrevivirr?&lt;br /&gt;- Survive.&lt;br /&gt;- Síh.La mentirra es un talento. Decir Cioran.&lt;br /&gt;- ¿Emile Cioran? ¿El filósofo?&lt;br /&gt;- Filosofoh. Yo gusto.&lt;br /&gt;- Ah, a mí también. I like Cioran, too.&lt;br /&gt;- Pero, en Rumania, no tiempo. No time for philosophy.&lt;br /&gt;- Me imagino, Emmanuel, me imagino.&lt;br /&gt;- También gusto Spinoza.&lt;br /&gt;- ¿De verdad?&lt;br /&gt;- Sih. Pero no time.&lt;br /&gt;- Tienes toda la razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos al balcón a tomar los últimos rayos del atardecer y, tal vez conmovido por la visión de la calle Alcalá extendiéndose como una serpiente de luces hasta el fin del horizonte, Emmanuel se agarró al borde de la barandilla, miró hacia abajo y vomitó lentamente durante un par de minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le acompañé al cuarto de baño para que se diera una ducha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento llamaron a la puerta. Era Raúl. Llevaba su famosa trenza rubia especialmente ajustada y un traje negro. Sonrió como el gato de Cheshire y entró.Venía acompañado de un hombre negro, alto, enfundado en un elegante traje de lino blanco y apuntalando el aire con un bastón remachado de plata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mira, este es Thomas. Tiene una tienda de santería pero también lleva un after-hours. Necesitan go-gós&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré a Thomas sin sorprenderme lo más mínimo.&lt;br /&gt;- Hola, Thomas.&lt;br /&gt;- Y un mayordomo, también, querida – fue su respuesta.&lt;br /&gt;- Pasad. Está en la ducha, poniéndose a tono para la ocasión.&lt;br /&gt;- Raúl me guiñó el ojo y se dirigió al salón. Thomas le siguió, contorneándose elegantemente como una hermosa serpiente cascabel. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115834830934620294?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115834830934620294/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115834830934620294&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115834830934620294'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115834830934620294'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/09/no-time-for-philosophy-iii.html' title='No time for philosophy (III)'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115783043848208947</id><published>2006-09-09T21:31:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:57:32.139+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='No time for philosophy'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>No time for philosophy (II)</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;- 2 -&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi capacidad de reacción no siempre ha brillado por su rapidez. Me puse a buscar entre mis archivos mentales alguna palabra o frase apropiada. Pero Cris se me adelantó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Veinte añitos, chica. Y vaya aparato. Está un poco delgado, pero creo que con un par de semanas a base de tortilla de patata y unos buenos cocidos se pone a punto.&lt;br /&gt;- No me digas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emmanuel estaba tan flaco que los músculos de las ingles parecían puentes sobre un río de piel opaca y reseca y los huesos de las caderas le sobresalían como clavos. En cuanto a su “aparato”, me resultó conmovedoramente patética la visión de aquellos genitales expuestos; parecían demasiado vulnerables para ser una fuente de ingreso. Tuve que retirar mi mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué te parece?&lt;br /&gt;- Pues...&lt;br /&gt;- Te lo regalo.&lt;br /&gt;- ¿Qué?&lt;br /&gt;- Que te lo regalo.&lt;br /&gt;- Perdona, pero... ¿para qué?&lt;br /&gt;- No seas tonta, mujer. Para quitarte las telarañas. Y luego le pones de chacha, se le da muy bien planchar. Lo único que necesita es un poco de cariño. Y le gustan las tías, te lo digo yo, que lo tengo desde hace dos meses. No quiere volver a la calle para chupársela a los viejos maricas.&lt;br /&gt;- Ya, y, oye...&lt;br /&gt;- Es que el marqués se me ha puesto todo celoso. Dice que un juguete durante unas semanas pase, pero dos meses ya es demasiado. Así que me tengo que deshacer de él... pobrecito mío.&lt;br /&gt;- ¿Y por qué no le dejas donde le encontraste?&lt;br /&gt;- Pero mírale, ¿no te da pena? Necesita un hogar...&lt;br /&gt;- No es un perro, Cris. ¿Por qué no le preguntas lo que quiere?&lt;br /&gt;- Vale, vamos a preguntarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cris le subió delicadamente el tanga a Emmanuel y le dio indicaciones para que se volviera a sentar. El chico se encogió de hombros, se sentó y se sirvió otra copa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- A ver, Emmanuel, look, ¿quieres quedarte aquí, con ella? She, she. You like?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé a pensar que igual iba todo en serio. Esta no era una broma tipo “repostería fina”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oye, Cris, que yo no he dicho que quiera…&lt;br /&gt;- Hum, shí – dijo Emmanuel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cris dio palmitas en el aire y le besó la mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Lo ves? Está encantado.&lt;br /&gt;- Perdona, Cris, yo...&lt;br /&gt;- How much money? – farfulló Emmanuel tras acabarse la tercera copa.&lt;br /&gt;- Emmanuel, no, no, money no. Casa, ok? House. Food. Co-mi-da. Money no.&lt;br /&gt;- Money.&lt;br /&gt;- Mira, Cris – dije, ya casi al borde de los nervios – a ver si me dejas terminar. Yo no quiero ni necesito a tu amigo. Ni tengo dinero para mantenerlo. Y mis telarañas están perfectamente a gusto. No puede quedarse aquí. Y no plancho nunca.&lt;br /&gt;- Venga, tía, que no te va a pedir nada. Es sólo un tiempo mientras encuentra trabajo. El pobre hace sólo tres meses que llegó a Madrid, de su pueblo de Transilvania, como Drácula. ¿Verdad que eres de Transilvania, Emmanuel? You, Transilvania?&lt;br /&gt;- Hum.&lt;br /&gt;- A mí como si es de Sebastopol.&lt;br /&gt;- Pero si te sentará bien...&lt;br /&gt;- Que no, Cris.&lt;br /&gt;- ¿Y qué hago con él?&lt;br /&gt;- Pues métele a repostero contigo y el marqués.&lt;br /&gt;- No, ese negocio lo hemos cerrado.&lt;br /&gt;- Pues yo qué sé. Pero aquí no se queda.&lt;br /&gt;- Vale, vale. Entiendo. Vaya amiga. De todos modos, el pobrecito, me da pena... Dejarle así...&lt;br /&gt;- ¿No puedes buscarle un trabajo de camarero, de go-gó, de algo?&lt;br /&gt;- Sí, pero mientras tiene que quedarse en algún sitio.&lt;br /&gt;- Que no, Cris. Mira, le pagas una pensión y ya está.&lt;br /&gt;- Pobrecillo, con lo flaco que está. No me comería nada.&lt;br /&gt;- Me da que ya te ha comido bastante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emmanuel empezó a dormitar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mírale, si es que parece un querubín.&lt;br /&gt;- Sí, angelito.&lt;br /&gt;- Venga, prueba. ¿Te lo llevas un rato a tu habitación y luego me dices? O si prefieres nos montamos un trío...&lt;br /&gt;- Cris.&lt;br /&gt;- Bueno, pues mira, yo me voy. Allá tú. Ahí te lo dejo.&lt;br /&gt;- ¿No pensarás irte sin él?&lt;br /&gt;- Sí, que se le he prometido al Marqués que hoy me deshacía de él.&lt;br /&gt;- Cris...&lt;br /&gt;- Ciao, ya te llamaré. Estrecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cris se fue sin mediar una palabra más, con un rápido clackclackclack de los sandaliones, dando un portazo y bajando a toda prisa las escaleras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Emmanuel empezó a roncar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115783043848208947?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115783043848208947/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115783043848208947&amp;isPopup=true' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115783043848208947'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115783043848208947'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/09/no-time-for-philosophy-ii.html' title='No time for philosophy (II)'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115732676628898298</id><published>2006-09-04T01:20:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:58:54.155+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='No time for philosophy'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>No time for philosophy (I)</title><content type='html'>&lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;img alt="Image and video hosting by TinyPic" src="http://i4.tinypic.com/282paqd.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;strong&gt;- 1 -&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Era una tarde normal de miércoles, si es que tales cosas existen. Todo estaba en su lugar: mi cabeza sobre mis hombros, las cortinas recién lavadas tapando el sol bochornoso de agosto tras el balcón, la cafetera haciendo runrunrun en el fuego, la película del videoclub metida en su ranura y mi dedo índice acercándose al botón “play”, cuando llamaron a la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran Cris y un chapero rumano llamado Emmanuel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Cris la había conocido en circunstancias borrosas hacía unos meses. Rondaba los cuarentaymuchos años y ejercía de ama de casa liberada. Un buen día años antes dejó a su marido, se fue a un piso de alquiler y se soltó la melena. Compartió porros con su hijo mayor, se ligó a algún que otro de los amigos postadolescentes del menor y se puso colágeno en los labios. Con el paso de los años, a medida que su cuerpo se expandía cilíndricamente hacia fuera fue adquiriendo prendas más y más estrechas y zapatos con los tacones cada vez más afilados. Tras una breve incursión en el mundo del cine como amante lesbiana y megatetona de una pintora, se tiñó de rubio y se echó un novio marqués y voyeur que le daba todos los caprichos para compensar su propia impotencia amatoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última vez que había visto a Cris y su marqués fue en un encontronazo en la ferretería de la esquina. Estaban calibrando y probando básculas de precisión para “hacer repostería fina”. Poco sabía yo, en mi aberrante patosidad mental, que no se trataba de dosificar azúcar glas sobre hojaldre sino de preparar bonitas &lt;a href="http://www.mitchellcountyga.net/swgadtf/html/cocaine.html" target="_blank"&gt;bolsitas con &lt;em&gt;zip-close&lt;/em&gt;&lt;/a&gt; para vender al gramo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso me había dicho Cris una tarde que me echó las cartas por teléfono:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Niña, no te hagas la inocente, que no hacemos pasteles; es un nuevo negocio, una emprendedura laboral que promete. Si te interesa una franquicia, lo hablamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me interesaba la franquicia porque tenía en gran consideración un futuro libre de ventanas de barrotes, pero Cris intentó quitarle hierro al asunto haciendo como que era broma:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, bueno, que no te preocupes, niña, que en realidad no es más que pastelería. Ya te invitaremos a una degustación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero todo eso había sido ya hacía tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así es que yo había eclipsado su existencia de mi cabeza ese miércoles por la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ahí estaba, en el portal, jadeando tras subir los cuatro pisos sin ascensor con unas sandalias con cuñas del tamaño de la Giralda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojiplática, me limité a sonreír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿No nos invitas a pasar?&lt;br /&gt;- Oh, pues, claro, claro...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cris agarró a Emmanuel del brazo y se dirigieron directamente al salón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acomodaron en el sofá, ella cruzando coquetamente las piernas y él abriendo mucho las suyas, enfundadas en unos pantalones de camuflaje. Llevaba una camisa de rejilla negra que transparentaba los bultos y esquinas de su famélico tórax. Con la media melena teñida de rubio cayéndole sobre los pequeños ojos castaños y velados, parecía una versión eslava de Kurt Cobain a punto de pegarse un tiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cogí una silla y me senté frente a ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Queréis un café? Acabo de hacer...&lt;br /&gt;- Mejor un whiskey, cariño, con hielo. – dijo Cris. Y luego miró inquisitivamente al quasi-Kurt.&lt;br /&gt;- Emmanuel, whiskey. Güis-qui. Ok?&lt;br /&gt;- Hum. – dijo él, con una ligera inclinación de la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Traje tres vasos con hielo y una botella de JB.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿A que es guapo? – asintió Cris sirviéndose una generosa ración.&lt;br /&gt;- Pues... sí&lt;br /&gt;- Lo encontramos el otro día en la Calle Almirante, y le dije al marqués, “cómpramelo”. Y ya ves, aquí está.&lt;br /&gt;- Ajá&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emmanuel se sirvió lánguidamente, sin darse por aludido, aspiró rápido por la nariz y se bebió todo el contenido del vaso de un trago. Inmediatamente se sirvió otra copa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de unos silenciosos minutos así, mirándonos todos amablemente y sorbiendo, decidí ir a por el grano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y, dime, Cris. ¿A qué debo esta visita sorpresa?&lt;br /&gt;- Bueno, primero porque pasábamos por aquí. Y luego pensé, “oye, pues mira no estaría mal hacerle una visita a la chiquita esta”.&lt;br /&gt;- Ya.&lt;br /&gt;- Y bueno, porque Emmanuel, el pobre, me ha dado tanto... realmente me ha devuelto la juventud, ¿sabes? La tiene... uf, cómo la tiene. Emmanuel, eh, darling, Emmanuel, enséñasela, anda, enséñasela. Show, show, show.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cris le hizo ademanes al chico para que se levantara, y le dio un cariñoso golpecito en la entrepierna señalándome a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho y hecho. Emmanuel se levantó, se desabrochó los pantalones de combate y dejó a la vista un minúsculo tanga negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Emmanuel, eh, show, show.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una palmadita más y el chaval se bajó el tanga con cara de aburrimiento. Y se quedó así, expuesto frente a mí, con los brazos en jarra y los pantalones por los tobillos.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115732676628898298?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115732676628898298/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115732676628898298&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115732676628898298'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115732676628898298'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/09/no-time-for-philosophy-i.html' title='No time for philosophy (I)'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i4.tinypic.com/282paqd_th.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115549532090490908</id><published>2006-08-13T20:42:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T14:59:07.954+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Intermedios'/><title type='text'>Haciendo listas</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/vibrator.narrow.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/vibrator.narrow.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Esta es una foto de una de las cosas que NO me voy a llevar al pueblo mañana. Ahora mismo estoy en Valladolid, capital del glamour, esencia de Eau du Cid. Escribo desde un "ciber" porque tampoco me he traído el portátil. Ni siquiera el MP3. De hecho, apenas me he traído nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, un momento, hablábamos de listas y no he puesto ninguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí van:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. LISTA DE COSAS QUE NO ME LLEVO MAÑANA AL PUEBLO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vibrador modelo "Talking Head"&lt;br /&gt;- Portátil&lt;br /&gt;- MP3&lt;br /&gt;- Pistola&lt;br /&gt;- Bollería industrial&lt;br /&gt;- Drogas ilegales&lt;br /&gt;- Dinero&lt;br /&gt;- Zapatos de tacón&lt;br /&gt;- Cámara de fotos&lt;br /&gt;- Incertidumbre&lt;br /&gt;- Ansiedad&lt;br /&gt;- Melancolía&lt;br /&gt;- Estupidez&lt;br /&gt;- Bipolaridad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. LISTA DE COSAS QUE SÍ ME LLEVO MAÑANA AL PUEBLO:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Libros (Bukowski, Fante, Cooper, Wilde)&lt;br /&gt;- Gafas de pasta roja para leer&lt;br /&gt;- Cuadernito en blanco con tapas negras&lt;br /&gt;- Dos bolígrafos&lt;br /&gt;- Mis nuevas alpargatas rojas&lt;br /&gt;- Gafas de sol&lt;br /&gt;- Botecito para meter ramilletes de romero&lt;br /&gt;- Cocacola light&lt;br /&gt;- Energías renovables (no, no las nucleares)&lt;br /&gt;- Paciencia&lt;br /&gt;- Autoconfianza&lt;br /&gt;- Engrasante mental de maquinaria atascada&lt;br /&gt;- Capacidad de sorpresa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deseadme suerte. Volveré, si todo va bien, a finales de mes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115549532090490908?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115549532090490908/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115549532090490908&amp;isPopup=true' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115549532090490908'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115549532090490908'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/08/haciendo-listas.html' title='Haciendo listas'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115460290524027442</id><published>2006-08-03T12:59:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:02:27.488+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De santos sangre y almidon'/><title type='text'>De santos, sangre y almidón. (V)</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;Capítulo V: Y con el final llegó el caos.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;A Manoli la mandaron a casa a morirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante aquellos días que languideció en la cama luchó por mantenerse despierta, los ojos siempre fijos en la puerta, como si quisiera salir corriendo por aquel umbral con su camisón blanco al vuelo. Atrás quedaron los rosarios, los misales, la resignación: Manoli miraba a mi madre cada mañana con desafío en los ojos, le agarraba el brazo, y abría mucho la boca para que la entendiera bien: “NO QUIERO MORIRME”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El diecinueve de julio de 2006, el tumor se hinchó, pegó un brinco y le mordió la arteria. La hemorragia le brotó rabiosa y abundante por la boca, la traqueotomía, la nariz. Las sábanas se tiñeron por completo de rojo y Manoli, sentada en la cama, cubierta de sangre, balbuceaba silenciosa como una poseída mientras Chiqui, gimiendo nerviosa, le lamía los goterones que le iban cayendo por las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así la encontraron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Manoli volvió a su pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corrí en tren y autobús: ahí estaba ella. La lavaron y tendieron limpia y reluciente, como a la abuela, en un lugar preferente del salón, rodeada de lamparillas en aguaceite y de todas las mujeres del pueblo. De nuevo la vigilia nocturna a la luz de las candelas, de nuevo las plegarias y las novenas hasta el amanecer. Me retiré a escucharlas desde la segunda planta, como antaño hiciera con la abuela, para mecerme en el susurro de los cánticos hasta dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, de pronto, nos visitaron los fantasmas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la mañana, dos primos míos y un par de pastores fueron al cementerio con picos y palas. Desde que enterraran ahí a la abuela Florentina, quince años antes, nadie había tocado el panteón familiar. Pero un error de cálculo – o tal vez el incrementado índice de crecimiento de la población – habían provocado que el ataúd de Manoli fuera más grande que su fosa. Así que se pusieron a cavar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos horas más tarde llamó el primo Ignacio: “que vamos a tener que tardar un poco más, hemos roto la tapa de la caja de la abuela y hay que volver a taparla.” La reacción entre mis primos fue unánime: “¡Vamos a ver a la abuela!” Yo, con el café del desayuno atragantado, les acompañé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las diez de la mañana. El minúsculo cementerio se llenó de gente, como si de una fiesta se tratara. Porque ahí, mirándonos fijamente desde su espacio y lugar del tiempo, estaban los huesos de mi abuela, con su mortaja raída y carcomida y el pelo de plata cayendo en oleadas secas sobre sus hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mira, aún tiene un poco de pellejo en las mejillas”; comentaba Julio. “Y qué bien se conservan los zapatos”, decía Candelas. Apoyada en la lápida, yo miraba alucinada a la aparición y no acertaba a relacionar aquel esqueleto descompuesto con la apacible ancianita de ojos azules que me enseñaba a jugar a la brisca por las tardes cuando era muy niña. Pero ahí estaba, esplendorosa y muerta, mascullando en silencio “tapadme de una vez, malditos, y traedme a mi hija”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colocaron la tapa recompuesta y corrimos de vuelta a la casa para quitarnos de encima el polvo de los muertos y comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Padre Elpidio, primo lejano de Manoli y cura de cabecera de la familia, dirigió la misa funeraria a primera hora de la tarde, en la pequeña iglesia. Al comienzo, mientras íbamos entrando, el hombre se atusaba la casulla con tristeza mirando a la caja de ébano extra larga y suspiraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque fuese miércoles, el pueblo en pleno se había congregado endomingado y repeinado. En los primeros asientos, la familia nos consolábamos y pasábamos pañuelos de mano a mano. Elpidio lanzó al aire su sermón y Manoli, rodeada de coronas de flores, lo escuchaba en silencio. No hubo necesidad de plañideras en su funeral: todos lloraban de una forma o de otra, alzándose y arrodillándose calladamente frente al altar en perfecta coreografía. Y yo me imaginaba a mi tía muy quietecita dentro de su ataúd forrado de blanco, susurrando: “que Dios me perdone, pero al final me he muerto y valiente la gracia que me hace.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final de la misa, Manoli salió en volandas por la puerta de la iglesia a hombros de mis primos, precedida por el monaguillo que cargaba con la cruz de plata de las procesiones, seguida de Elpidio, de sus hermanos, de sus demás sobrinos y del resto del pueblo. La procesión fue lenta, porque el sol de media tarde aún castigaba justiciero. En cada esquina, nos parábamos a cantar y encomendar al alma de mi tía a todos los santos, ángeles y guardianes de los cielos. Y así, rodeados de una nube de polvo estival, recorrimos de nuevo el pequeño camino flanqueado de campos de trigo que llevaba al cementerio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la abuela apropiadamente encerrada y la fosa debidamente agrandada, Manoli no tuvo dificultades para deslizarse hasta su lugar de reposo. El pueblo la despidió en una ola de silencio apenas perturbado por los sollozos y el clink-clink de la botellita de agua bendita que Elpidio iba esparciendo sobre el ataúd en su descenso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue un entierro normal, no. Como en toda tragedia siempre hay un antihéroe, Elpidio sufrió un ataque de ansiedad al final del acto y acabó saltando dentro de la fosa cual Laertes intentando revivir a su maltrecha hermana Ofelia: “¡Este mundo está lleno de injusticias!”, gritaba mientras mis primos intentaban agarrarle de los brazos. “¡Dejadme aquí, dejadme aquí, y que Dios me perdone!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo tuve que sonreír y comentarle a Manoli que había conseguido infectar con el virus de su apostasía hasta al mismísimo Padre Elpidio, el más ferviente regidor de todos los sacramentos de la familia durante los últimos veinte años. Le dije a mis primas que deberíamos dejarlo dentro y me miraron con cara de susto, como diciendo “Pero, ¿cómo se te ocurre pensar tal cosa? ¡Pobre hombre, si es que la quería mucho!”. Fue demasiado difícil explicarles que precisamente era por su bien, porque un entierro en vida es la mayor de las hazañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero rescataron al tardío amante de Manoli, que se llevaron a cuestas, y sellaron la fosa con su lápida de piedra y sus maceteros de hierro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo volví a Madrid con todas estas palabras revoloteando como mariposas desorientadas contra las paredes del cráneo. Y si quise arrebatarle el anonimato a Manoli fue por un acto propio de rebeldía. Si quieres vivir cien mil años ponte en boca y ojos de los anónimos. Se lo hubiera dicho en sus últimas horas si hubiese sabido que este retrato vería la luz. Pero estas cosas no se saben nunca hasta el último momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manoli está aquí, eternamente joven, en su hueco perdido del espacio-tiempo. Me toca el hombro y me regaña, porque dice que hay ciertas cosas que los muertos deberían llevarse en silencio. Pero en el fondo sé que le da igual. Creo que, con el accidente que ha sido su muerte, ha aprendido una de las lecciones más importantes de su vida. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A Chiqui la sacrificaron dos semanas más tarde porque nadie se pudo hacer cargo de ella. La perrita siempre había tenido pavor al veterinario. Sin embargo, esta vez entró en la sala contenta y meneando la cola a pesar de ser tan vieja y tan coja, como si tuviera ganas de emprender el viaje. Quién sabe. A veces pienso que fue Chiqui la única que realmente conoció de verdad a Manoli.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces pienso que lo único que perdurará en el recuerdo será el olor a santos, sangre y almidón. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115460290524027442?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115460290524027442/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115460290524027442&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115460290524027442'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115460290524027442'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/08/de-santos-sangre-y-almidn-v.html' title='De santos, sangre y almidón. (V)'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115434726320949118</id><published>2006-07-31T13:56:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:02:27.489+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De santos sangre y almidon'/><title type='text'>De santos, sangre y almidón. (IV)</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;Capítulo IV: Rebeldía y apostasía&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Manoli nunca había estado enferma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más allá de la ocasional gripe, su cuerpo siempre fue una fortaleza contra todo tipo de enfermedades, bichos, virus e infecciones. “Yo crecí en el pueblo, y la vida de pueblo es muy sana”, respondía ella aludiendo a tal fenómeno, “y sobre todo si trabajas duro”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día fue a mirarse lo de la tos crónica, “por si me recetan un jarabe bueno”, decía. Volvió a casa con varios volantes para diferentes pruebas en un hospital. Los miraba sorprendida: “¿Por qué tengo yo que ir al hospital si lo único que necesito es jarabe?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Será que es cosa de viejos y hay que mirárselo”, le decíamos todos, en broma. Las pruebas se las hicieron sin lista de espera, otro evento sorprendente, y a las dos semanas Manoli salía de la consulta del médico con un papelito amarillento que contenía un breve texto con la palabra “cáncer” en el segundo párrafo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“A ver si se han equivocado”, repetía constantemente. Pero la tos empezó a acompañarse de esputos sanguinolientos, y la radioterapia la dejó extenuada. A partir de entonces se sentaba en el sofá de flores rosadas de su cuarto de estar, nos miraba, entornaba los ojos verdes y decía: “Pero mira que tener cáncer, mira que tener yo cáncer..:”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Manoli le creció una hermosísima cabellera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la radioterapia, el pelo le volvió a crecer más fuerte y tupido que nunca, de un castaño radiante y apenas canoso. Fue la envidia de todos. Manoli se arreglaba con minuciosidad el peinado, ahuecándoselo coqueta y peinando sus nuevos bucles para darle vida a su rostro emaciado. Nos recibía en casa con su glorioso cabello, discretamente maquillada, y flanqueada por una orgullosa Chiqui cola-agitante: “Pasad, pasad, que mirad qué bien estoy ya”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue apenas unas semanas después que le mandaron a la sala de “quimio”. Manoli nos recibía entonces en el hospital, un poco irritada porque tendría que dejarse crecer el pelo de nuevo y porque otra vez le temblaba el pulso. Su respiración se volvió lenta y acompasada, los ojos casi siempre enrojecidos y su rostro más macilento. Yo me sentaba a su lado y le contaba chistes; ella me miraba y me decía: “A ver, pero cuéntame cómo te va en el trabajo, cómo estás, si tienes amigos”. Yo le mentía y le decía que todo iba maravillosamente. Pero Manoli siempre se enteraba de todo. Tras su última sesión de “quimio”, agotada sobre su sofá de flores rosadas, me entregó varios sobres con modestas cantidades de dinero cada vez que iba a visitarla. Cómo se enteraría de mis problemas económicos sigue siendo un misterio. Su radar siempre estuvo afinado, pero la radiación debió agudizarlo más. Yo siempre le decía que no era necesario; ella me miraba y decía “Pero hijita, ¿qué importa? Si me voy a morir”. Y yo me callaba, sabiendo que era inútil decirle que no iba a morirse: el radar de Manoli también era muy sensible a las mentiras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día que le hicieron un agujero en el estómago para que se alimentara por sonda, dejó de probar la comida. Mi madre se mudó a su casa para cuidarla. Aprendieron juntas el arte de mezclar sueros, yogures y papillas nutritivas. Manoli renunció a cambiar sus costumbres de cortesía: a la hora de la comida, se sentaba a la mesa con mi madre y se introducía sus mejunjes con jeringa por la sonda. Pulcra en todo momento, no se olvidaba de su servilletita en el regazo y – como novedad – en la maltrecha garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras el placer de la alimentación, el siguiente en partir fue el del habla. Su inquilino no invitado creció furiosamente como un recién nacido y amenazaba con asfixiarla, así que le hicieron otro agujerito en la garganta para respirar. Y Manoli, que siempre había hablado tanto, se quedó muda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se compró una pizarra y una colección de rotuladores de colores, con los que escribía sin parar que hacía falta comprar esto o aquello, que fulanito estaba muy gordo últimamente, que a ver si la Chiqui necesitaba una vacuna nueva, que se moría (esto último siempre lo subrayaba, haciendo una mueca extraña con la boca y abriendo mucho los ojos – cada vez más verdes y más vidriosos.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manoli descubrió el arte de la ironía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos fines de semana, me quedaba con ella hasta tarde viendo la programación rosa. Precisamente entonces todo eran noticias de folclóricas que se morían de cáncer. “A ver si me hacéis un funeral como a ésa”, escribía, y se reía cansada. Yo le decía que para eso tenía que ser cantante. “Pues tengo la garganta como para aprender ahora”. Nos íbamos a la cama riéndonos, y mi madre nos miraba sorprendida desde una esquina del dormitorio que compartía con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus visitas al hospital eran más y más frecuentes, y al poco de empezar a recibir morfina perdió el pulso, con lo que tan sólo acertaba a mover los labios débilmente. Entonces, por primera vez en toda mi vida, pude serle útil: mi recalcitrante sordera me ha enseñado a leer los labios como una experta. Yo me sentaba a su lado, con un cuaderno, e iba apuntando cada una de sus frases. Al rato, lo que empezó como una simple lista de la compra acabó por convertirse en todo un confesionario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manoli, la apóstata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Me da mucho miedo morirme”, pronunciaba. “No quiero morirme”, repetía. Y abría los ojos como intentando escaparse a través de ellos. Yo escribía, escribía, en el silencio de la habitación, mientras algunos familiares miraban con curiosidad sin entender nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Que Dios me perdone, pero creo que no me merezco esto”. Yo escribía y la miraba con sorpresa. “Que Dios me perdone, que me perdone. Sé que soy vieja, pero no me quiero morir todavía”. Yo escribía y asentía con la cabeza. Y, por último, con el pulso algo débil, escribí su enorme confesión: “La soledad de la muerte es lo más doloroso que existe, y ni Dios puede aliviarla”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién sabe si le contó lo mismo a su confesor. Manoli luchó contra la benevolencia divina y se rebeló en sus últimos días como un Che Guevara al frente de su guerrilla, como un Julio César a las puertas de Alejandría, como un como un Robert Frost batiéndose en duelo contra su pluma:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Do not go gentle into that good night,&lt;br /&gt;Old age should burn and rave at close of day;&lt;br /&gt;Rage, rage against the dying of the light.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115434726320949118?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115434726320949118/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115434726320949118&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115434726320949118'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115434726320949118'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/07/de-santos-sangre-y-almidn-iv.html' title='De santos, sangre y almidón. (IV)'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115400311946150878</id><published>2006-07-27T14:24:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:02:27.490+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De santos sangre y almidon'/><title type='text'>De santos, sangre y almidón. (III)</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;Capítulo III: otoño&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llegó el otoño a la vida de Manoli.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus ojos nunca dejaron de ser inmensamente verdes a pesar de las patas de gallo; la piel se le arrugaba con mucho cuidado, como intentando no molestar. Es más, se diría que la lectura de sus arrugas desvelaba su vida con toda claridad: era de esas personas que envejecen con franqueza y sin secretos, con transparencia, con el orgullo de quien sabe que las líneas de los labios apuntan hacia arriba porque ha invertido más tiempo en la alegría que en la tristeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus dos posesiones vivas eran Julián y Chiqui, una preciosa setter irlandesa pelirroja que había sido proyecto frustrado de perro de caza. El primero se pasaba las horas de su propio otoño en los cafés pensando acerca de la infinitud del universo; la segunda brincaba alrededor de Manoli veinticuatro horas al día, exigiendo juegos con pelotas y meriendas de huesos relamidos. Tenía Chiqui la particularidad de mirarte, mover la cola con la velocidad de un ventilador e inclinar la cabeza para que le hicieras carantoñas al ritmo de sus ladridos sordos y cariñosos. Nunca aprendió a cazar, y por ello debió llevarse varios palos de Julián. Pero compensó su falta convirtiéndose en perro faldero – caniche sobrecrecido para uso expreso de Manoli y compañía. En realidad era su ser más vivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es muy posible que Manoli empezara a estar más viva que nunca cuando comenzó su otoño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, sin embargo, ya carraspeaba incesantemente. Era una tos crónica, continua, que no le dejaba a sol ni a sombra, ni de noche, ni de día. “Me pica la garganta”, decía, y bebía un poquito de agua. A veces, si le daba mientras iba andando, se tenía que apoyar contra alguna pared mientras tosía con ligeras convulsiones, ocultando discretamente su boca tras la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aún así, no acusaba más enfermedad que un ocasional resfriado. Pero no perdía el tiempo en la cama. Al contrario, siempre acababa por ahí paseando a Chiqui mientras que Julián languidecía en la esquina más cálida del cuarto de estar con una mantita sobre las rodillas amenazando con morirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día de primavera, así, de pronto, Julián se murió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie se lo explicaba: llevaba tantos años enfermo o quejándose de enfermedades que era como parte de él, como una faceta más de su persona. Si alguien te preguntaba, "¿Cómo es Julián?", dirías que era un hombre alto, delgado, canoso, de rasgos suaves, y enfermo. Pero “enfermo” como quien dice rubio, orejudo, pecoso o sordo. Su misteriosa enfermedad había dejado de ser preocupante hasta el punto de que ya se había fagocitado en el concepto “el tío Julián”. Hasta que, un buen día, lo mató.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué corriendo de Madrid y me encontré a Manoli presidiendo el velatorio, en una gélida sala del tanatorio de la ciudad. Desmaquillada y de riguroso negro, como mandan los cánones, solícita con todos los familiares, delgada, nerviosa, y sobre todo, muy, muy sorprendida al igual que todos nosotros. “¡Mira que morirse Julián!”, exclamaba. Y se quedaba mirando el cristal a través del cual estaba expuesto el cadáver – amarillento, pétreo y elegantemente trajeado en su ataúd de caoba oscura forrado de rojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me ponía al lado de Manoli, le apretaba el brazo afectuosamente e intentaba evitar por todos los medios mencionar la palabra “vampiro”. Ella, muy digna, me apretaba con la otra mano, tosía, y me decía “ahora sí que descansa, ahora sí”. Pero todos estábamos un poco espantados por esa imagen tras el escaparate mortuario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enterraron a Julián en el cementerio viejo de la ciudad una tarde de viento, en un panteón familiar lleno de flores mustias. Cuando el ataúd descendía en la fosa nos arremolinamos todos alrededor de Manoli, que apretaba mucho los labios y lloraba discretamente, tosiendo sobre un pañuelo blanco con puntillas que había almidonado especialmente para la ocasión. “Ahora sólo estamos Chiqui y yo, a ver si me vienes a ver más a menudo”, me decía. Le prometí que sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía que haber cumplido esa promesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al año Manoli se quitó el luto y, haciendo acopio de rosarios nuevos, se marchó a Lourdes en excursión para avistar a la Virgen con la tropa de groupies de Pitita Ridruejo. Hasta se llevó a mi madre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También empezó a frecuentar el circuito de retiros espirituales en los distintos conventos de la ancha Castilla. Era un no parar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando no estaba de gira, estaba en el pueblo aseando la casa de la abuela como es debido y separando huesos de pollo para Chiqui, que cada vez corría menos pero no por eso demandaba menos cariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veía a mi tía con poca frecuencia porque estaba yo en pleno auto experimento científico con esa cosa que llaman matrimonio. De hecho, cuando iba a casa a ver a mis padres mi madre me instaba a que llamara inmediatamente a Manoli: “que ya sabe que venías hoy, ya estás llamándola, que luego sabes que se entristece si no le dices nada”. Yo la llamaba, acostumbrada ya a estas imposiciones maternales, y se hacía la encontradiza: “Ah, que has venido, qué bien, hijita. ¡No lo sabía! Pues a ver si vienes a vernos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manoli no dejaba nunca la mesa vacía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo llegaba a su casa, junto con el cómplice de mi experimento, y Manoli sacaba todo lo sacable de las alacenas de la cocina, suficiente para dar de comer a varias generaciones. Y nos miraba sonriendo y tosiendo: “comed, comed, comed, que luego si no se lo tengo que dar a Chiqui y me está engordando mucho”. Chiqui miraba y se relamía como antaño los perros de la casita molinera de mi niñez. Y me daba cuenta de que Manoli no podía vivir sin alimentar a alguien. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo lo que supusiera hacer acopio de comida para el resto de la manada familiar era de máxima incumbencia. A su hermana, que tenía un corral en el pueblo, la instaba con impaciencia a que trajese docenas y docenas de huevos para repartir; a su hermano, que pasaba muchas tardes junto al río, a que pescara o cogiera cangrejos; “vas al arroyo y coges bastantes”, le decía, con premura y decisión. Y mi tío no rechistaba: a la semana, tenía varios cartones de huevos y una bolsa – maraña de cangrejos vivos aguardando la hospitalidad de su olla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Manoli no podía parar el tiempo, ni siquiera con comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día que murió mi padre había intentado alimentarle un poco con natillas, pero se apagó antes de terminarse el cuenco. Yo llegué corriendo, desesperada, haciendo esfuerzos por verle con unos reflejos de luz aún en la mirada, pero llegué demasiado tarde: yacía en la cama inerte. Mi madre lloraba en una esquina y Manoli, con las natillas en una mano, le apretaba suavemente los párpados con la otra para que no se le abriesen los ojos en el rigor mortis. “Aprieta un poco, hijita, que voy a lavar este cuenco”. Me senté, coloqué los dedos sobre los párpados de mi padre, y esperé mientras volvía de la cocina. No me dio tiempo casi a reaccionar. En seguida regresó Manoli a mi lado, mientras mi madre llamaba a los enfermeros. Yo tardé en arrancar. Me puse a llorar de pronto, sin avisar, sin carrerilla, como quien estornuda por sorpresa. Manoli me miró, asentó con la cabeza con aprobación, y retomó su sitio frente al cadáver muy serena mientras yo me escondía entre las sombras de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo enterramos un calurosísimo día de agosto en el cementerio nuevo de la ciudad, bajo una lápida de mármol reluciente, brillante, flamante. Cuando el ataúd descendía en la fosa, Manoli se percató de que yo tenía a quién agarrarme y ella, muy solícita, agarró a mi madre con los dos brazos como si fuera a bailar con ella: “Llora, llora, no tengas vergüenza.” Quedó el ataúd al fondo del todo, dejando dos huecos libres más arriba. Tener un panteón en un lugar donde los cipreses están recién plantados y exactamente a la misma distancia unos de otros es poco serio, pero todos aceptábamos sin rechistar: la modernidad iba dándole una pátina nueva a la impertérrita tradición familiar de morirnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Manoli, que sabía que la presencia de mi marido ahí ya sólo era de fachada, y que yo pronto entraría a engrosar la nutrida lista de viudas, divorciadas y solteronas de la familia, apuntaba al reluciente panteón nuevo y me decía: “tú tranquila, que ya tienes un huequecito”. Luego miraba a mi futuro ex con tristeza, movía la cabeza de lado a lado y lloraba, pero ya sin mirar al ataúd. “Lloro”- me decía “más por las cosas que aún no han muerto que por las que están enterradas, que al fin y al cabo muertas están. Prométeme que lo arreglaréis, hijita, que una mujer sola luego tiene que ir sola a los entierros”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez eran más las promesas que no podría nunca cumplir con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún así, su voz cada vez más ronca, Manoli me llamó cada día durante meses. Primero para consolarme por la ausencia de mi padre, luego por mi soltería. Siempre me preguntaba:“¿Qué tal estás, necesitas algo?” Yo, irascible como nunca en esa época, siempre respondía “no”, y le colgaba. Pero al día siguiente volvía a llamar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si hubiera sabido darle las gracias entonces, lo habría hecho de todas las formas posibles. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115400311946150878?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115400311946150878/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115400311946150878&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115400311946150878'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115400311946150878'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/07/de-santos-sangre-y-almidn-iii.html' title='De santos, sangre y almidón. (III)'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115366363881842407</id><published>2006-07-23T16:04:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:02:27.492+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De santos sangre y almidon'/><title type='text'>De santos, sangre y almidón. (II)</title><content type='html'>&lt;p align="centre"&gt;&lt;strong&gt;Capítulo II: Temores y bravura.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la ciudad, Manoli imperaba sobre su casita molinera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que mis padres se marchaban de viaje Manoli me acogía entusiasmada. Yo aún era pequeña y me pasaba el día jugando en el jardín, subiéndome a la higuera y bañándome en el pilón. A menudo la veía espiándome desde una ventanita y enseguida retiraba la vista. Las dos nos hacíamos las locas, yo muy digna fingiendo independencia y ella muy digna intentando hacer parecer que no le importaba que le destrozase setos, rosales y macetas y le robara el jamón para dárselo a los perros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Manoli me aplicaba el método Pavlov: cuando había algo rico para merendar salía al jardín con una campanilla. Automáticamente los perros y yo salivábamos porque tanto ellos como yo sabíamos que había un cuenco con maicena cubierta de miel esperándome en la cocina. Yo corría dando brincos a la mesa, merendaba y volvía a mis travesuras. Ella retomaba sus labores desde su puesto de vigía en la ventana hasta que caía la tarde.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tampoco me decía nada cuando me veía ensartar garrapatas en un alfiler o pescar renacuajos del pilón. Pero una tarde me pilló intentando matar hormigas a balazos con el rifle de caza del tío Julián y me lo arrebató con una palidez repentina en su cara: “No deberías pegar tiros, hijita”. Yo la miraba y no comprendía por qué no me caía un buen bofetón. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A veces se lo preguntaba: “Tía, ¿por qué no me pegas cuando me porto mal?” Y ella me contestaba: “tú no te portas mal, la que se porta mal soy yo porque no te enseño lo que está mal”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Manoli le temía a la sangre con terror primigenio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una tarde mi primo Ignacio se cortó el pulgar con un cuchillo, jugando a los piratas. Se le abrió una raja que vomitaba sangre como un geyser y dejaba a la vista el hueso. De camino a urgencias en el seiscientos verde de mi padre, Manoli pegaba tantos gritos que cuando llegamos los médicos fueron primero a por ella. A mi primo le dieron ocho puntos y a ella un valium.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando yo sangraba por la nariz, que era a menudo, lloraba y gemía mientras me metía algodones en la fosa nasal hasta que ya no cabían más. “Ay, hijita, que te desangras, ay, mira cómo has puesto el suelo.” Y yo me reía de ella: “eres una miedica, mie-di-ca”. Manoli asentía, aspiraba por la nariz y me apretaba bien los algodones para que no saliese nada. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Les temía también a los monstruos mecánicos y voladores.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Manoli se negaba a usar las escaleras mecánicas de los grandes almacenes. Sólo usaba el ascensor o las escaleras normales. Una tarde mi prima Pili y yo le tendimos una trampa: bajamos corriendo por las escaleras mecánicas de la cuarta planta y le gritamos que si no bajaba detrás nos escaparíamos. Manoli nos miró aterrada desde arriba, se agarró bien con la derecha al pasamanos, con la izquierda se sujetó el bolso contra el pecho y se colocó sobre el primer peldaño temblando, las rodillas traqueteando un poco debajo de la falda marrón. Y así descendió, como una estatua, apretando las mandíbulas y los labios, los ojos fijos en nosotras. Al llegar abajo corrimos a ayudarla, y ella – humillada por las risas jocosas de la gente – nos miró muy seria, empezó a llorar y dijo: “¿Por qué me hacéis esto?”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, todavía le quedaba la prueba de fuego. La encerrona de todas las encerronas. Con la llegada de los años ochenta mis padres y yo nos mudamos a Canadá. Manoli lloró durante semanas antes de nuestra partida, sobre todo porque sabía que si quería visitarnos tendría que subirse a un avión. Tardó dos años en hacerlo, sin Julián, claro, que alegó dolor de oídos. Apareció en el aeropuerto de Toronto pálida como un fantasma, medio histérica, el rosario de la abuela Florentina bien sujeto en una mano y la maleta en la otra. Pasó un mes con nosotros, exponiéndose a experiencias límite tales como una comida en casa de una familia ucraniana, un viaje a las cataratas del Niágara, misas dominicales en inglés y un pow-wow tradicional de tribus indias. “Qué cosas, qué cosas”, decía sin parar. Y se agarraba a mi brazo intentando no fijarse en mi camiseta de los Rolling Stones y mis vaqueros raídos con los bolsillos llenos de hachís.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Volvíamos a menudo, en verano, y Manoli ya estaba tan lanzada que hasta se animaba a coger aviones a Mallorca con las amigas de la Asociación de Acción Católica. Yo por entonces estaba en mi fase siniestra y me sentaba meditabunda y taciturna en el patio de la casita molinera, con mi collar de perro y mis harapos negros. Manoli llegaba de Mallorca, dejaba las maletas en la cocina y se sentaba conmigo en la piedra del jardín con una enorme ensaimada y un vestido de verano amarillo. Sin rechistar, y para gran shock de mis padres, yo me ponía el vestido y me comía la ensaimada. “Es que la niña necesita que la quieran un poco, nada más”, les decía Manoli. Y yo asentía contenta mientras masticaba. “Ay,” decía Manoli, “ahora lo que necesitas es vivir en un sitio más cerca del cielo, no en esas casas tan frías donde vivís”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y Manoli subió a los cielos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un día de lucidez, el tío Julián empaquetó todas las cosas, vendió la casita molinera a un taxista de Burgos y se llevó a Manoli a la séptima planta de un edificio de pisos. Nosotros volvimos a España para quedarnos y nos enseñó orgullosa su salón-museo presidido por cuadros y tapices, aderezado con figuritas de Lladró y la Virgen de los Remedios en su urna de cristal. Mi madre decía que se estaba ahí mejor que en Canadá y Manoli asentía, llorando de felicidad, agarrándome la cara y diciendo, “hijita, hijita, hijita mía”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero yo me empeñé en irme a vivir a Madrid. Manoli fue la única que no me abofeteó por mi decisión, aunque lloró mucho. Me cosió un montón de faldas y vestidos con su Singer reluciente y me preparó cuatro tarros de chorizo en aceite: “a ver si te van a hacer algo por ahí, eh, ¿hijita? Mira que no te ataque algún hombre malo por la calle, mira que no te pase nada. Y si no, voy a buscarte”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, Manoli no temía a la muerte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Unos años más tarde, la abuela Florentina se murió como una campeona a los noventa y cinco años, En cuanto sonó el teléfono, Manoli levantó a Julián a las siete de la mañana para ponerse en marcha. Nosotros llegamos al pueblo esa misma tarde y ella ya estaba arremangada frente al cadáver de su madre, preparando pócimas, ungüentos y afeites. La abuela yacía con su blanquísima mortaja almidonada y un moño perfecto en el pelo de plata. Mi madre y mi otra tía se sentaron a su lado, temblando, le sujetaron el barreño y Manoli arregló a la abuela hasta hacerle rejuvenecer varias décadas “Ay, pero qué guapa que era madre”, decía entre sollozos, mientras le frotaba bien las mejillas con un algodón impregnado en alcohol para enrojecérselas un poquito. “Ay, pero qué bien huele aunque esté muerta”, suspiraba mientras le pegaba las pestañas con clara de huevo para que no se le abriesen los ojos azules. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Toda esa noche veló a la abuela junto con sus hermanas y las demás mujeres del pueblo, iluminadas tan sólo por la luz de las velitas-lamparillas flotando en aguaceite. Yo les escuché desde la cama, en aquella habitación que ella pulía las mañanas de verano y ahora olía al jazmín mustio de la abuela muerta. Y por la mañana me vino a buscar con un vestido negro recién planchado en las manos. “Ahora sí, hijita, ahora sí tienes que ponerte ropa triste.”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tanto en el funeral como en el entierro Manoli fue la primera de la fila, ocultando sus ojeras con un poco de maquillaje. De pronto, justo cuando el ataúd descendía en la fosa, comenzó a sangrar por la nariz y las lágrimas se le mezclaron con la sangre cayéndole en goterones rosados por la barbilla. Yo le acerqué un pañuelo, pero ella lo rechazó. Desesperada, medio ahogada, tosiendo con fuerza y apretando mucho las mandíbulas, me agarró la mano y me dijo, carraspeando dolorosamente con la garganta, “déjame que sangre, hija mía, déjame, que es la pena por mi madre que se ha muerto y ya no me importa”. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115366363881842407?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115366363881842407/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115366363881842407&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115366363881842407'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115366363881842407'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/07/de-santos-sangre-y-almidn-ii.html' title='De santos, sangre y almidón. (II)'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115352192000826682</id><published>2006-07-22T00:34:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:02:27.493+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos largos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De santos sangre y almidon'/><title type='text'>De santos, sangre y almidón.</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#6600cc;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#6600cc;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#6600cc;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#9999ff;"&gt;In Memoriam: Manuela Alonso Aragón&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#9999ff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#9999ff;"&gt;1928 - 2006&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://tinypic.com"&gt;&lt;img alt="Image and video hosting by TinyPic" src="http://i5.tinypic.com/20p4sj9.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;strong&gt;Capítulo I: Jabón, luces, sombras y sombreros de fieltro.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Manoli querría haber sido monja. Nunca un convento hubiera estado más reluciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde jovencita fue muy creyente y religiosa. Los domingos era la primera en llegar a la iglesia en cuanto sonaban las campanas de misa. Se colocaba siempre en la segunda fila junto a su madre y hermanos, de punta en blanco, almidonada, orgullosa y reluciente. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Su padre, como todos los hombres del pueblo, se fumaba un puro a la puerta durante la misa y hacía breves comentarios sobre la próxima cosecha de trigo y hortalizas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Manoli, correctamente piadosa, lo amonestaba suavemente a la salida: "Padre, padre, usted debería entrar en la iglesia, que al menos se está más fresco a la sombra del Señor".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía la mayor colección de rosarios de todo el pueblo: el rosario de los domingos, el de las novenas, el de navidad... y los misales nacarados con bordes de pan de oro siempre limpios y brillantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manoli era de esas mujeres que aireaban las habitaciones cada mañana y les daba un buen repaso de bayeta, escoba y jabón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca usaba fregona: se arrodillaba y frotaba, frotaba, frotaba. “Las fregonas manchan más que limpian”, decía. Cada una de aquellas mañanas, con la ventana inundando las habitaciones de luz, apoyaba la mano izquierda sobre el suelo de baldosas de barro y con la derecha dibujaba vigorosos círculos concéntricos rebosantes de espuma. Baldosa a baldosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las camas del pueblo eran grandes, duras y señoriales. Tenían colchones de lana que había que airear y ventilar cada día por el balcón, golpeándolos con un palo gordo y alargado que terminaba en una especie de raqueta de madera. Manoli nunca dejaba un solo colchón sin ventilar. Tenía los bíceps de acero y las rodillas peladas. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Manoli se casó con Julián porque había que casarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque a pesar de que iba para monja, por encima de todo quería ser madre. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Julián era un señorito de la ciudad alto, bien plantado y muy pulcro, con trabajo fijo en la fábrica de Renault. Una tarde ella fue a las fiestas de invierno de otro pueblo con unas amigas. Julián la vio desde lejos y se quitó el sombrero de fieltro. A Manoli nunca se le habían quitado el sombrero, y menos de fieltro, así que le permitió sacarla a bailar un pasodoble. De ahí a casarse fue cuestión de poco tiempo. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Pero Manoli siguió abrillantando sus misales y rosarios, planchándose los velos de puntillas de las novenas de noviembre, y rezando cada noche a San Pantaleón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivían en la ciudad en una pequeña casita molinera pintada de blanco, con un jardín, un pilón y una higuera. Mi madre había pasado con ellos los inviernos para asistir a la escuela preparatoria, y una tarde mi padre, otro señorito de la ciudad, la vio y se quitó el sombrero de fieltro. Así que también ella se mudó. Y yo nací.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada verano nos refugiábamos las tres en el pueblo como gallinas, en la casa de la abuela. Yo me levantaba muy pronto para sentarme en lo alto de las escaleras de madera que llevaban a la segunda planta y espiar a Manoli. La oía y la olía. Me encantaba escuchar el clack-clack de sus zapatillas corriendo de un lado a otro mientras cepillaba los muebles, sacudía las sábanas y abrillantaba los espejos. Me encantaba aspirar el olor a jabón de glicerina, lejía y colonia que se deslizaba por los peldaños puliéndolo todo a su paso. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Aquellas mañanas de verano en el pueblo siempre olía a limpio, a café y a magdalenas recién hechas. Mis madrugones se veían compensados con esos momentos, la tía Manoli ventilando las habitaciones en su nube de jabón, la abuela Florentina espolvoreando azúcar en el horno y mi madre barriendo la entrada de la casa. Era todo radiante y reluciente como un cristal al sol, y aunque las tres siempre estaban enfadadas (por las mañanas cuando se limpia la casa en el pueblo, tienes que enfadarte un poco, para dar buena impresión) yo gozaba con su ajetreo mientras esperaba a que alguien me encontrase para echarme la bronca por mancharme el vestido. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;De lunes a viernes mi padre atendía su negocio y el tío Julián montaba piezas de coches en la Renault. Los fines de semana se reunían con nosotras y el revoloteo de limpieza era aún mayor, para mi gran regocijo. Pero apenas los veíamos: mi padre dormitaba todo el día en la sombra del cuarto de estar con el periódico y el tío Julián salía desde madrugada a cazar al monte, con el perro. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Mi padre a veces se daba un paseo por la casa y soltaba algun chiste, pero Julián, que se iba al monte bien provisto de bocadillos de chorizo, no aparecía hasta la noche.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Debía cazar mucho y montar muchos coches, porque nunca le hizo un niño a Manoli. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;“Ni quiere, ni puede”, fue todo lo que la escuché decir al respecto una noche que me desperté y la encontré de confidencias con mi madre. Yo me quedé rezagada en la puerta del cuarto de estar, y ellas me vieron antes de que pudiera escaparme. La luna llena le daba de pleno a mi tía, que estaba especialmente guapa. Tenía los ojos verdes claros, muy claros, como la hierba al principio de la primavera. Me miró y giró la cara avergonzada. Mi madre se rió un poco y le dijo “no te preocupes, que la niña es muy pequeña para entender estas cosas”. Pero yo sabía que aquella frase pronunciada en susurros tenía algo que ver con el hecho de que la tía Manoli siempre me abrazase tanto y me diera besos como mordiscos, apretándome contra su pecho y llamándome “hijita, hijita mía”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manoli se casó porque había que casarse. A los pocos años Julián empezó a enfermar. Nadie sabía qué tenía, ni siquiera los médicos, pero siempre estaba enfermo. Siempre le dolía algo. Siempre estaba deprimido. Ella, muy abnegada, le preparaba cada mañana con esmero su desayuno: tazón de leche caliente con tropezones de pan; y cada noche su tortilla francesa con jamón. Le tenía muy limpio y resplandeciente, planchadísimo e impecable, bañado en colonia. Él se quejaba de su ciática, de su dolor de riñones, de sus jaquecas, y ella le peinaba, le daba golpecitos en la cabeza y le decía: “hijito, hijito mío”. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115352192000826682?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115352192000826682/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115352192000826682&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115352192000826682'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115352192000826682'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/07/de-santos-sangre-y-almidn.html' title='De santos, sangre y almidón.'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i5.tinypic.com/20p4sj9_th.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115192815723129304</id><published>2006-07-03T13:06:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.294+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Pedicabo ego vos et irrumabo.</title><content type='html'>&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://tinypic.com"&gt;&lt;img src="http://i3.tinypic.com/16j4p3n.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;strong&gt;[Aceptando una divertida propuesta de &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://mujeresderoma.blogspot.com"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#6666cc;"&gt;Isabel Romana&lt;/span&gt;,&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;strong&gt; hoy un cameo de Catulo, bardo, poeta y genio romano.]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Caía la tarde. Dejó su bolsa de cuero sobre una piedra y, suspirando, se sentó a la sombra de un olivo. Tosió delicadamente, como era habitual en él, hombre de exquisitos modales y mejor lírica. Se mesó los rizos y enganchó un dedo en una trencita que horas antes le hiciera, entre risas, la hija de su ama de llaves. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La hermosa hija del ama de llaves.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Querría abalanzarse sobre ella, comérsela viva, y rogarle que trenzara no sólo su cabeza sino también el abundante vello negro que poblaba su cuerpo cincuentón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Querría haberla rodeado con todas sus extremidades y aún más, y haberla aspirado por sus fosas nasales hasta que no quedase nada más que un hálito.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lamentablemente, tenía diez años. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Y qué de aquel muchachito de los baños, el que le deleitaba cada noche a la flauta tras entregarle su toalla y su paño caliente? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Habría recorrido su espalda con la lengua, empezando por su delicadísima nuca y acabando ahí donde el camino se bifurca en dos para mostrarle el oscuro misterio de sus colinas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero aún sólo le llegaba a la cintura, una altura muy satisfactoria, aunque sería preferible que la alcanzase de rodillas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ah, Catulo. Has renegado de tus intenciones volcando tus deseos sobre los versos más bellos de amor a post adolescentes muchachas y muchachos. Te has ahogado en un río de delicadísimas estrofas en loor de los pechos turgentes y los labios carnosos, las voces graves, los muslos velludos, los traseros blancos y redondos, los...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Te muerdes un labio y rabias derrochando saliva que en otrora ocasión hubiera tenido mejor recipiente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Por qué nadie te deja en paz? ¿No es eso lo que quieren? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tomas la pluma, escupes, pegas una patada al suelo lanzando briznas de hierba sobre tu cabeza.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Escribes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Pedicabo ego vos et irrumabo, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Aureli pathice et cinaede Furi, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;qui me ex versiculis meis putastis, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;quod sunt molliculi, parum pudicum. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;nam castum esse decet pium poetam &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;ipsum, versiculos nihil necesse est; &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;qui tunc denique habent salem ac leporem, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;si sunt molliculi ac parum pudici &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;et quod pruriat incitare possunt, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;non dico pueris, sed his pilosis, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;qui duros nequeunt movere lumbos. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;vos, quod milia multa basiorum &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;legistis, male me marem putatis? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;pedicabo ego vos et irrumabo. (*)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Escupes de nuevo, riéndote de ti mismo. Te rascas una pierna. Te levantas, bostezas y te vas, moviendo tu laureada cabeza de lado a lado e implorando a Marte que de una vez por todas lance una plaga de ratas sarnosas sobre las arrugadas retaguardias de tus críticos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(*) Traducción:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Os daré por culo y me la chuparéis, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Aurelio el maricón y Furio la bailarina loca, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;vosotros que, partir de mis versos, porque son delicados, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;opinásteis que yo era un desvergonzado. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Pues es bueno que un poeta prudente sea recatado, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;pero no es necesario que lo sean sus versos; &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;que al fin y al cabo son ingeniosos &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;si son delicados y desvergonzados, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;y que también pueden incitar aquello que excita, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;no digo a jóvenes, sino a hombres de pelo en pecho, &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;que no saben follar bien. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Vosotros, porque leísteis mis "muchos miles de besos", &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Me creéis menos hombre? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Os daré por culo y me la chuparéis.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115192815723129304?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115192815723129304/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115192815723129304&amp;isPopup=true' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115192815723129304'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115192815723129304'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/07/pedicabo-ego-vos-et-irrumabo.html' title='Pedicabo ego vos et irrumabo.'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i3.tinypic.com/16j4p3n_th.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115148661014586065</id><published>2006-06-28T11:21:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.295+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Sírvase variar Usía / La forma de chimenea.</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://tinypic.com"&gt;&lt;img alt="Image and video hosting by TinyPic" src="http://i3.tinypic.com/1606dkh.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hoy, toca des-ficcionar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba yo ensimismada en mis cosas, entre estas cuatro paredes donde me gano el pan. Faltaba media hora para marcharme. Normalmente me entrego a mi trabajo con la desgana suficiente como para hacerlo bien; de hecho, intento seguir la máxima de mi antiguo jefe: “ahí donde estés, intenta divertirte”. Pobrecito él, que al final ha acabado en Bruselas generando sesiones de debate sobre la fisión justo al lado del Plaza del Átomo. Allá él. Cada uno adapta sus desviaciones como puede.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues eso, que estaba yo ensimismada, visualizándome en un Chevrolet desvencijado por las carreteras secundarias de Tijuana, con una botella de tequila y una Mágnum cargada, mientras acababa de organizar una tirada especial del &lt;em&gt;Handbook on Nuclear Law&lt;/em&gt; para políticos, contrastando mi base de datos con el librito &lt;em&gt;Los Cargos en el Poder&lt;/em&gt; y haciéndome cargo, no obstante, de que poder, poder, lo que se dice poder, pocas veces se puede. Pero se intenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sintiéndome, de pronto, muy muy muy muy muy viejecita. Viejuna elevada al séptimo cociente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, estaba yo en esas. El aire acondicionado a 21 grados, la sangre gélida, la cabeza fría, el cerebro refrito y regenerándose despacio, el tiempo parado en un impasse infinitus, cuando de pronto arribó a mi lado el Excmo. Sr. D. L.G.J., sonriente y octogenario, planchadito, repeinado, y me entregó los siguientes artículos para picar, corregir y maquetar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Los nuevos métodos de datación con carbono-14 precisan fechas importantes de la historia antigua”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La edad del cuerpo humano y la de sus órganos y sistemas”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El enriquecimiento isotópico por láser”&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo le miré. Él me miró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le volví a mirar. Y dije:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Gracias, Don L.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don L. me miró y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Parece que estuviera dándome las gracias por dejarle caer la guillotina sobre su cuello, Srta. A. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me haría usted un enorme favor, Don L. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y quién me va a corregir la sección de isótopos? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tiene razón. Qué descortesía por mi parte. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y quién me va a buscar datos sobre los nuevos estautos del I.A.E.A.? (*)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Está usted totalmente en lo cierto, Don L. Hasta que no den las tres, no me suicido. Qué digo, voy a esperar a que Vd. se jubile. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Señorita A., yo me jubilé hace dieciocho años. Esto lo hago por placer. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso me temía, Don L. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Está usted segura de que está donde quiere estar, Srta. A.? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Bien, pues déjelo todo y vayamos ahora mismo a tomarnos una clara de cerveza y hablar de Honoré de Balzac.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Eso hicimos. Y por el camino me fue recitando un poema que había escrito un difunto ex compañero suyo de la Real Academia de Ciencias, algo que rezaba así como:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sírvase variar Usía&lt;br /&gt;La forma de chimenea,&lt;br /&gt;Y basarse en las ideas&lt;br /&gt;Admitidas hoy en día&lt;br /&gt;Según las cuales las ondas&lt;br /&gt;Del humo son evacuadas&lt;br /&gt;Muy mal, cuando son cuadradas&lt;br /&gt;Y muy bien, si son redondas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final sí que hablamos de Balzac. Y de Oscar Wilde. Y de la asimetría del tiempo. Y me fui a casa algo más redonda y menos cuadrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sin ganas de empinar esa botella de tequila, empero, que en todo caso sigue esperando. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;(*) &lt;em&gt;International Atomic Energy Agency&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115148661014586065?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115148661014586065/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115148661014586065&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115148661014586065'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115148661014586065'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/06/srvase-variar-usa-la-forma-de-chimenea_28.html' title='Sírvase variar Usía / La forma de chimenea.'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i3.tinypic.com/1606dkh_th.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-115102777461831952</id><published>2006-06-23T03:52:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.296+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Estamos de fábula tú y yo.</title><content type='html'>&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/5a.4.gif"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/5a.4.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/5a.1.gif"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;Nota: pido de antemano disculpas por esta pastelada. No se volverá a repetir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(para quien ya sabe)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Érase una vez un gorrioncillo con las alas rotas, encerrado en una jaula plateada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había sido siempre así: de pequeño volaba y surcaba cielos con ínfulas de águila. Vivía en el aire la mitad de sus días; le encantaba dejarse llevar por las corrientes y flotar como una cometa sobre los primeros rayos de la aurora. ¡Y cómo trinaba! Era todo un espectáculo cada vez que hinchaba su pequeño pecho al sol rosado del amanecer y componía estrofas de múltiples registros, como un experto trompetista de jazz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana de otoño, sin saber muy bien por qué, se despertó con un ala rota. Estaba como doblegada sobre sí misma, mate, con las plumas peladas y desperdigadas, deslustrosa y torcida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió a tientas del nido procurando no despertar a sus padres e intentó volar hasta la rama más baja del árbol. Pero sólo fue capaz de batir el ala buena y cayó en picado sobre la hojarasca seca del otoño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente, su madre lo vio caer y bajó a por él, angustiada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué te ha pasado?&lt;br /&gt;- No sé, se me ha torcido el ala izquierda.&lt;br /&gt;- Bueno, no te preocupes, ya lo enderezaremos. Pero quédate aquí, no te vuelvas a hacer daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahí se quedó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamaron a varios eminentes doctores – tucanes, flamencos, imponentes aves del Paraíso, pero no había forma: estaba enganchada a sí misma. Al pobre gorrioncillo sólo consiguieron arrancarle unas cuantas plumas y deformarle aún más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que fue creciendo encerrado entre las sombras del nido. Todavía , algunas mañanas, trinaba al amanecer, sobre todo cuando el tono rosado del cielo se tornaba anaranjado y se le hinchaba el pecho sin querer, y se le llenaban de tonos dorados las alas y no podía evitarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso aprendió a desplazarse entre las ramas a saltitos, usando el ala buena para deslizarse hacia abajo y pasear por el suelo buscando castañas o gusanillos o cualquier cosa con que distraerse. Y no le iba tan mal. Por las tardes, cuando caía el sol, su madre volvía a recogerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana de invierno, despertó y tenía el otro ala exactamente igual: Contraído, inservible, arrugado y mustio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya no era un gorrioncillo cualquiera: era un gorrión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezó a hacer frío. No podía salir a por comida, y sus padres ya no estaban para trotes. Empezó a asustarse. El nido empezó a tambalearse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le construyeron unas rejillas de plata, un techo, un suelo, un bebedero y un pequeño receptor para el pienso seco con un espejito para que se entretuviera. Y le dejaron ahí, bajo la tutela de los cuidadores, guarecido del frío y protegido de la gravedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerró la puerta. Se olvidó de aquellas auroras y del rosado y naranja del cielo. Y dejó de trinar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron dos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y casi casi estaba acostumbrado cuando, de pronto, un día de primavera, una palomilla se acercó a las rejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eh, tú&lt;br /&gt;- Hola.&lt;br /&gt;- ¿Qué haces ahí metido?&lt;br /&gt;- ¿No ves mis alas?&lt;br /&gt;- Sí.&lt;br /&gt;- Déjame ver.&lt;br /&gt;- Mira.&lt;br /&gt;- Vaya, no pinta nada bien.&lt;br /&gt;- No, pero puedo imitar a un pollo asado... mira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la palomilla le hizo gracia su ocurrencia. Le salieron chispillas de los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y no te aburres?&lt;br /&gt;- Mucho. Claro. ¿Y tú, qué haces por aquí?&lt;br /&gt;- Andaba perdida.&lt;br /&gt;- Quédate un rato.&lt;br /&gt;- Claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese día, la palomilla le visitaba durante unas horas todas las tardes. Se hicieron muy amigos. Se contaron secretos. Se rieron tanto que hasta escandalizaban a las ardillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella empezó a describirle los amaneceres rosados y naranjas, y sin darse cuenta, un buen día, el gorrión empezó a cantar de nuevo. La palomilla, sorprendida, le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sabes? Es la primera vez que escucho cantar a un gorrión.&lt;br /&gt;- ¿No oyes los trinos?&lt;br /&gt;- Sólo los tuyos.&lt;br /&gt;- Será la acústica de la jaula.&lt;br /&gt;- Será.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde, la palomilla se vio reflejada en el espejito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Esa quién es?&lt;br /&gt;- Eres tú, ¿no lo ves?&lt;br /&gt;- ¿Realmente soy así de guapa?&lt;br /&gt;- Sí, y no sólo eso, eres mi única amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos de la palomilla volvieron a chisporrotear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Puedo entrar a mirar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gorrión titubeó un poco, pero muy poco: hacía mucho que tenía ganas de tocar sus plumas suaves y blancas y de restregar la cabecilla contra la suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La palomilla entró y se volvió a mirar en el espejo, esta vez con mucho más interés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el gorrión se colocó justo detrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué ves?&lt;br /&gt;- No sé, pero te he visto ahí detrás muchas otras veces.&lt;br /&gt;- ¿Justo así?&lt;br /&gt;- Justo así.&lt;br /&gt;- ¿Y qué piensas?&lt;br /&gt;- Pienso que ya no estoy perdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durmieron acurrucados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la mañana, el gorrión despertó y vio que, en el lugar de su ala izquierda otrora maltrecha, había un trocito de un suave ala blanca de paloma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella le miraba sonriente, disimulando el muñón donde antes había estado la otra mitad de su ala izquierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero, ¿qué has hecho?&lt;br /&gt;- ¿Importa mucho?&lt;br /&gt;- No puedo quedármelo...&lt;br /&gt;- Ya es tarde. Pruébalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salieron los dos, él tambaleándose y ella intentando acostumbrarse a su ala y media para poder compensar la falta de balance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volaron un poquito. La palomilla lo sujetaba por el ala mala y él conseguía mover el otro con un poco de esfuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron hasta lo alto de una colina, y de nuevo el rosado y naranja del sol tiñó sus alas de dorado. Y se le hinchó el pecho. Y consiguió lanzar unos débiles trinos al aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvieron a la jaula, algo eufóricos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el gorrión, agotado, entró y cerró la puerta. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La palomilla lo miró desde fuera sorprendida:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿No me dejas entrar?&lt;br /&gt;- No puedo. No sirvo.&lt;br /&gt;- ¿Y yo, qué hago con mi media ala?&lt;br /&gt;- Quítamela.&lt;br /&gt;- No puedo. No puedo recosérmela. Ya no me pertenece.&lt;br /&gt;- Pues te la iré devolviendo como pueda. Pero a mí no me sirve. No tengo fuerzas.&lt;br /&gt;- ¿Y dónde voy yo ahora? ¿Y cómo voy a cuidarte? ¿Y cómo voy a enseñarte la aurora? ¿Y lo que es peor, quién me va a cuidar a mí?&lt;br /&gt;- No puedo. No puedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La palomilla se quedó esperando, fuera, un buen rato. Asustada, entristecida, apocada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pegó un brinco torpón y salió, tambaleándose con su ala y media, golpeándose contra las ramas de los árboles y buscando un lugar donde dormir, dormir, dormir, hasta que el tiempo sólo fuera un recuerdo. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-115102777461831952?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/115102777461831952/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=115102777461831952&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115102777461831952'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/115102777461831952'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/06/estamos-de-fbula-t-y-yo.html' title='Estamos de fábula tú y yo.'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-114997959925513890</id><published>2006-06-11T00:35:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.298+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Sublime sans interruption</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://anilibis.blogspot.com"&gt;&lt;img alt="Pont Neuf" src="http://i6.tinypic.com/1409p8n.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Le Dandy doit aspirer à être sublime, sans interruption.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Charles Baudelaire &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(Para H.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre del abrigo gris entró en el Café Les Deux Magots. Al abrir la puerta, los faroles amarillentos de la fachada le iluminaron la frente proyectando sombras bajo sus ojos, boca y nariz que le aportaron, por un momento, un aspecto aún más tétrico y enfermizo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sin embargo, su pelo negro arremolinado, sus ojos grises vivos como ascuas, gritaban en silencio que aún esperaba el milagro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se retiró un par de gotas de lluvia de la mejilla con la palma de la mano, respiró hondo, y se acercó con paso cansino hacia el centro del café. Miró a su alrededor, inquisitivo. Sólo hacía un mes que venía a este café, y todavía no se había hecho amigo de los habituales. Ni siquiera sabía si él podía considerarse “habitual”. Su boca dibujó un irónico gesto torcido al pensar en el juego de conceptos: ¿Acaso la muerte, su sombra, es habitual? El problema es que la respuesta siempre es “sí”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró hacia atrás esperando ver a la Parca asomada a los ventanales, sacándole la lengua con sorna y escribiendo en la humedad del cristal: “No escaparás”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero ningún rostro enjuto le sonreía desde el frío de la acera parisina. Su sombra se había despegado de él por un momento, y eso era en sí un motivo de celebración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acercó a una esquina y dejó caer sus huesos cansados sobre uno de los asientos semicirculares. Se desabrochó el abrigo, se ajustó el chaleco negro con falsa presunción y apoyó los codos en la madera agrietada de la mesa. Con un leve gesto de la mano derecha intentó llamar la atención del camarero de batín blanco. Caso omiso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bien. Todo en orden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonrió y traqueteó sobre la mesa con los dedos mientras el humo de quinientos cigarrillos, cigarros y dulces &lt;em&gt;Gitanes&lt;/em&gt; invadía su espacio. Y ahí, en la bruma repentina, apareció ella - traslúcida y pálida como un cuadro de Monet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No va a venir a no ser que tenga un buen motivo para hacerlo – dijo la aparición, sentándose sin invitación frente a él.&lt;br /&gt;- ¿Y el motivo podrías ser tú?&lt;br /&gt;- Claro. Sólo tienes que poner cara de que realmente vas a invitarme.&lt;br /&gt;- Dame un buen motivo para hacerlo.&lt;br /&gt;- Soy barata.&lt;br /&gt;- Supongo que es tan bueno como cualquier otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Milagrosamente, el camarero apareció treinta segundos después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Desea algo, monsieur? ¿Mademoiselle?&lt;br /&gt;- Absenta para los dos, gracias – dijo ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era guapa, a pesar de su aspecto ajado. El pelo castaño le caía en ondas suaves bajo un gorro de lana azul y tenía unos ojos enormes, intensos, verduscos, tremendamente adultos y aún así casi infantiles en su pátina de melancolía. Se quitó el desvencijado chaquetón de piel mate, se ajustó coqueta el vestido de lana roja y sacó una pitillera de plata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Fumas?&lt;br /&gt;- No, gracias. Tengo enfisema.&lt;br /&gt;- Cualquiera lo diría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó la absenta y ella dio dos pequeñas palmaditas de alegría, desperdigando chispitas del cigarro en el aire. Él la miró con curiosidad, observando la delicadeza con la que introducía un terrón de azúcar en el líquido verdusco, lo recogía con la cuchara, colocaba ésta sobre el vaso y luego lo prendía con una cerilla de madera, sonriendo mientras la cálida llama iluminaba la punta de su nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿No vas a beber? – dijo ella, observando su impasibilidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- No se me da tan bien como a ti el ritual.&lt;br /&gt;- Deja que lo haga yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica tomó su vaso con un leve y repentino aire de timidez e hizo lo propio. Cuando el terrón de azúcar empezó a arder, se lo acercó otra vez con un empujoncito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ahora, apaga la llama y deja caer el azúcar. Si no, se te quemará.&lt;br /&gt;- De acuerdo. Tú mandas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bebieron, ella a leves sorbitos y él a sorbos alargados y espaciados, mirándola siempre a los ojos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Estás bien? - le preguntaba él.&lt;br /&gt;- Estoy muy bien, gracias. Ya no hace tanto frío.&lt;br /&gt;- Dime, ¿cómo de barata eres?&lt;br /&gt;- Oye, que yo sólo me dejo invitar. ¿Qué te habías creído? Lo que pasa es que nunca pido nada demasiado caro.&lt;br /&gt;- Entiendo. Discúlpame, entonces. No quería ofenderte.&lt;br /&gt;- No te preocupes. Estoy acostumbrada. Como puta cobraría mucho más. Pero no se me da bien.&lt;br /&gt;- ¿No se te da bien?&lt;br /&gt;- No, lo intenté durante un par de semanas y los clientes se quejaban a la madame: decían que no era lo suficientemente viciosa. Supongo que no le echaba suficientes ganas. Y eso que no fingía nada mal. Practicaba en casa, frente al espejo... hasta quedarme casi sin respiración. Pero no era lo bastante creíble.&lt;br /&gt;- ¿Y qué pasó?&lt;br /&gt;- Pues nada, me despidieron.&lt;br /&gt;- ¿Te despidieron del burdel?&lt;br /&gt;- Sí. Pero me alegro. A estas alturas igual ya tenía sífilis o un pobre niño que dejar a las puertas de Saint Germain des Prés.&lt;br /&gt;- ¿Ves la torre de Saint Germain, ahí, desde la ventana? – indicó él – es una bonita iglesia. Igual no hubiera estado tan mal atendido.&lt;br /&gt;- Prefiero no traer a nadie a este mundo. ¡Si ni siquiera consigo cuidar de mí misma!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre sonrió con cierta tristeza. En su boca se dibujó el principio de una frase sarcástica, pero la acalló antes de pronunciarla. No podía. Por primera vez en tanto tiempo, no se sentía solo. Tampoco entendía de dónde venía esa sensación de familiaridad que le embargaba cuando el olor a violeta mustia de la enigmática mujer le llegaba entrelazado en la humareda del café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, ya basta de ese tema. ¿Qué haces tú en el Deux Magots? – preguntó ella, jugueteando con la cuchara.&lt;br /&gt;- Había decidido esconderme aquí un rato. Tenía una cita más tarde. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La sonrisa se le apagó un poco a la chica. Musitó, disimulando desinterés: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Oh... Bien, entonces no debería ocupar más tu tiempo. ¿Has quedado aquí?&lt;br /&gt;- No. En el Pont Neuf.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella le miró sorprendida. Pocos segundos después, sin apartar sus enormes ojos de los de él, dejó que un ligero velo de comprensión cubriera lentamente su cara. Una vez más sonrió con ese aire tímido que parecía tan nuevo en ella y se mordió el labio inferior. Al rato, preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, ¿vas a ir?&lt;br /&gt;- Dime, ¿qué me aconsejas? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Qué preferirías?&lt;br /&gt;- Que vengas conmigo o que me lleves a otro sitio.&lt;br /&gt;- Yo no tengo dónde esconderte. Pero si me dices cualquier otro lugar lejos de aquí, te acompañaré.&lt;br /&gt;- Muy bien. Pues pongámonos en marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantaron a la vez, y sus cabezas chocaron levemente. Ella rió nerviosa, se ajustó la gorra y se ciñó el chaquetón con torpeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Dónde vamos? – le preguntó.&lt;br /&gt;- Da igual. Confía en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica le miró durante un instante más mientras él la cogía de la mano. Luego, introdujo la otra mano con aire decidido en el bolsillo de su chaquetón y sacó un pequeño pastillero que dejó caer con un alegre tintineo sobre las deslucidas baldosas del café.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-114997959925513890?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/114997959925513890/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=114997959925513890&amp;isPopup=true' title='18 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114997959925513890'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114997959925513890'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/06/sublime-sans-interruption.html' title='Sublime sans interruption'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i6.tinypic.com/1409p8n_th.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-114934953884502794</id><published>2006-06-03T17:41:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.299+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>De hospitales, hot dogs y semáforos (recuerdos de un día de invierno)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/ny.1.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/ny.1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Cuando me despierto en mi cama, tengo que levantarme por el lado derecho porque el izquierdo lo tapa la pared. Pero hoy me he despertado en otra ciudad, bajo el cuadro del ángel de la guarda de mi niñez, y muy pronto, y sin mis paredes protectoras. ¿Cómo saber de qué lado levantarse? Bueno, creo que fue el derecho esta vez, el más cercano a la ropa porque me tenía que vestir a toda prisa. Y luego el olorcillo entre dulzón y agrio del hospital, veo batas verdes, blancas, rosadas... ¿qué equipo juega hoy? Planta de Coronarias. Paso una mano por debajo de la sábana y hago cosquillas subrepticiamente al pie desnudo de mi madre. "¡Quita, quita, que me matas!" dice. Y yo me río, mientras la enfermera le pasa la nitroglicerina: "Como pille por ahí una jeringuilla de esas tochas verás si te mato." Me voy a la segunda planta. Cirugía interna. Unos conocidos me dicen que la tía ya tiene fecha para la tercera sesión de "quimio". Fecha y todo, qué ilusión. Qué nervios. Blanca y radiante va la novia. Hay ya tanta confianza que hasta le ponemos motes. "Quimio". "Radio". Todo tannn bonito. Me apoyo en la ventana y veo a las monjas del convento de abajo regando los geranios. Cuando mi padre (creo que eso era en Traumatología) nos íbamos paseando hasta ese ala también y nos imaginábamos historias de terror sobre las monjas, aliñadas por todo tipo de instrumentos de tortura medieval. Será la reverberación de la memoria colectiva. Ahí, dos calles más abajo, se casaron los Reyes Católicos. Ahí, una esquina a la izquierda, me casé yo. Luego me descasé, pero ya no fue en la iglesia. Vuelvo a pasearme por el pasillo, tic, toc, tic, toc, un pie encima de cada baldosa, sin salirme de la raya. Sigue el camino de baldosas amarillas. Me pongo a saltar la rayuela al lado de la unidad de Cuidados Intensivos. Ahora soy yo la que jadea. Subo corriendo de nuevo a Coronarias, no sea que me confundan con una enferma y me hagan un cateterismo. En la habitación 326 ya ha terminado la merienda de nitroglicerina. Miro a mi madre los ojos. Qué raro que sean tan azules y los míos tan castaños. ¿De qué civilización perdida se habrá escapado? "Tienes que parar", me dice. Paro. Paro en seco. Miro de nuevo hacia el pasillo, y se vuelve a encender el semáforo en mi cabeza. Sí, no hay otra. Hay que cruzar al otro lado porque no se puede parar. El mundo es inmensamente grande y hay tantas calles que cruzar... lo que pasa es que si te mueves en el momento erróneo te atropellan. Y luego acabas ahí, en Traumatología. Me siento, pensando en que tengo que cruzar, y pienso en la Tercera Avenida. Hoy sería un día perfecto para tomarme un hot-dog al sol.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-114934953884502794?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/114934953884502794/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=114934953884502794&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114934953884502794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114934953884502794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/06/de-hospitales-hot-dogs-y-semforos.html' title='De hospitales, hot dogs y semáforos (recuerdos de un día de invierno)'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-114869584795305749</id><published>2006-05-27T04:08:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.300+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Highway from Hell</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/hell-freezes.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/hell-freezes.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;(Para &lt;a href="http://mimenor.blogspot.com"&gt;Asmadeus,&lt;/a&gt; con fe.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hans Ibsen se despertó más dolorido y nervioso de lo normal. Cierto es que en el infierno no puedes darte el lujo de una tranquilidad contemplativa, porque las jodidas llamas y los tridentes son altamente molestos, y escuecen. Sobre todo a la hora de la siesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tampoco es muy fácil dormir entre los espantosos gritos de agonía de los vecinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se había acostumbrado a medir el tiempo en el infinito según la época, y en esa lo hacía a golpe de eructos – 4 eructos: 1 hora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eructó, y decidió que debía ser por la tarde. Ahí estaba, tumbado sobre su roca habitual al borde del cráter habitual, intentando evitar los habituales salpicones de lava candente que se empeñaban en destrozarle los dedos del pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Malditos abismos infernales – se dijo, mientras encendía una colilla con un trozo de carbón encendido y sacudía asqueado la pierna derecha para liberarse de una cucaracha gigante que había empezado a alimentarse con su gemelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la superficie rojiza del suelo apareció una sombra familiar, una figura ominosa y humanoide coronada por dos tremendas astas encorvadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonrió con un poco de amargura y miró hacia arriba, tapándose la frente con una mano para evitar el destello de aquellos ojos en llamas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenas tardes, Belfegor. Ya se te echaba de menos. ¿Cuánto ha sido? ¿Dos, tres años?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Algunos más, me temo. Mueve el culo y levántate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Belfegor era un tipo feo. Siempre lo había sido. Pero tenía carisma. Se podría incluso decir que escondía un matiz de bondad bajo su piel negruzca y escamosa y, por algún motivo, sus cuatro metros de altura no eran del todo intimidantes. O tal vez es que le había cogido cariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Se puede tener el síndrome de Estocolmo en el infierno?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se desperezó como pudo y se puso en cuclillas, sin importarle en absoluto que el Demonio milenario viera sus chamuscadas partes pudendas oscilando sobre las rocas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué va a ser ahora, querido? ¿desollación? ¿descuartizamiento? ¿Partida de bridge?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No me provoques, Hans. Levántate o te saco de aquí arrastrándote por los pocos pelos que te quedan hasta que acabe hundiéndote las uñas en los sesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En los cuarenta años que llevo aquí no me habías dicho nunca nada tan romántico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ni tú me has invitado a cenar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Normal, he estado bastante ocupado devorando mis propios intestinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Levántate. No te lo voy a repetir más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantó, raspándose las palmas de las manos contra las piedras afiladas. Un hilillo de sangre se deshizo entre sus dedos. Le ofreció una uña ensangrentada a Belfegor y sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quieres un poco o vas a darte un festín con mi hígado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agarrándolo por un brazo, el demonio empujó a Hans por un camino cubierto de cal y vísceras. Al fondo, las siluetas de los cráteres y volcanes en erupción dibujaban bonitas sombras rojizas sobre el cielo gris. Cuerpos empalados sobre postes negruzcos se retorcían a su paso. Algunos le saludaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hans, ¿dónde te llevan?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sé, Minnie. Supongo que volveré. ¿Te duele mucho eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Aguanto como puedo. Es molesto, sobre todo cuando me llega la punta a la glotis. Oye, Hans, cuando vuelvas, si puedes, a ver si me traes algo de agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Haré lo que pueda, Minnie. Aguanta ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final del camino estaba la puerta. Hacía al menos tres años desde la última vez que lo habían llevado al umbral, desde aquel día que las huestes del séptimo círculo se habían cebado con él en una de sus orgías. Todavía le dolía el costado por donde Abaddon le había arrancado los riñones a bocados, y la tráquea a menudo se le desprendía después de haber sido masticada por el glotón de Haborimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué va a ser esta vez, viejo amigo? Dame al menos una pista, no me mantengas en la intriga... que vivo sin vivir en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Calla, Hans. Ya estoy harto de ti. Largo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Belfegor le pegó un empujón en la espalda con una de sus zarpas dejándole un bonito surco rojo, extendió las alas de murciélago y salió volando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las Puertas del Infierno eran bastante más prosaicas de lo que uno se imaginaría. Nada de orlas doradas ni grabados luciferinos en el acero: Un par de viejos tablones de madera roída algo cochambrosos, sujetos con una barra de hierro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sentó en el suelo y esperó, sumiso, a que vinieran a buscarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de unas cuantas horas, y viendo que nadie aparecía, se levantó y observó las puertas con detenimiento. Colocó una mano tímidamente sobre la barra de hierro y empujó hacia la izquierda: se deslizó suavemente y dejó al descubierto ambas puertas, que se abrieron con un leve gemido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró atrás: no aparecía nadie por aquel camino calcinado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al fondo, en el horizonte rojo, las figuras de los empalados bailaban en el vapor de las llamas como libélulas moribundas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Que les den a todos por el culo – se dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y salió.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-114869584795305749?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/114869584795305749/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=114869584795305749&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114869584795305749'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114869584795305749'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/05/highway-from-hell.html' title='Highway from Hell'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-114798762965712026</id><published>2006-05-18T23:16:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.301+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Alfabestias</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/brokenKeyboard.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/brokenKeyboard.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Hace tiempo que vivo con esta pexadilla. No recuerdo ya muy bien... ¿Dos semanes? ¿tres? Me quita el sueño, me mina el apetito, merman mis energíax a medida que rebusco y rebusco en el enigma. El caso es que me estoy volviendo totalmente loca, de hecho he llegado a penser que es todo un producto de mi calenturienta imaginación. Pero no, la evidencia está clara, cada día lo demuestran con máx y mayor constancia: las tecles A y S de mi teclado se han peleado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, y haxta que no encuentre una forma de conseguir una reconciliación, no me es posible escribir ninguna palabra en la que ambes letrax estén juntes. Por eso, cada vez que se da el ceso, me veo obligada a sustituir a A por E y S por X. En un principio sugerí a A dejarme utilizar la @, que al menos tenía un cierto parecido como es el caxo de S con X. Pero A es arisca y orgullose, y afirma que – siendo nada menos que la primera letra del alfabeto – no está dispuesta a ser sustituida por un signo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a pexar de que le he asegurado repetides veces que la arroba es un signo que proviene del latín, se sigue negando La muy axtuta.. Es més, como habréis comprobado también me veo obligada a alternar el uso de sus letrax sustitutes, para que axí la ecuanimidad sea total. El problema es de difícil solución. Penseréis que sería tan fácil como cambiar de teclado. No soy tan tonta, ya lo he intentado. Pero ni aún axí funcionó. El problema radica mucho més allá. Creo que el enfrentamiento se produjo directamente en el disco duro, o posiblemente en el procexador. He probado incluso a formatear el disco, pero tampoco he conseguido solucionarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final, tres un larguísimo proceso de investigación, revixando el backup que realicé antes de formatear, descubrí que el origen de esta pelea se remonta a hace una semana cuando abrí, como cada mañana al sentarme frente al ordenador, la página web de El País. Me fijé en la curiose noticia de que Madonna se había convertido a la Cábala. Al parecer lax letras de mi teclado también se fijan en todo lo que yo leo. No en vano están sometides al continuo contacto con mis dedos y, de algún modo, van recogiendo pequeñax señales de la actividad electromagnética de mis ondes cerebrales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y bien, en mi indagación no solamente descubrí eso (confirmado máx tarde por las mismísimas A y S, pero cómo llegué a alcanzar la comunicación con elles es algo que contaré en otra ocasión). También descubrí, para mi tremenda sorprese, que cada vez que dejaba el ordenador encendido lax teclas investigaban por su propia cuenta. No vamos ahora a contar cuáles han sido les inquietudes del resto del alfabeto porque esta historia entonces sería interminable… y ese trabajo ya lo hizo con mejores méritos Michael Ende.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ceso es que tanto A como S coincidieron en la misma curiosidad por los secretos de la Cábala Gnóstica. Y, durante noches y noches en mi ausencia frente a la pantalla, fueron entregándose a una batalla sin igual sobre sus derechos. Primero, me confesó A, fue el inocente vacile mutuo sobre sus correspondientes referentes numerológicos. Según la Tabla Numérica Cabalística tanto A como S tienen el mismo valor: 1. El significado del número 1 es el siguiente: “Nuevos comienzos, originalidad, liderazgo, inventiva, disposición y energía maxculina.” Era en este último punto donde empezaron a discrepar, pues tanto una como otra eseguraban poseer pura esencia femenina. Una por ser vocal y la otra por ser sinuoxa. Negaban, sin embargo, y especialmente S, que su género fuera exactamente igual ya que A afirmaba que, siendo vocal, tenía més capacidad de acuñación léxica – el poder de dar la vida – y S como mucho podía aportar una pluralidad en muchos cesos obsoleta. Por lo tanto A absorbía máx poder de su valor numérico que S, que simplemente se ajustaba a un estándar. Sin olvidar la pedante manía de A de recordar en todo momento que ella también es una conjunción y por lo tanto pertenece a la élite vocal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intentaron redefinir sus territorios mediante una relectura de su valor numérico a otro nivel, lo que sólo acrecentó el fuego de su discordia: recurrieron a la tabla ESCII. Cuál sería la sorprexa cuando descubrieron que el valor de A es 065 y el de S 083; ambos números suman 11, y 11 suma .... 2. En ambos cesos empate total.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni siquiera su posicionamiento en el Alfabeto resolvía el caxo: A está en el puesto 1 mientres que S se encuentra en el 19; 1+9= 10, 1+0= 1. La única forma de que consiguieran desempatar sería si se rigieran por el alfabeto clásico cestellano, es decir, la incursión de la CH entre la C y la D y la Ñ entre la M y la N; esto convertiría a S en 21 y su valor sería de 3, lo que rompería el hechizo del paralelismo entre ambax. Pero la disputa ahora ha ido més allá. Se trata de demostrar que A es polivalente y superior puesto que le corresponde el número máx cercano a 0 en cualquiera de los cesos. Del mismo modo, S insiste en que esto mismo le convierte en inferior Y en esto estoy, ahora mismo. Suplicándoles una cercanía y un acuerdo mutuo que me permita volver a escribir. El caxo es que está afectando directamente a mi forma de penxar. Incluso a mi forma de hablar. La gente me pregunta constantemente qué digo, por qué formulo palabres tan extrañax de pronto; los desconocidos me preguntan si soy gallega, o francese, o italiana; estoy viviendo un desdoblamiento de personalidad tan acuciante que... sin duda alguna... en cualquier momento tendré que recurrir a borrarlax directa y definitivamente de mi alfabeto. Les sustituiré por K.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi vidk keguramente ckmbirk de unk formk dolorokk; keré unk friki mkk pero kl menok kkbré quién koy.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-114798762965712026?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/114798762965712026/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=114798762965712026&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114798762965712026'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114798762965712026'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/05/alfabestias.html' title='Alfabestias'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-114747586804065249</id><published>2006-05-13T01:01:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.302+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Todos me llaman el negro, llorona.</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/lagrima-bebe-missdevilblogssapopt.1.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/lagrima-bebe-missdevilblogssapopt.1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Fíjate en la tremenda ironía:&lt;br /&gt;para escribirte este poema me he puesto una ranchera.&lt;br /&gt;Sí, de la anciana aquella de voz mórbida que hoy&lt;br /&gt;preside el coche fúnebre de nuestra historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me parece un poco absurdo escribirte así                                              &lt;br /&gt;                                          en el tren,&lt;br /&gt;desprendida del recuerdo, pero aún así recordando,&lt;br /&gt;como si fuera hace un minuto&lt;br /&gt;cuando te lavaba el pelo frente al balcón.&lt;br /&gt;Y, aunque te parezca absurdo, recordando también&lt;br /&gt;           el olor agrio de nuestra cama los domingos por la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que el día que hice las maletas&lt;br /&gt;las gatas me miraban confusas, preguntándose&lt;br /&gt;por qué les ponía demasiado pienso y golosinas.&lt;br /&gt;Hasta me dio tiempo a limpiarles la tierra de la caja,&lt;br /&gt;con especial esmero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, fíjate, que tuve la inspiración de tirar&lt;br /&gt;a la basura junto con las heces felinas,&lt;br /&gt;la última venda ensangrentada del post-legrado&lt;br /&gt;para que el resto de nuestro hijo muerto languideciera&lt;br /&gt;entre los desechos de sus hermanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora voy en un tren persiguiendo la estela del atardecer&lt;br /&gt;y un niño frente a mí le da un codazo a su madre&lt;br /&gt;al encontrarse con mis ojos encharcados.&lt;br /&gt;Yo sonrío y comento que la música es muy triste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si me hubieran dado una moneda&lt;br /&gt;por cada vez que te lloré en un tren&lt;br /&gt;ya tendría una pequeña fortuna&lt;br /&gt;y sí, hubiera podido pagar a un eminente doctor&lt;br /&gt;       para que te extirpase de cuajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no se me ocurrió hacer colecta:&lt;br /&gt;ahora es demasiado tarde.&lt;br /&gt;Presiento que me quedan pocas lágrimas&lt;br /&gt;que ofrecerte en los trenes, o en el metro&lt;br /&gt;o en la calle, o en el lado de mi cama&lt;br /&gt;que se apoya contra la pared.&lt;br /&gt;Afortunadamente, ya queda muy poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hoy te mereces un pequeño,&lt;br /&gt;casi póstumo, homenaje:&lt;br /&gt;aunque ya haga más de dos años&lt;br /&gt;desde que hice aquellas maletas&lt;br /&gt;y sólo me quede una gata a la que sobrealimentar,&lt;br /&gt;y no me hayan tenido que volver&lt;br /&gt;a raspar ningún cadáver del útero&lt;br /&gt;y sólo esté mi pelo en el cepillo,&lt;br /&gt;y nuestra cama de colchón duro vanguardista&lt;br /&gt;          de los Grandes Almacenes la comparta una mejicana&lt;br /&gt;de esas que replican los mariachis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te lo mereces porque ya está firmado el fin.&lt;br /&gt;Déjame explicarte: hoy empieza a bajarse&lt;br /&gt;el telón sobre nuestra tragicomedia,&lt;br /&gt;y estoy en un tren, y escucho rancheras&lt;br /&gt;y es el momento para que sólo los extraños&lt;br /&gt;participen de este instante de nostalgia inconfesable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te lo mereces porque no tengo nada que reprocharte&lt;br /&gt;y lo último que te entregaré supongo que será mi firma&lt;br /&gt;sobre un papel en el juzgado más cercano a nuestro distrito postal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y porque el otro día también a ella la legraron&lt;br /&gt;y no puedo escudarme en la indiferencia.&lt;br /&gt;Quiero que tus frutos sean maduros,&lt;br /&gt;te deseo posteridad,&lt;br /&gt;inmortalidad y larga vida.&lt;br /&gt;Te deseo lo mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Créetelo. Aunque te parezca absurdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;p.d. Mis agradecimientos a Ismael Cabezas por su corrección de estilo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-114747586804065249?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/114747586804065249/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=114747586804065249&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114747586804065249'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114747586804065249'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/05/todos-me-llaman-el-negro-llorona.html' title='Todos me llaman el negro, llorona.'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-114703400762255330</id><published>2006-05-07T22:29:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.303+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Tonta(s).</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/tontas.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/tontas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Mi madre siempre me decía que hay que saber hacerse la tonta, pero con inteligencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego parecía pensárselo y dejar las explicaciones a un lado y me decía directamente que hay que ser tonta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años después, cuando yo soltaba alguna perla de mi filosofía de bolsillo, me miraba a la cara y me decía: “Es que... hay que ser tonta”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre simplemente me decía que era tonta. Que las dos éramos tontas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los años y sólo quedas tú, mamá. Tonta de mí, que no supe apreciar tus palabras. Me sabías (y me sabes) una rebelde nata, y me decías lo contrario de lo que querías que hiciera para lanzarme de pleno en el sentido opuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces funcionaba, a veces no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez no funcionó, porque he sido tonta toda la vida, y loca, y temeraria, y bastante lista cuando he querido, pero... en el fondo... así como en el fondo, a nivel subrepticiamente subconsciente, tonta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso sí, con inteligencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, ahora tú eres todo lo que tengo. Imagínatelo. Aunque nos hayamos peleado tanto. Y por TANTAS tonterías. Aunque nos hayamos hecho llorar. Y menos mal que eres todo lo que tengo, porque no se me ocurre qué mejor tener.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También tengo cositas que complementan el tesoro, no te preocupes tanto: tengo a mi gata, tengo mis amigos, tengo cierta ilusión, tengo a quien mirar directamente a los ojos sin que se esconda... me tengo a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, insisto, tú eres globalmente todo lo que tengo y todo lo que hubiera deseado tener.&lt;br /&gt;Aunque no compartas mi cotidianeidad ni mi rutina, ni mi domesticidad, aunque participes de mi vida en la dosis que yo me atrevo a administrarte... pero lo eres todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sí, tal vez un día consiga decírtelo... cuando hayamos matado a todos los demonios y hayamos mandado a todos los fantasmas a sus celdas oscuras. Y el eco de mis palabras llegará a algún lugar donde las pueda escuchar papá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No te preocupes, que seguiré haciéndome la tonta... con inteligencia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-114703400762255330?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/114703400762255330/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=114703400762255330&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114703400762255330'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114703400762255330'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/05/tontas.html' title='Tonta(s).'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-114400236861800385</id><published>2006-04-02T20:18:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.304+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>El espejo negro</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/bild.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/bild.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Alguna vez he pensado que tal vez me equivoqué contigo. &lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Siempre fuiste un desastre. Recuerdo aquella mañana de domingo en el parque, el día que nos aventuramos a hacer un picnic. Casi incendias media ciudad al encender la pequeña barbacoa. Me quemé dos dedos al intentar apagar el fuego con el mantel y me salieron tres ampollas brillantes como globos, incrustadas entre la carne chamuscada. Aquella noche las lamiste con ternura. Me decías: “Están saladas, están saladas” y sonreías. Luego hicimos unos cuantos chascarrillos horteras sobre las barbacoas y las salchichas, y tú te pusiste encima suavemente mencionando no sé qué marca de embutidos alemanes con salsa picante. Recuerdo que esa noche estabas especialmente bella mientras te mecías empalada en mí. Y yo, me olvidaba totalmente del dolor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Alguna vez me quedé en trance simplemente mirando el brillo de tus cabellos castaños. ¿Recuerdas los atardeceres dorados en el balcón, cuando la luz se teñía de naranja y malva? Yo cogía un mechón de tu pelo en una mano, lo doblaba a la luz del sol y me quedaba hipnotizado mirando el chorro espeso de miel descendiendo incandescente hacia abajo. Tú me hacías girar los ojos hacia la puesta de sol para mirarte en ellos, y susurrabas: "mi espejo negro".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Me pregunto por qué me llamabas eso. Mis ojos no son negros; sabías perfectamente que en ciertas luces tienen reflejos castaños y ese peculiar puntito oscuro encima del iris que tanta gracia te hacía. Lo llamabas el satélite.No deberías haber ennegrecido mi mirada. Siempre quise que fuera clara para ti. Sin satélites, sin motas que te distrajeran; simplemente un lugar donde verte reflejada, porque sabías que yo sabía quién eras y la mejor respuesta estaba ahí cuando caías prisionera del abismo y llorabas asustada sin recordar tu nombre. No, no son negros. Mis ojos nunca fueron negros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nunca me viste tal como soy.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando gritabas, yo sólo quería hacerte callar con un beso. ¿Por qué no entendías que eso era lo único que quería? ¿Por qué me retirabas la cara? Sólo conseguías hacer el precipicio más y más alto, poner roca sobre roca, hasta que no había más remedio que saltar. Y yo te lo intentaba explicar. Recuerdo una noche; habías gritado mucho y yo te pedía perdón mientras iba mojando tus mejillas de lágrimas. “Pruébalas, están saladas”, te decía para apaciguarte. Pero mirabas hacia otro lado, y eso dolía. No te imaginas cuánto. Te notaba lejana, te sentía lejana, y a pesar de mi dolor tenía que hacértelo comprender.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El día que fui a buscarte a la puerta del trabajo, aquel martes de noviembre... ¡Qué guapa estabas! Puedo verlo como si fuera hoy. Llevabas el abrigo de lana verde y me sonreíste al entrar en el coche, llenándolo todo de un rastro invisible de jazmín. Yo apartaba la vista de la carretera y te miraba, arriesgando nuestras vidas entre el tráfico caótico de hora punta, y tú te retorcías nerviosa. Pero te mordías el extremo derecho del labio, y eso siempre fue señal de que estabas excitada. No lo niegues, te encantaba. Y tus muñecas eran tan hermosas cuando te agarrabas al cinturón... creo que cada vez que miraba aquellos huesecillos infinitamente frágiles y delicados sobresaliendo por tu piel de porcelana me daba un vuelco el corazón. Como tu nuca. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tu nuca era la cosa más delicada del mundo. Especialmente ese pequeño valle que se marcaba en el centro, tan infinitamente suave. Exhibías tímida, temerosa con orgulloso poder mis regalos: aquellas líneas rojas con pequeños puntitos morados en las muñecas y la nuca, las marcas tribales. Más valiosos que cualquier pulsera de diamantes o cualquier collar de rubí. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Me fascinaba el contraste del rojo con tu piel tan blanca.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando más te amé fue cuando empecé a jugar con los hilitos de sangre entre tus muslos, dibujando estrellas y corazones con la yema de mi dedo y la punta del escalpelo. Creo que te oía suspirar, y hasta te mordías el extremo del labio. No lo niegues. Me encantaba el olor de aquella menstruación falsa, sólo mía. Yo te hacía mujer y yo estaba por encima de las leyes de la naturaleza. Y te miraba y tú llorabas. Y me hacías llorar, no sé si de felicidad o de ternura. Tan bella. El cuero te favorecía mucho, por eso lo elegía siempre para enganchar tu delicado cuello, tus muñecas perfectas y tus finos tobillos a la cama, y deleitarme con la combinación de cuero y sangre entre tu cuerpo de manteca batida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero a veces he pensado que tal vez e equivoqué contigo. No eras perfecta: No te dabas cuenta de que mis ojos eran castaños. Que te quería tanto o más que a mi vida. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Que yo marcaba las reglas porque tú me implorabas que las marcara. No llegaste a entenderlo del todo, mi vida. Y, por eso, a veces me arrepiento de haberte dado el poder de la inmortalidad haciéndote mía. No sé si te lo merecías del todo... No pienses que soy cruel, perdóname. No quisiera ofenderte ni hacerte llorar. Pero permite que tenga esta pequeña duda... que tal vez... tal vez... no merecías estar al otro lado de mi espejo. Lo que me hace sentir aún más generoso en mi misericordia: hubieras sido demasiado desgraciada estando viva. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-114400236861800385?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/114400236861800385/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=114400236861800385&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114400236861800385'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114400236861800385'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/04/el-espejo-negro.html' title='El espejo negro'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-114244312404418825</id><published>2006-03-15T18:12:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.305+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Barnum &amp; Barley</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/circus2.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/circus2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;em&gt;It’s a Barnum and Barley World&lt;br /&gt;Just as phoney as it can be&lt;br /&gt;But, oh! It wouldn’t be make-believe&lt;br /&gt;If you believed in me.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Paper Moon", de Ella Fitzgerald&lt;/em&gt; &lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hoy le subieron la dosis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas dos horas después, ya lo notaba. La reacción inmediata fue que se puso bizca, como si las pupilas quisieran darse un beso. Una hora después, sus fosas nasales estaban hiper-ventiladas. El aire entraba limpio y raudo por el túnel interno hacia los pulmones, que se ensanchaban orgullosos y pletóricos cada siete segundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una hora más tarde la cabeza seguía haciendo equilibrios sobre el cuello mientras dentro chocaban miles de nanosaltimbanquis en un desmadre circense. Y ella se ponía de pie, cogía paso firme, daba tres o cuatro paseos por la habitación, y les espetaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Todos a la una, vamos, controlaros. ¡¡Coordinación, coordinación!! ¡¡Coreografía, nada de descontrol!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y con los ojos cerrados iba señalando uno a uno a los funambulistas, los payasos, los domadores de tigres, las bailarinas con tutú plateado, los hombres forzudos y los hombres bala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de su cabeza emanaba discreta una marcha a lo Wringling Bros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-taaaaaaaaaaaaam – boing-boing-boing.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se rascaba las orejas, se pasaba la lengua por los labios, se mordía las yemas de los dedos. Y globos en forma de elefantes rosas flotaban en el espacio que unía sus hemisferios. Sonreía. Sonreía mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Alguien les ha puesto un parque temático a mis neuronas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lobo, indiferente a todo, comía algodón de azúcar encerrado en una jaula al lado de los tigres, los leones, los osos esteparios, los monos tití, el elefante pintado de azul. De cuando en cuando miraba de reojo en dirección a las fieras, chasqueaba la cola y entornaba los ojos amarillentos. Y las fieras se retraían en sus jaulas, se abalanzaban contra los barrotes gimoteando como niños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella sonreía, de pie frente a la la ventana. Chasqueaba la lengua y entornaba los ojos mirando al cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro, entre risas, cuatro diminutas contorsionistas tailandesas tiraban cacahuetes al lobo que – inmune a todo y somnoliento por el atracón de azúcar – dejaba de chasquear la cola, dejaba de entornar los ojos amarillentos, y dormitaba, los cacahuetes rebotando sobre su pelaje gris otrora lustroso. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las diminutas contorsionistas tailandesas volvían a reír y se columpiaban sobre el cartel de madera que encabezaba la jaula:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;EL LOBO TRISTE Y GLOTÓN&lt;br /&gt;¡PASEN Y VEAN! &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras, las fieras de las otras jaulas las seguían con la mirada. Ansiosas, asustadas, hambrientas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se alejó de la ventana, se dejó caer de nuevo sobre su silla, se acarició la cabeza, respiró hondo. Intentó enfocar la vista, miró en su cartera, sacó un par de monedas y se compró una entrada para la primera función.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-114244312404418825?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/114244312404418825/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=114244312404418825&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114244312404418825'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114244312404418825'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/03/barnum-barley.html' title='Barnum &amp; Barley'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-114113768939270231</id><published>2006-02-28T15:40:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.309+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Being yo Malkovich</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/amanda.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/amanda.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Hace cinco minutos, cuando subía en el ascensor de vuelta a mi despacho, de fumarme un cigarrito a la fría intemperie, con la nariz helada, pero aún así obediente con la Ley Nacional Antitabaco, ciudadana de no-a-pie, ciudadana volada, ciudadana aleteante en el mar de obligaciones ciudadaniles, hace cinco minutos, digo, compartí ascensor con dos chicas jóvenes y energéticas. Su conversación era la siguiente: &lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Chica A: Creo que tengo posibilidades. No sé, pero esta vez me da en la nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chica B: Si es que todavía te queda tabique, so guarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chica A: Calla, tonta. Que ya me han llamado para la segunda prueba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chica B: ¿Y de qué era?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chica A: Joder, pues te lo dije. Es de prostituta, con un par de frases muy graciosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chica B: Vaya. Suena bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chica A: Sí, me toca llorar también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, no sé por qué, volví corriendo a mi mesa y miré el reloj de la esquina inferior derecha de la pantalla. Aunque ya sabía a qué venía y por qué miraba… exactamente veintiocho minutos para que se terminara la hora de la comida. Es decir, veintiocho minutos para ser yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque no se puede escribir bien si se piensa lo que se escribe. En estos próximos veintiocho minutos voy a ser yo, mil veces yo, sin un papel cojonudo que llevarme a la boca, sin un enfoque contrapicado para encuadrar bien la escena dramática de la violación a punta de navaja donde quedaría tan perfecto meter un breve monólogo tragicómico mirando directamente a la cámara para darle unas pinceladas almodovarianas a la situación. Sin misterios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque le doy tanta cuerda a la materia gris antes de dejar que se licúe como un helado de vainilla (gris) al sol, que luego todo me sabe mal, me huele mal, me sienta mal. Escribir podría ser, efectivamente, una de las pocas experiencias a la vez dolorosas y placenteras en igual medida. Como un domingo por la tarde. Como un tamal lleno de guindillas. Como el brillo esplendoroso y rojo de la sangre recién vertida. Como una buena sesión de sado. Sólo nos queda esto, sufrir-reír, vivir tan rápido que nunca lleguemos a tiempo, y así quedarnos siempre jadeantes con la euforia de quien espera impaciente el momento de llegar a su destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He roto con la segunda persona. He roto con la tercera. Hoy soy yo. En primera persona y en estado de importancia supina, yo, subida a un autopedestal en un Hyde Park ficticio, verde y reluciente, recién sacado del hipocampo, yo saludando impaciente a un mar de yoes que pasean por la hierba preguntándose quién es esa yo que se ha atrevido a subirse a un pedestal de cartón-piedra. Being Yo Malkovich.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todo esto es para decir que no me gusta interpretar papeles, ni me gustan los impulsos que me lleva a desearlo, que no sé qué tiene de excitante poder envolverte en celofán de distintos colores según el tipo de reacción que quieras despertar en los demás. Sólo eso, que hoy soy yo y punto. Y tal vez mañana también, o tal vez el día de mañana. Así, a medio-camino-entre-hoy-y-nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, si no me quejo, en serio, no me quejo de nada. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hoy no hay casi nadie en la oficina, tengo espacio y tiempo a mis anchas y este bien podría ser el salón de mi casa, si es que existiera un universo alternativo en el que yo tuviera un salón con una mesa escritorio del tamaño de mi cuarto de baño. Además sólo tengo que girar la cabeza veinte grados a la izquierda para percibir que el sol de las tres y media de la tarde está saliendo tímidamente por la ventana y va borrando poquito a poco la sombra de la pared del edificio de enfrente. O arrastrándola mientras se va… yo qué se, por no saber ni siquiera sé si las sombras del sol se mueven hacia la derecha o hacia la izquierda a las tres y media de la tarde, o si el verde del parque de enfrente (igual que el Hyde Park de mi hipocampo) es tan verde porque la reflexión de los rayos del sol produce diferentes tipos de vibraciones o simplemente porque la han pintado así. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De pronto da igual haber olvidado todo principio de biología, de ciencias naturales y de astronomía, he olvidado el por qué de las cosas, y aún así se despierta el gusanito en el estómago al ver el brillo iridiscente sobre los ladrillos, sé que el sol está ahí, y el cielo es tan azul que casi duele, y que se han escrito millones de frases con millones de composiciones gramaticales diferentes solamente para describir ese azul en combinación con ese rayo anaranjado sobre los ladrillos y el verde radiante de la hierba del parque. Que esto es Madrid, pero aún así se podría coger un trocito, enmarcarlo con una ventana cualquiera y encontrar ochocientos mil colores juntos en un mismo enfoque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el gusanillo del estómago se hincha, se mueve por dentro, abre las alas, se fisiona en doscientas mil mariposas que, absurdamente, van a provocarme un momento de felicidad efímera porque sí, por pura decadencia, porque hay un naranja, un azul y un verde y aunque hace un frío del carajo parece casi un cuadro de Van Gogh flotando tridimensionalmente tras los cristales, y yo que me he sentado aquí para ser yo me achico, me hundo en la silla, me diluyo, y me convierto en una pequeña pincelada más.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-114113768939270231?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/114113768939270231/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=114113768939270231&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114113768939270231'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114113768939270231'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/02/being-yo-malkovich.html' title='Being yo Malkovich'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-114099200862314619</id><published>2006-02-26T22:58:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.310+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>De nada servía quedarse esperando junto a la puertecita.</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/fle.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/fle.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;... De nada servía quedarse esperando junto a la puertecita, así que volvió a la mesa, casi con la esperanza de encontrar sobre ella otra llave, o, en todo caso, un libro de instrucciones para encoger a la gente como si fueran telescopios. Esta vez encontró en la mesa una botellita («que desde luego no estaba aquí antes», dijo Alicia), y alrededor del cuello de la botella había una etiqueta de papel con la palabra «BÉBEME» hermosamente impresa en grandes caracteres.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde era radiante, con esa luz que traspasa las pupilas y lo adorna todo de iridescencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía en el portal, se quedó observando el cielo mientras sus dedos se deslizaban lenta e inconscientemente por las letras grabadas en el cobre de la placa del psiquiatra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Doctor Doria”, recordaban sus dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo había elegido por su nombre Wildeano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El papelito, su pequeño pasaporte lejos del Vacío, estaba a salvo en el bolso de lana gris. Su pequeño pasaporte. Acarició también el bolso y se echó a andar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, imaginaba esa tarde iridescente. Quería que lo fuera. Deseaba intensamente que esa tarde de febrero no fuera como las demás tardes de febrero. Porque, andando por la calle, vestida de ciudadana estándar con su abrigo azul y su importante bolso de lana gris, rozando levemente los demás abrigos que pasaban a su lado transportando a los demás ciudadanos estándar de a pie, ahí, andando, en movimiento sobre el asfalto, imbuída en esa luz de mil diamantes sucios de polvo, se disponía a intercambiar su vida con la de otra mujer que aún no conocía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encendió el mp3, se ajustó los cascos y dejó que sus pies imitaran el ritmo candente de Chavela Vargas. Y así puso marcha a su camino, canturreando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Dicen que no tengo duelo, Llorona,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Porque no me ven llorar.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Hay muertos que no hacen ruido, Llorona&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Y es más grande su pesar.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;... por lo bajo, como si nadie fuera a darse cuenta. De todos modos daba un poco igual: el asfalto seguiría siendo asfalto, los ladrillos ladrillos, la gente seguiría mirándola al pasar, las miradas de sorpresa seguirían siendo las de siempre, las sonrisas disimuladas las de siempre, y ella simplemente otra muñeca rota, otra princesa sin diadema, otra puta sin clientes, otra niña vieja, otra anciana sin arrugas. Pronto sólo sería una de ellas o ninguna. O todas a la vez. Pero, sin duda, sería otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo caso, sabía que era un momento de adiós. Un adiós suave, gradual, escalonado, medido por veintenas de miligramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuántos obstáculos tienes que esquivar en la vida antes de pararte ante uno totalmente inesquivable? ¿Cómo reconocerlo? Cada uno mide su umbral con un baremo diferente, y hay hasta quienes encuentran una forma de vivir así, con los pies siempre fríos y temblando al borde del abismo. Sin puentes ni muletas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ella no podía con el vértigo. Era su obstáculo insalvable, y cruzar ese puente entre la placa de cobre del Dr. Doria y su destino era el mayor acto de humildad, valor o cobardía que había cometido en toda su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se imaginaba a su nuevo amante esperándola en casa, sentado en el sofá, con la mirada velada por el ala del sombrero. Sí, tenía que llevar sombrero, definitivamente, porque era su hipnotizador-gurú. Llevaría chistera. Y sería mucho más hábil que Houdini, más guapo que David Copperfield, más elegante que Anton LaVey, más sofisticado que Aleister Crowley, más erudito que Franz Mesmer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se lo imaginaba joven y entregado, vestido de oscuro, enarbolando una arrebatadora sonrisa ladeada mientras balanceaba el péndulo frente a sus ojos y la tomaba por la cintura delicadamente cuando ella cayera en ese largo sueño de ojos abiertos. Se imaginaba cómo, entonces, él volvería a sonreir y la llamaría, con la voz muy tenue, entre susurros, por un nombre que no era el suyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde era radiante. El Vacío quedaba lejos. La derrota estaba firmada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quitó los cascos y se paró frente a la pequeña puertecita. Y esperó un rato mientras la gente entraba y salía, envuelta en su cotidianeidad. Esperó hasta que se dio cuenta de que de nada servía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respiró hondo y entró en la farmacia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-114099200862314619?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/114099200862314619/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=114099200862314619&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114099200862314619'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/114099200862314619'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/02/de-nada-serva-quedarse-esperando-junto.html' title='De nada servía quedarse esperando junto a la puertecita.'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-113786748489655187</id><published>2006-01-21T19:14:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.311+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Moonglow</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/RIP.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/RIP.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/RIP.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hacía tiempo que lo venía pensando: el lobo es tonto. Es fácil engañarlo. Hacía mucho tiempo que lo venía pensando y ni siquiera se había atrevido a admitirlo, porque es tan sencillo echarle la culpa de todo... “El lobo me ha obligado”. “El lobo lo hizo”. “El lobo lo sabía desde el principio”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Duerme”, le decía por las mañanas. Y el lobo se despertaba. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Duerme”, le decía por las noches. Y el lobo no se dormía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el lobo siempre esperaba a que ella durmiera para dejar de gruñir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que se echaba a la calle, sabía que lo sabían. Sabía que sólo bastaba con mirarle a la cara para que detectaran su polizón. “Esa chica – se susurraban unos a otros al pasar a su lado – lleva un lobo en las entrañas. Qué descaro”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros la miraban con un poco de lástima. “Ella se lo habrá buscado”, pensaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros se asustaban; cruzaban a la otra acera disimulando y, a menudo, si llevaban niños pequeños, les tapaban los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella les miraba e intentaba decírselo con los ojos: “En realidad lo tengo domado, no os preocupéis. Y cualquier día de estos, lo echaré.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero las miradas eran esquivas siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el trabajo, en los bares, en el cuarto de baño, en la cama, donde fuera, el lobo gruñía de forma aleatoria. Abría las fauces desde dentro, bostezaba, y sonreía. Y ella lo notaba sonreir en su cabeza. Eran sonrisas de sorna. “¿Qué te crees, que voy a hacerte caso?” le decía a veces cuando se sentía por encima de todo. Y el lobo sonreía más. Y de pronto gruñía, “¡¡GRRRRRRRWWWWLLL!!” enviando oleadas de voracidad por sus poros. Y ella rechinaba los dientes, cerraba los ojos, intentaba mantenerse incólume, impávida, absorta en otra cosa que no fuera el dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡¡GRRRRRRWWWWLLLL!!” volvía a gruñir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella se limpiaba la boca con el dorso de una mano y salía a la calle, vampirizada, los ojos en blanco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lobo mordía su estómago y aullaba. La sangre fluía hasta la garganta. Ella se paraba frente al cristal de un escaparate y veía como iba cayendo un hilillo rojo por la esquina derecha de sus labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y volvía a casa con una patética presa: un gato asustado, un pájaro con un ala rota, un niñito perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante días, semanas, el resquemor de la culpabilidad le producía pesadillas dantescas. Se despertaba en medio de la noche, ponía una mano en su vientre y gritaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que una vez más olvidaba todo y empezaba a echarle la culpa al lobo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El lobo me obligó. El lobo es el dueño de mi voluntad y el guardián de mis demonios”.&lt;br /&gt;Pero venía pensando desde hacía tiempo que el lobo es tonto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuvo un sueño una noche en el que ambos bailaban en un gran salón, años cincuenta, big band, chaqué y vestidos blancos vaporosos. El lobo con una chistera y zapados de charol, y ella con un ceñido corpiño y tacones plateados. Bailaban y claqueaban al ritmo de Artie Shaw, y una chica negra con una flor detrás de una oreja cantaba susurrante como una paloma:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;It must have been Moonglow, &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Way up in the blue, &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;It must have been Moonglow, &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;That led me straight to you.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Y en medio del baile, en medio de la undécima pirueta, sostuvo la mano del lobo y le miró directamente a los ojos. El lobo no se inmutó; pasó una mano por el borde de la chistera y sonrió. Ella lo entendió, cerró los ojos, se clavó un tacón de plata en la espinilla y despertó gritando una vez más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Despierta!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lobo dormía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Despierta!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lobo dormía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡”Despierta!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lobo despertó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una hermosa noche de luna llena, y salió al balcón. El lobo se quedó mirándola desde la cama, los ojos ámbar clavados en el entorno de su cuerpo bajo el fino algodón del pijama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ven.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se acercó sinuosamente, casi felino, pezuñeando la alfombra. Exhalando vapor blanco por el elegante hocico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se limpió el hilillo de sangre de la comisura de los labios y se agarró el agujero del estómago con ambas manos, intentando no desparramar nada. El lobo olisqueó la herida con la mirada hambrienta. Y se miraron durante mucho tiempo, absortos, incompasibles. El lobo era negro y ella muy blanca, muy blanca y muy roja. Se miraron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Come”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“GRRWWWL”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Come.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“GRRRWWWL.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lobo volvió a olisquear la herida, y ella apartó las manos. Tras los jirones de la piel pulsaban venas y arterias, músculos desgarrados, vísceras azuladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Come”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lobo mordió un trozo de bazo y se pasó la lengua por las fauces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Come!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lobo tiró de un jirón de esófago y masticó tímidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella canturreó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;It must have been Moonglow, &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Way up in the blue, &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;It must have been Moonglow, &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;That led me straight to you.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lobo, absorto, miró a la luna y aulló. Ella saltó al interior de la habitación y cerró el balcón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lobo la miró a través del cristal y empezó a aullar, golpeando la ventana con el hocico. Golpeando, golpeando, durante horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ella ya dormía, ensangrentada, plácidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente los vecinos no se explicaban el reguero de sangre en la calle, y tampoco el eco de un aullido todas las noches durante semanas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y ella, en el trabajo, en la oscuridad de su habitación, en los parques cuando llegó la primavera, en los cafés encendidos cuando llegó el invierno, a veces se quedaba absorta, cerraba los ojos, recordaba el vaivén del swing en el salón de baile y el claqueteo de sus tacones, y silbaba contenta.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-113786748489655187?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/113786748489655187/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=113786748489655187&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113786748489655187'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113786748489655187'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2006/01/moonglow.html' title='Moonglow'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-113563746942932202</id><published>2005-12-26T23:44:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.313+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>El regalo</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/mama.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/400/mama.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Vamos a ponernos en el supuesto de que no es navidad, ni que tampoco hay tres sillas vacías en esa mesa tan absurdamente llena de viandas que nadie más que tú y yo vamos a comer porque tu hermana sólo puede ingerir papilla por el tubo que le llega hasta el estómago. Vamos a ponernos en el supuesto de que no tienes la espalda reventada de cuidar enfermos y el alma destrozada por ver cómo se extinguían en tus brazos. Vamos a ponernos en el supuesto de que no estás sola y subyugada por la ciática y la nostalgia del amor de tu vida, y de tu propia vida que cada año se apaga un poquito más. Vamos a ponernos en el supuesto de que yo nunca me marché, que siempre he sido la hija pródiga, que nunca te di un solo motivo para llorar. Vamos a imaginarnos que tienes veintiseis años y has sacado a la calle tu belleza lozana y retadora, y tus ojos inmensamente azules iluminan el Paseo de Recoletos. Y todo son promesas. Y la vida es un gato de Cheshire detrás de cada sombra, sonriendo zalamero a cada paso de tus tacones bien abrillantados. Vamos a imaginarte así, flotando en la nube de tu juventud, segura, esplendorosa. Vestida con tus mejores galas, desafiante, casta, fuerte, inasequible al desaliento. Inocente. Ignorante del futuro imperfecto. Vamos a ponernos en ese supuesto, y vamos a congelar el tiempo. Y ahora déjame empaquetarlo con lazos de estraza y regalártelo para que vivas en él, hasta el fin de tus días.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-113563746942932202?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/113563746942932202/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=113563746942932202&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113563746942932202'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113563746942932202'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2005/12/el-regalo.html' title='El regalo'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-113434295835928412</id><published>2005-12-11T23:50:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.314+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>La luz de Neptuno</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/neptuno.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/neptuno.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Fue todo tan típico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día que se le acabó el tiempo llevaba medias de rejilla, un vestido negro con imperdibles y las Doctor Martens apropiadamente desteñidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque su madre vigilaba las irregularidades en su armario con el olfato de un lince, las Doctor Martens habían conseguido sobrevivir porque, al fin y al cabo, venían bien en invierno y la suela de goma evitaba deslizarse por el hielo en las carreras contrareloj para no llegar tarde al instituto. Pero sólo si estaban adecuadamente embetunadas y pulidas. Unas DocMartens no pueden pulirse ni embetunarse. No pueden sustituirse los cordones gruesos por otros. El desconchamiento se muestra como un pequeño trofeo y el empalme de los cordones con orgullo. Unas DocMartens bien gastadas son parte del alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero su madre no lo había entendido nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vestido lo había encontrado en una tienda del Ejército de la Salvación en un viaje a Toronto. Era muy sobrio, de lana fina gris oscura y algo pelada, con cuello abotonado y un poco de vuelo en la falda hasta las rodillas. Le gustaba pensar en la muchacha decente que lo habría donado tras usarlo en algún funeral. Seguramente se lo habría puesto con un collar de perlas jóvenes y zapatos de charol. Olía a polilla, y eso le encantaba. Su madre había insistido en tirarlo a la basura en cuanto lo vio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me ha costado treinta dólares y no pienso dejarte que lo toques.&lt;br /&gt;- Es horroroso. Seguro que tiene pulgas.&lt;br /&gt;- Me lo pondré sólo en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa mañana había rescatado el vestido de un arcón, había pegado varios tirejetazos a la falda sujetándolos con imperdibles, y se había puesto unos vaqueros por debajo, tapándolo todo con un enorme abrigo gris, el abrigo anteanorexia. Al salir de casa, se quitó el betún de las DocMartens con un pañuelo de papel y escarbó un poco en el cuero con una piedra. Había que estar a la altura de las circunstancias, porque una voz muda le susurraba que el tiempo se le había terminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La jornada escolar fue como cualquier otra, con la excepción de que era un día de luto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin saberlo, se había despedido de todos en silencio. Uno a uno les había ido saludando con un leve ademán de la cabeza y una sonrisa congelada. No hubo más que un par de “qué hay” sorprendidos. No hacía falta más. Cuando el tiempo se te acaba no hay tiempo para las ceremonias. Las horas pasaron dentro de la rutina habitual, las clases sucediéndose como las paradas de un tren. A la hora de comer se comió su sándwich de pavo y su manzana y curiosamente no se sintió culpable. Ni siquiera tiró el pan. Se subió el cuello del abrigo, se acercó a un banco del parque, apartó un poco de nieve con la mano y se sentó a perseguir los destellos de las ramas congeladas de los árboles.En las tardes de invierno la luz parecía que no acababa de llegar. Se quedaba a medio camino, como atragantada entre los matices grises del cielo. Sólo aparecía en forma de destello sobre el hielo y se iba apagando poco a poco en el atardecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos clases más, dos últimas paradas. Entre medias compartió un cigarro clandestino en el lavabo con la rubita pecosa, que dos meses después moriría de asma. El chico pelirrojo, el otro amigo y final de la colección, les contó a la salida que le habían metido una ardilla muerta en la consigna. Ella se rió más de lo que debería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Métela en formol y regálasela a la profe de mates.&lt;br /&gt;- Métetela tú donde te quepa.&lt;br /&gt;- Me voy a casa. Acordaros de mi.&lt;br /&gt;- ¿Para qué?&lt;br /&gt;- Porque el tiempo se acaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a casa chapoteando en el aguanieve y siguiendo los distintos ángulos que las farolas proyectaban en su sombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entró en su casa aterida de frío y corrió a despojarse del traje ceremonial antes de que la vieran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se duchó, se puso el camisón de algodón blanco, y se tumbó en la cama a mirar el techo durante dos horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando su padre llamó a la puerta casi podía tocar el techo con la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nos vamos a cenar con los tíos.&lt;br /&gt;- Vale.&lt;br /&gt;- ¿Vas a comer algo?&lt;br /&gt;- Sí.&lt;br /&gt;- Tu madre te ha dejado la cena en el horno.&lt;br /&gt;- Vale.&lt;br /&gt;- Ya tienes el teléfono si quieres algo.&lt;br /&gt;- ¿Papá?&lt;br /&gt;- ¿Sí?&lt;br /&gt;- ¿Sabes que la luz que refleja Neptuno tarda 4,3 años en llegar hasta la tierra? Lo aprendí hoy en clase de ciencias.&lt;br /&gt;- ¿Y vas a esperar ahí a que llegue?&lt;br /&gt;- Sí.&lt;br /&gt;- Vale.&lt;br /&gt;- ¿Papá?&lt;br /&gt;- ¿Sí?&lt;br /&gt;- Tengo diecisiete años. En este tiempo la luz de Neptuno ha realizado el ciclo 3,95 veces. Falta muy poco para que llegue a cuatro. Está casi aquí.&lt;br /&gt;- Nos vamos. Ya sabes dónde está el número de teléfono.&lt;br /&gt;- Sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silencio. El silencio siempre es el preludio de algo. En verano se sabía cuando había peligro de huracán por el silencio aterrador que cubría todo el pueblo bajo un cielo gris premonitorio y seco. El aire no se movía. Los animales se congelaban. Las ardillas se quedaban quietas, hechas una bolita en lo alto de los árboles; los zorros se agazapaban como estatuas a la entrada de sus madrigueras; los pájaros se juntaban en hileras estáticas sobre las ramas de los árboles, sujetándose unos a otros en silencio; los ciervos se escondían en los llanos del bosque. En esas ocasiones se encerraba en el sótano con sus padres, bajo las vigas de la casa, y su padre les contaba historias de cuando era niño durante la guerra y se escondía con sus hermanos bajo la mesa cada vez que sonaban los misiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensó en cien mil misiles volando por el cielo invernal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la cama podía ver los copos de nieve estrellándose contra la ventana y deslizándose como lágrimas que formaban surcos a lo largo del cristal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezó a llover sobre sus mejillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensó en Neptuno.&lt;br /&gt;Pensó en los ciclos infinitamente finitos del tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pesaba. Estaba aplastada como una hoja de árbol en otoño bajo los pies de quinientos caminantes perdidos. Las hojas caían, la nieve caía, el tiempo se deslizaba sobre las esquinas de los muebles como un sirope espeso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se levantó para mirarse en el espejo tenía el cuello del camisón empapado. Se dirigió a la chica pálida de melena castaña y ojos tristes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Va a ser todo muy típico. Hagámoslo bien. Como Dios manda.&lt;br /&gt;- Como Dios manda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajó a la cocina y llenó un vaso de agua. En el cuarto de baño de sus padres había una caja y dentro de la caja un frasco que fue vaciando sobre su mano derecha. Se los tomó en cuatro puñados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al volver a la cama sacó “El Guardián entre el Centeno” de la mesilla y se durmió en el capítulo quinto, cuando Holden y sus amigos jugaban a tirarse bolas de nieve en Stancey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Despertó del infinito con un tubo en la nariz y una jeringuilla en la muñeca izquierda. Sólo se escuchaba el bip-bip-bip acompasado del electrocardiógrafo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto las caras, las voces, las preguntas, los susurros, los gestos de angustia, la mano de su madre temblando sobre la suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ciclo había terminado. Estaba al comienzo, bebiendo aturdida de la luz de Neptuno y pensando ya en otro planeta, mucho más lejano, mucho más inconcebible.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-113434295835928412?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/113434295835928412/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=113434295835928412&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113434295835928412'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113434295835928412'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2005/12/la-luz-de-neptuno.html' title='La luz de Neptuno'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-113346064845236995</id><published>2005-12-01T18:59:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.315+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>¿Para qué quiero una ciudad cuando puedo tener un cementerio?</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/luna%20alargada.1.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/luna%20alargada.1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/luna%20alargada.0.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hace años, cuando pasaba los veranos en el pueblo de mi madre, me presentaba una tarde en casa del alcalde y le pedía la llave del cementerio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Verá, es que pronto nos marchamos y quería pasar un tiempo rezando por los abuelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie iba al cementerio solo. Como mucho, alguna visita de rigor para enderezar las flores desperdigadas por el viento en invierno. O la limpieza anual antes del Día de Todos los Santos, siempre a cargo de alguna de las primas de mi madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que todos en el pueblo eran primos. Se podía trazar una línea zigzagueante desde el primero hasta el último de los doscientos habitantes, y siempre mantener la consanguinidad. Pero había otra línea más fina que proseguía y languidecía en el camposanto, entre las hojas muertas y los cipreses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas noches de verano de luna llena me subía al pequeño cerro que llamaban “La Mota”, la cúspide del pueblo, y me sentaba sobre la hierba. Siempre hacía viento en la cima de la Mota, aún en los agostos más crueles. Me sentaba ahí, apartándome el pelo de la cara, y seguía con mi vista de pájaro la pequeña carretera que acababa en el cementerio. Se podían trazar con claridad la pared cuadrada de piedra, los árboles meciéndose en la brisa y el brillo negro de la verja de hierro. Era pequeño y muy abarrotado, y las tumbas formaban cuadraditos ordenados en filas como una pequeña ciudad. Pero lo que realmente perseguía aquellas noches de luna era el destello. No sé si alguien lo llegó a saber, pero justo antes de la medianoche la luna estaba lo suficientemente alta como para proyectar un rayo sobre una losa de mármol, de forma que se producía un destello fantasmal, una luz blanca que flotaba quedamente en el centro de las tumbas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era mi secreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, habiéndome asegurado del pequeño milagro y sabiendo que la luna aún estaría lo suficientemente llena, preparaba mi excursión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía que estar todo muy estudiado: como todo se sabía y comentaba en el pueblo, no podía limitarme a pedir las llaves para ir a rezar. Tenía que convencer a mi madre y a mi tía de que mi hondo sentimiento de piedad y reveración hacia el alma de los familiares muertos me provocaba una necesidad imperiosa de pasar un rato a solas con ellos. Mi madre, que me conocía bien, tenía la elegante deferencia de simular que se lo creía. Mi tía protestaba un poco, insistía en acompañarme y, ante mi negativa, se hacía la ofendida durante unas horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedía la llave en una hora prudente, antes de la cena, llamando a la puerta y poniendo la cara más amable que me podía inventar. Siempre me la daban. Creo que estaban preavisados, como los que le dan siempre la razón a los locos por miedo a las represalias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Toma. Mañana me la traes, ¿eh? No vayas a perderla por ahí. Y cuidadito con los fantasmas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando cerraban la puerta podía escuchar los cuchicheos en el fondo del pasillo:&lt;br /&gt;- Otra vez ha venido a por la llave.&lt;br /&gt;- Déjala, será que tiene algún muerto que velar.&lt;br /&gt;- Pues que los vele en el entierro.&lt;br /&gt;- Es que ya sabes, como viven ahí tan lejos....&lt;br /&gt;- Quién sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era de esas llaves antiguas, pesada y gruesa, de hierro escamado por el tiempo. Me gustaba llevarla en la mano, bien agarrada, jugueteando con los dientecillos del extremo. Era la primera parte del ritual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como en todos los pueblos pequeños de Castilla, siempre había mujeres sentadas a la puerta de sus casas. Me miraban en silencio a mi paso hacia la carretera. Y, aunque me habían visto crecer, siempre me miraban como miraban a los forasteros. Yo les sonreía, llave en mano, luna en mente, y ellas asentían con la cabeza tímidamente, y saludaban:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué, ¿hace calor, eh? No te vayas muy lejos.&lt;br /&gt;- Ya está empezando a refrescar.&lt;br /&gt;- Bueno, pues a ver si te vas a poner mala de tanto pasear por ahí tú sola.&lt;br /&gt;- Si yo no voy a ningún sitio, me voy a cenar.&lt;br /&gt;- Bueeeeno, hala, hasta luego, hala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa de la abuela, donde pasábamos los veranos, estaba justo en la entrada de la carretera. Entraba, cenaba rápida e impaciente en la cocina, les recordaba levemente dónde iba y me marchaba antes de que pudieran decir nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que alguna vez me debieron seguir. Pero eso me daba igual&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino era corto: apenas cinco minutos entre campos de trigo y henares amarillentos. Alguna vez me acompañó, curioso y cola-agitante, el perro de caza de mi tío. Yo le dejaba venir, le contaba lo bonita que era la noche, le daba palmaditas. Pero, al llegar a la verja de hierro, se daba media vuelta y volvía a casa como si oliera algo que no era de este mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre tocaba un poco la verja de barrotes antes de abrirla. Estaba muy oxidada, herrumbrosa y verdecina. Luego introducía la llave, que cada vez se resistía más, y la puerta lanzaba un profundo gemido para darme paso al cementerio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahí estaba, en el centro, envuelto entre las sombras de los cardos y la hierba salvaje, transparente a ratos y descaradamente opaco a otros, el destello lunar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La losa ya no era blanca. El mármol rajado se había tornado grisáceo y amarillento, pero bebía de la luz lechosa como un recién nacido. Yo me acercaba siempre despacio, respirando con lentitud en silencio reverencial, y me ponía de pie junto a ellas. Una pequeña placa de piedra rezaba los nombres, grabados a cinceladas cincuenta años atrás:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lorenzo Aragón y Florentina Onecha, E.P.D.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis bisabuelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después me sentaba encima de la losa, recogiendo en mi regazo el haz de luna. Y miraba hacia el horizonte donde se dibujaba el perfil del pueblo, con su cerro en el centro. Me imaginaba que destello se habría apagado o difuminado por mi figura, o tal vez sólo se vería el punto blanco de mi cara mirando hacia arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo era un fantasma. Y estaba en comunión con todos ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me tumbaba boca arriba, me sentaba, cruzaba las piernas, disfrutando del momento. En la brisa estival el ciprés crujía al mecerse sobre mi cabeza, contándome historias secretas que yo atesoraba con los ojos cerrados y luego nunca conseguía recordar. Un rato más tarde paseaba despacito entre el resto de los habitantes, saludándoles uno a uno. E iba arrancando margaritas para dejárselas a algunos: a Rafa, el niño rubio que se suicidó colgándose de una cadena en el corral de su padre; a Elpidio, el cura del pueblo que murió de un infarto un domingo dando misa, justo después de la homilía; a Maria, la deficiente mental a la que los chicos llevaban a escondidas a los campos de heno para obligarla a que se la chupara por turnos a cambio de vente duros, y que un día se murió en su casa, dormida; a mi abuela, que tenía flores frescas porque sólo hacía un año que había muerto nonagenaria y también dormida en casa de mi madre, dejando un olor a violeta dulzona y mustia que nunca abandonó la habitación; a mi tía Leonor, muerta a los dos días de nacer por unas fiebres infantiles...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me paseaba entre las tumbas como si fueran calles, saludando a cada puerta y contándoles cosas: que el verano estaba a punto de acabar y ya habían empezado a sacar los tractores a los campos para empaquetar el heno; que hacía mucho que no ahorcaban ningún perro en el pinar al lado del molino, pero que seguían desapareciendo los chuchos callejeros, que a ver si se enteraban de qué hacían con ellos; que los gatos husmeaban entre las rendijas de las casas abandonadas en la Mota y a veces se veían murciélagos adormilados boca abajo en las paredes de la iglesia. Que hacía calor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Aquí abajo estamos bastante frescos – me decían.&lt;br /&gt;- Bueno, no me esperéis aún.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando sonaba una débil y única campanada a lo lejos, en la torre de la iglesia, el destello comenzaba a remitir y debilitarse, como buscando otro punto de la tierra donde apoyarse. Y yo me sacudía las puntitas de los cardos de los vaqueros, me rascaba los ojos, me despedía con una mirada y pasaba al otro lado de la verja, que volvía a llorar melancólica al cerrarla.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-113346064845236995?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/113346064845236995/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=113346064845236995&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113346064845236995'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113346064845236995'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2005/12/para-qu-quiero-una-ciudad-cuando-puedo.html' title='¿Para qué quiero una ciudad cuando puedo tener un cementerio?'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-113286693233355929</id><published>2005-11-24T22:08:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:03:00.324+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Nevermore</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/puerta%20cerrada.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/puerta%20cerrada.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Era una noche de sábado. Ella no estaba. Hacía ya muchos sábados que no estaba; de hecho, era como si su vida desde los últimos meses hubiera sido un largo y continuo sábado lleno de sus ausencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue a la nevera y se abrió una lata de cerveza:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chass.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y se sentó en el sofá a mirar pasar el tiempo. No pasaba; se empeñaba en quedarse quieto delante de sus narices como una estatua de mármol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hola, tú – le dijo al tiempo.&lt;br /&gt;- Hola, tú – le contestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una grieta larga, sinuosa, negra, discontinua e inmisericorde viajaba desde el techo al suelo en la pared donde habían colgado las fotos, enfundadas en marcos de cristal del todo a cien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella en una cueva llena de murciélagos, apuntándoles con la linterna apagada como si fuera un revólver, y la pátina de mil estalactitas heladas en la melena castaña; ella rabiosamente morena con un vestido verde, sonriendo a la cámara en el Malecón, una mano en la cintura y la otra haciendo sombra para protegerse del sol; ella aquella noche del apagón, en camisón, sosteniendo una vela en un pasillo oscuro y dejando entrever las curvas de su cuerpo desnudo bajo el algodón; ella en el altar vestida de blanco; ella en la montaña rusa con la cara retorcida por el terror y las manos aferradas a la barra de hierro; ella mirando fijamente a un punto inconexo del espacio, llenando la cámara del gris de sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él en la playa, sentado sobre una roca, los brazos cruzados sobre el pecho, mirando al mar. Él al volante mirando directamente hacia la carretera, forzando una media sonrisa; él en ese mismo salón, sentado en ese mismo sofá, riéndose con un poco de histeria simulada de un chiste ya olvidado; Él apoyado contra un árbol en un bosque al atardecer, resguardándose del frío con una cazadora caqui; él en un mercado callejero haciendo malabarismos con tres naranjas y sosteniendo un cigarro mortecino en la punta de los labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fumó y bebió lentamente mientras paseaba su mirada a lo largo de cada recoveco de la grieta. Cuando llegó al final, empezó de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al rato estaba dormido como un niño, en esa misma esquina del sofá. Tres horas después le despertó el crujido de la ventana abriéndose bruscamente por un golpe de viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantó a cerrar. El frío arrasó el cuarto de estar como un invitado desagradecido. Apretó bien las bisagras y se abrió otra cerveza:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Chass.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viajó por la grieta un par de veces más y bostezó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su mirada se posó brevemente sobre la foto del Malecón:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Más allá del tiempo, dónde estarás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo contestó el crujido de las paredes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los primeros rayos de la mañana los ojos empezaron a picarle. Se frotó los párpados y miró el libro que no había leído, indolente sobre la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenas noches – le dijo al libro.&lt;br /&gt;- Buenas noches – contestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De camino a la cama se acercó a la ventana del dormitorio para bajar la persiana. Miró un momento hacia la calle. Ahí estaba ella. Su figura era pequeña y oscura, andaba muy despacio y en ningún momento miró hacia arriba; pero en el silencio del amanecer se escuchaban perfectamente sus pasos en dirección al portal, y podría haber reconocido la cadencia de ese ritmo entre mil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajó la persiana, cerró la puerta y durmió.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-113286693233355929?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/113286693233355929/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=113286693233355929&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113286693233355929'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113286693233355929'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2005/11/nevermore.html' title='Nevermore'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-113246410749206358</id><published>2005-11-20T06:04:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:03:41.855+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Intermedios'/><title type='text'>¿Quién es?</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/tres.1.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/tres.1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A veces, cuando hago "click" con la cámara, salen más de una versión de la misma. No sé si será un leve temblor de la mano o del brazo que provoca el movimiento repentino del instante; pero a veces soy varias. Y, lo más curioso, es que a menudo recuerdo haber sido otra en el momento del click. Pero no recuerdo quién.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-113246410749206358?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/113246410749206358/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=113246410749206358&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113246410749206358'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113246410749206358'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2005/11/quin-es.html' title='¿Quién es?'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-113245157022778780</id><published>2005-11-20T02:33:00.001+01:00</published><updated>2007-04-09T15:04:02.078+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>10 años después</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/anorexia.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/anorexia.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El otro día me encontré por la calle a una antigua amiga, de esas que se quedan difuminadas en el tiempo por la falta de tiempo, valga la redundancia, o la falta de esas cosas que hacen falta para mantener una amistad viva. O tal vez por falta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pesaba unos 40 kilos y no medía menos de 173 centímetros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no soy de las que apuntalan a lo obvio. Si alguien tiene un enorme grano en la nariz, o incipiente calvicie, o barriga de botijo castellano, o el aspecto de haber vagado por el Serengeti durante 3 meses chutándose jaco, una asume que ya lo saben. Aunque luego te dirijan esa mirada tipo “sé que lo sabes y no lo dices” y tú se la devuelvas con una mirada tipo “sé que sabes lo que pienso y no voy a confirmártelo para que me vendas tu excusa”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que no dije nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella navegaba en un mar de ojeras, arrugas de ropa mal ajustada, cabellos finos que se posaban en el jersey soltándose de su media melena y parecían que habían sido arrancados a puñados, y la laxitud del que sabe que tiene un pie en el borde del abismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No dije nada. Sólo alcancé a preguntar algo insustancial:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Entonces, todo bien?&lt;br /&gt;- Sí, qué bien verte. Vengo de comprarme una chaqueta. Llevo toda la tarde.Es difícil encontrar una 34 hoy en día.&lt;br /&gt;- Supongo.&lt;br /&gt;- Bueno, supongo que tú no tienes problemas de esos.&lt;br /&gt;- No, ja, ja, te aseguro que no. Mírame.&lt;br /&gt;- Vaya, lo siento. No quería decir nada grosero.&lt;br /&gt;- ¿Qué grosería, mujer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedó callada. Su mirada de orgullo decayó un poco. En el fondo, estaba tan perdida como yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, tampoco te sientas mal. En el fondo estoy fatal, mírame. Me tengo que quitar estas cachas, se me ha puesto un culo que...&lt;br /&gt;- Estás bien, en serio.&lt;br /&gt;- ¿Tú crees?&lt;br /&gt;- Sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué decir frente a la evidencia? Hace 10 años ella era una chica lozana y pneumática de mejillas sonrosadas. Yo también, hace 10 años, tenía menos lorzas. Digamos que entonces estábamos a la par. Ahora nos habíamos convertido en polos opuestos y, por algún motivo, imaginé que su espejo mentía muchísimo más que el mío. Y que sus pasos eran mil veces más frágiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oye, si algún día necesitas algo... – le dije.&lt;br /&gt;- Gracias, igualmente.&lt;br /&gt;- Lo digo en serio.&lt;br /&gt;- Yo te veo muy bien, oye.&lt;br /&gt;- Bueno, podría mejorar. Pero yo te veo estupenda.&lt;br /&gt;- Estoy fatal. Pero si quieres un día de estos te vienes conmigo al gimnasio. Ya verás cómo se te quitan los complejos.&lt;br /&gt;- Claro.&lt;br /&gt;- Bueno, dos besos. Nos vemos.&lt;br /&gt;- Nos vemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me marché con un sentimiento de culpabilidad abrumador, abotonándome con un poco de esfuerzo el abrigo de la talla 44. Hacía mucho, mucho frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace muchos años, estuve en ese mismo lugar donde el frío cubre los huesos de pena. Pero no fui capaz de decírselo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-113245157022778780?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/113245157022778780/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=113245157022778780&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113245157022778780'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113245157022778780'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2005/11/10-aos-despus_19.html' title='10 años después'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-113242219057264296</id><published>2005-11-19T18:36:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:04:02.079+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Bon soir, mon cher père</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/p2.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/p2.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Esto me contaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana se levantó y su hermano Ildefonso le recordó que tenían su reunión anual con los compañeros de la División Azul. Él nunca había estado en la División Azul, porque la guerra le pilló con trece años. Pero aún así se le requería, como apoyo moral, como hermano e hijo de militares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Volverán a sonar banderas gloriosas, y el nombre de nuestra patria quedará marcado a fuego en la historia del mundo”, le recordaban mientras su hermana le planchaba el traje negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo recordaba, de aquella época infernal, el sabor del chocolate que le robaban a los soldados italianos. O los juegos en el patio de la casa corrala de Valladolid con máscaras antigas rescatadas de algún socavón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Nos las poníamos Valentín y yo y matábamos culebras a hachazos. Y luego corríamos por los balcones emulando a los francotiradores, con tirachinas.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La División Azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre llevaban gafas oscuras a las reuniones. Y se alojaban en el Cuartel General del Ejército de Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Todo olía a alcanfor y a puros habanos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, un café con anís en el Chicote y una visita a las meretrices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acicaló el cuello, se repeinó, se puso el traje negro y se subió a la moto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y desayunó en París.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta foto se la hizo un vendedor de periódicos que se llamaba Etienne. El azul se lo puse yo; que me perdone por esos calcetines.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que visito su tumba, le saludo de la misma forma:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bon soir, mon cher père.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-113242219057264296?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/113242219057264296/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=113242219057264296&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113242219057264296'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113242219057264296'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2005/11/bon-soir-mon-cher-pre.html' title='Bon soir, mon cher père'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-113235551682366701</id><published>2005-11-19T00:05:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:04:02.081+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Kowagashi-san</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/yakuza.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/yakuza.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kowagashi-san se duerme en todas las reuniones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kowagashi-san es un joven ejecutivo de Kyoto con suaves rasgos juveniles. Tiene el pelo arremolinado sobre la cabeza. Siempre lleva un ajustado traje negro y camisa blanca. Y una corbata negra, anudada con rigidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kowagashi-san nunca sonríe. Sólo lo ha hecho una vez, y nadie más que yo le ha visto. Le pregunté sobre el significado de un kanji de plata que suelo llevar al cuello, y que significa “cielo”:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Es el cielo físico o el metafísico?&lt;br /&gt;- El cielo, el cielo es el cielo. No existe otra cosa porque es. El cielo es.&lt;br /&gt;- Es.&lt;br /&gt;- “El cielo es ser uno con Dios”. Confucio.&lt;br /&gt;- ¿Tú crees en dios?&lt;br /&gt;- No. Confucio era chino. Yo no.&lt;br /&gt;- ¿Entonces qué cielo es este?&lt;br /&gt;- Es el cielo. No existe otra cosa. Es lo que hay y lo que es. Como cuando cierras los ojos, sólo ves lo que es.&lt;br /&gt;- ¿Entonces cómo sabes qué es?&lt;br /&gt;- Porque es.&lt;br /&gt;- Kowagashi-san, ¿has dormido hoy?&lt;br /&gt;- No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces sonrió. De oreja a oreja, con pequeños ataques entrecortados de hilaridad. Con espasmitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y una sombra cruzó su cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días.&lt;br /&gt;- Buenos días, Kowagashi-san.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entró en la reunión y se sentó. A través de la cristalera le vi ordenar un taco de folios, preparar el bolígrafo, humedecerse los labios, ponerse delicadamente unas gafas de pasta, sacar un informe de una impoluta carpeta azul, colocarlo milimétricamente paralelo al taco de folios, ajustarse el nudo de la corbata, cerrar los ojos y dormir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-113235551682366701?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/113235551682366701/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=113235551682366701&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113235551682366701'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113235551682366701'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2005/11/kowagashi-san.html' title='Kowagashi-san'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-113235030587717563</id><published>2005-11-18T22:43:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:04:02.082+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Luego ya sabes lo que pasa</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/tentetiesos.2.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/tentetiesos.2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Es como uno de esos muñecos-tentetieso de antes, aquellos grandotes (tamaño niño, y como entonces todos éramos niños, pues eran grandotes), periformes, con un peso abajo, que cuando los empujabas se reincorporaban como un resorte-péndulo. Es realmente así, sin exageraciones, sólo que justo debajo de donde tendría el depósito de arenilla hay dos piernecitas que lo transportan de un pasillo a otro y de un despacho a otro serio, siempre serio, simulando ensimismamiento laboral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lleva gafitas finas y metalizadas, y un peinadísimo pelo castaño lacio que le cae sobre el ojo izquierdo como un proyecto de flequillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viste con extremada pulcritud, sus corbatas son un alarde de laissez-faire y sus zapatitos siempre relucen. Y no sólo eso sino que también demuestra que, en algún lugar de la ciudad, es posible encontrar camisas cuatro tallas más pequeñas por arriba que por abajo y pantalones tres tallas más grandes por arriba que por abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasa por mi mesa todos los días. De vez en cuando, pasa más veces de lo necesario. A veces se queda un minúsculo segundo de más en la esquina, acariciando el poliuretano del vaso de café y penduleando concupiscentemente entre la proximidad de mi hombro izquierdo y la pared. Y a veces, si coincidimos en un pasillo o en la cafetería, se atusa la corbata, aspira y barre en una visual vertical la línea que empieza en mis pies y acaba en mi cabeza. Y sonríe leve, muy levemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cuando en cuando me saluda con efusividad proporcionalmente indirecta al número de personas que me rodean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He aquí el ejemplo del saludo de hoy:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días, ALÍCIA (siempre hace hincapié en poner gran énfasis en la primera “i” y apretando bien la puntita de la lengua entre los dientes al pronunciar la “c”)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días, _______.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te noto cansada, ¿has dormido poco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- He dormido lo justo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Necesitas descansar más, mujer. Y salir menos. Que luego SABEMOS lo que pasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(A continuación me mira directamente a los ojos, eleva la comisura izquierda de su boca dos milímetros, sacude la cabeza en un espasmódico ademán de retirarse el proyecto de flequillo del ojo izquierdo, y se va.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hasta luego, ALÍCIA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hasta luego, _______.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a mi trabajo. Me olvido por un instante del mundo y me adentro en el submundo. Me pierdo en doce mil procedimientos de pre-aprobación , quinientas solicitudes de visado, doscientos veintiocho mil requerimientos técnicos. Y justo cuando estoy a punto de creerme de verdad lo que estoy haciendo, me llega un flash retrospectivo como un estallido de imágenes. Fundido a blanco...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finales de primavera, 1994. Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa del Pijolisto aquel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevaba (él llevaba) bermudas de marca Panama Jack, sandalias Camper y camiseta Loreak Mendiak. Tenía un finísimo pelo castaño oscuro y lacio que le caía sobre un ojo derecho en proyecto de flequillo, y los ojos más impenetrables que había visto nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía cinco meses que nos conocíamos y su mayor cumplido hasta la fecha había sido hacia mi bolso con la foto de Audrey Hepburn. Pero yo me mantenía fiel a mi look “rastros del rastro”... creo que de ahí surgió el morbo. O lo que fuera que surgiese esa noche; tenía aún por añadir a mi lista de despropósitos a un pijolisto y a un joven cura católico, y ahí estaba la oportunidad para llegar casi al final de mi camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cenamos algo encargado al Mallorca entre los candelabros y las figuritas pastoriles de Lladró delicadamente rodeadas de relucientes uvas de cristal (era la casa de sus padres, obviamente) y me cogió la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Creo que es la primera vez que te cojo la mano.&lt;br /&gt;- ¿A que es una buena mano?&lt;br /&gt;- Mujer, di algo más bonito.&lt;br /&gt;- No, que luego sabemos lo que pasa.&lt;br /&gt;- Hablas igual que mi amigo _________. ¿Te hablé alguna vez de él? Es como un tententieso.&lt;br /&gt;- ¿Tienes un amigo tentetieso?&lt;br /&gt;- Sí, trabajamos juntos. Siempre estamos contándonos nuestros asuntos con las mujeres. Y él siempre está diciendo “luego sabemos lo que pasa”.&lt;br /&gt;- ¿Y qué es lo que pasa ahora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que pasó es largo de contar. Baste con decir que fue mi primer y último Pijolisto, y también la última vez que me autosometía a un experimento de tal calibre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me incorporé a esta empresa aparecieron 20 ingenieros de otra, “de prestado”, para realizar una fase del proyecto. Uno era el Pijolisto. Nos encontramos por sorpresa un día frente a la máquina de refrescos, soportando el embarazoso momento con una cocacola fresquita. Él se apartó el frondoso flequillo del ojo derecho y yo hablé un poco del Comité de Gestión de Proyectos. Dos días después, para mi tranquilidad laboral, le destinaron a otro edificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hoy resurgió aquella noche de la penumbra de mi subconsciente, al eco de las palabras:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Luego SABEMOS lo que pasa.&lt;br /&gt;- Siempre nos contamos nuestros líos con las mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté, corrí a la máquina de refrescos y saqué una cocacola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sumí en un tierra-trágame:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué detalles escabrosos habrían llegado a los oídos de Tentetieso? ¿Qué insospechadas imágenes de mi persona atesoraría en su peinadísima cabeza? ¿Qué fuerzas motrices elevarían la comisura de su labio cada vez que me observaba?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahí estaba, como invocado por la Ouija, detrás de mí. En la máquina de café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le miré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me miró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonrió, y acarició el poliuterano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me decidí a levantar la tapa del foso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sabes, _______? No hace falta que finjas más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silencio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Creía que eras tú la que fingías. Ya sabes...&lt;br /&gt;- ¿Eso te dijo?&lt;br /&gt;- Entonces... ¿no?&lt;br /&gt;- Estás muy mal informado.&lt;br /&gt;- Si quieres, cuando salgamos, me lo explicas mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silencio....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, una fuerza misteriosa me provocó pegar un paso hacia delante y tropezar aparatosamente con su café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El líquido humeante se deslizó por la camisa impoluta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Ves? Esto es fingir. Ahora ya sabes lo que pasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mañana, no sé qué pasará. Sólo que, mucho me temo, se volverá a poner tieso. Y yo tendré que volver a enterrar ciertos recuerdos en mi subconsciente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-113235030587717563?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/113235030587717563/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=113235030587717563&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113235030587717563'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113235030587717563'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2005/11/luego-ya-sabes-lo-que-pasa_18.html' title='Luego ya sabes lo que pasa'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-113245719457410730</id><published>2005-11-18T13:23:00.000+01:00</published><updated>2007-04-09T15:04:02.083+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>El vuelo de las golondrinas</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/luz.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/luz.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sale de casa cada mañana a las 7:00 arrebolado por el transcurrir de la noche, alzando la mirada para seguir los dibujos en movimiento de las golondrinas viajeras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabe lo que va a ocurrir pero ya no lo teme como la primera vez. Incluso lo espera con impaciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las 7:15 entra en el mismo bar de siempre y se aproxima a la barra con la parsimonia del sonámbulo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sienta y pide un café con poquita leche. El camarero le saluda por su nombre. Alguien le ofrece el periódico, y la mano se le queda en el aire: no está. Porque ya en el momento de remover el azúcar está flotando por encima de todos, oteando su Reino. Despachando a gusto con el destino de cada uno de los presentes sin que ellos lleguen nunca a saberlo. Perdonándoles la vida sin que adivinen que han estado a punto de perderla. Juzgando con benevolencia sobre sus almas. Siempre, siempre, infinitamente magnánimo. Jugando a los dados con los secretos del ser, los números del porvenir y las claves de la eternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué terror embargaría a los presentes si vieran el brillo de su corona de fuego en esos momentos? ¿Dónde se esconderían del ángel o demonio del alba?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En quince minutos ha construído mil ciudades, ha compuesto mil partituras y resuelto mil enigmas. Pero es un regalo que sólo se entregará a si mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las 7:30 de cada mañana aterriza suavemente sobre su cáscara humana. Y entonces recuerda su nombre, pide el periódico, saluda al camarero y se va a su casa, a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las 7:40 se cruza por la misma calle con otro hombre que, perdido en el silencio de la mañana, camina lentamente mientras sigue con la mirada el vuelo de las golondrinas sobre su cabeza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-113245719457410730?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/113245719457410730/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=113245719457410730&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113245719457410730'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/113245719457410730'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2005/11/el-vuelo-de-las-golondrinas.html' title='El vuelo de las golondrinas'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-15020506.post-112549818493397943</id><published>2005-09-01T01:24:00.000+02:00</published><updated>2007-04-09T15:03:41.856+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Intermedios'/><title type='text'>Movilización y reestructuración.</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/siglo4.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/320/siglo4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/valverde.0.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6900/1377/1600/VALVERDE.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Tengo un piso nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiene tres balcones con vistas a la tienda de hip-hop, a la esquina donde hacen negocio los travelos exiliados de La Castellana, al adonis color chocolate espeso del balcón de enfrente, al yonqui oficial de Malasaña Sur, a la esquina con la Cervecería La Ardosa, a los suculentos contenedores que de cuando en cuando vomitan extremidades rígidas en bolsas de basura, a las colegialas que hacen pellas y se pasean de los brazos con la minifalda escolar mirando de reojo como fugitivos, a los camellos que bajan a por el pan, a las marujas que se compran la papelina, a los estudiantes de la escuela de Artes y Oficios con el pelo enrastado y las zapatillas de mucho diseño, a "El Hombre Tranquilo", a la peluquería más in de la periferia chuecana, a la clínica veterinaria donde pronto inyectarán a mi gatita Elektra con líquidos antiparasíticos, al sex shop de saldo, a mi ancho ombligo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero es mío.&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Y aquí empieza todo, una vez más. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/15020506-112549818493397943?l=anilibis.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://anilibis.blogspot.com/feeds/112549818493397943/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=15020506&amp;postID=112549818493397943&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/112549818493397943'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/15020506/posts/default/112549818493397943'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://anilibis.blogspot.com/2005/08/movilizacin-y-reestructuracin.html' title='Movilización y reestructuración.'/><author><name>anilibis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01405125051573380557</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_4JfiIYFMGDk/Rb7umz4aDiI/AAAAAAAAAA8/eBNi2nH_I0Y/s320/yo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
